Historias de cementerios

Los secretos que los sanjuaninos guardan en el cementerio

Un testigo que trabaja en el cementerio de Rawson es el único que sabe que objetos acompañan a los difuntos en sus nichos. Los pedidos más insólitos que no tienen explicación.
sábado, 19 de octubre de 2019 · 09:29

Fotos: Gabriel Iturrieta 

El hombre está en el último rincón del cementerio San Miguel de Rawson. No se escucha nada, solo las herramientas de metal que chocan contra el material de un nicho desocupado. Está haciendo los arreglos hace un rato, pero pareciera que no transcurre el tiempo. Siempre está solo en la necrópolis, a veces de noche perdido entre un pasillo angosto lleno de flores marchitas y telarañas que cuelgan en los extremos. Rodeado de tumbas de ancianos, niños y familias enteras, de mitos y leyendas de personas que caminan por ahí y sorprenden hasta los más incrédulos.

Los nichos tiene diferentes tipos de precios: 12000, 9500 y 8500 según ubicación.

Un ambiente que no todos aceptan ni se imaginan cumpliendo tareas laborales en él. Pero Miguel Di Stefano es un distinto. Es un albañil que trabaja hace varios años; 30 para ser exactos. Y algo que me dijo de entrada fue que no tiene miedo. “Porque los muertos no asustan, los que asustamos somos nosotros” dijo.

Hay secretos que solo Di Stefano sabe. 

Miguel es una persona que todos recomienda y respetan, porque es silencioso y amable con la gente que llega a despedir a los muertos al cementerio. Su tarea es elegir junto con la familia como será el nicho y que objetos acompañaran en su descanso eterno al difunto. La elección de los mismos no es para nada azarosa, quien pierde un familiar vive el proceso como parte del duelo y está parte del transcurso es definitivamente muy importante. Algunos le regalan a sus seres queridos un altar de Boca, River o cualquier otro cualquier club. Otros, como los niños que fallecen antes de poder concretar una vida adulta, se van rodeados de juguetes, autitos, aviones y soldaditos. Hay nichos de todo tipo porque las personas somos distintas. Nichos simples, coloridos, apagados, vistosos, descuidados, perdidos en el último rincón, de clubes antagónicos que ahora son vecinos, de varios fallecidos, de uno solo, construidos con ladrillo y revoque, y otros que fueron edificados con materiales costosos como si de un vecindario bacán se tratara. 

Hay joyas y piezas de oro, pero el verdadero valor repercute en lo que siente la familia. 

Pero, ¿Qué se llevan a la tumba los sanjuaninos? ¿Qué objetos los acompañan en su descaso?

Según Miguel “nunca los trabajos son iguales, las personas son distintas y siempre la gente te pide particularidades que a veces te sorprenden. Una vez una señora me hizo revestir todo el nicho en porcelanato, lo más caro que hay en materiales, metimos el cajón y ahí me dijo: ´ahora ciérrelo´. Y le pusimos ladrillo así nomás sin ningún tipo de material; revoque y nada más. Y uno se pregunta porque utilizar un material tan caro y vistoso si después ni siquiera se va a ver, pero nunca me dio una explicación. Era el marido el que estaba enterrado” dijo entreviendo que no siempre todo es lo que parece. 

Las pasiones son los detalles predilectos que acompañan a los fallecidos.  

Otro de los casos que cuenta Miguel es el de “una noche una mujer me pidió que desarme el nicho a las 12 y media de la noche para poner una cajita muy linda. Y yo le decía que iba a tener que ser en las primeras horas de la mañana. Así que traje la cajita al depósito mío y bueno me dio curiosidad saber qué tenía, pensando porque era tan importante para esa mujer ir al cementerio de noche a pedir que le colocaran eso en la tumba. Y cuando lo abrí era una gorrita de jean llena de grasa que parece que usaba el marido” expresó con cierto desconcierto.

Incluso conviven entre rivales y antagónicos en una misma parcela. 

 

Hay juguetes que acompañan a quienes se fueron de muy jóvenes. 

“Recuerdo que uno de esos señores viudos decía que esas cosas son de ella, y no le servían tenerlas o venderlas, le traía perfumitos, caramelos y ese es otro detalle que los hombres somos fieles incluso hasta el final. Porque el hombre que queda viudo, lo digo por experiencia, viene siempre. Viene un día a la semana, pero viene. Y póngale que al año ya vienen con la novia nueva, pero sigue respetando a su difunta esposa; en cambio la mujer no. Las mujeres lloran desconsoladamente, y al año ya empiezan a venir como dice Joaquín Sabina ´con la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta´”, comentó entre risas el albañil.

También hay nichos que fueron olvidados hace tiempo. 

La mujer que camina de blanco

Di Stefano no cree en fantasma, pero le ha tocado presenciar cosas que lo han dejado sin una explicación aparente. En este relato cuenta en primera persona un episodio de lo más dubitativo: “En el cementerio me han pasado cosas, pero yo no creo. Creo que los que realmente asustan son los vivos, no los muertos” comienza excusándose y sigue contando que “una vez vino una señora blanca, muy blanca, venía con un ramo de flores y me miró y ni me saludo, me acuerdo que me dio bronca. Y bueno se metió en una parte del cementerio donde no están los nichos ocupados, un lugar donde no hay nada, entonces a nosotros nos parecía raro porque como dije no hay nada. Yo seguí trabajando, pero ya había pasado un buen tiempo y la mujer no salía, entonces ya me dio la curiosidad. Yo decía no se me puede escapar, ustedes lo ven, los pasillos son muy reducidos.  Incluso en un momento pensé si estaba haciendo pichí; y bueno yo estaba trabajando y no me hacía falta agua para el material, pero de todas maneras fui a buscar para sacarme la duda. Y cuando miro con el rabo del ojo no había nada. Nadie. Imposible que una mujer de esa edad se trepara a la pared por un hueco que había. No había escalera ni nada. Era una señora normal, lo que sí muy pálida” concluyó al respecto.

"Los que en verdad asustan, son los vivos no los muertos" Miguel Di Stefano.

Peleas por el nicho

Otra de las cosas que pasa es que “hay gente que se agarra de las mechas por lo que hay en el nicho. Porque aquí se pide permiso al titular del nicho, pero a veces hay gente que no respeta eso. Pasa mucho eso, vienen y se pelean entre hermanos, mujer y amante, y matrimonios que están en conflicto” cuenta sobre los interines que hay en el mundo que solo Di Stefano conoce.

El bandalismo también es una realidad. 
El dato
Los nichos en el cementerio San Miguel cuestan 12 mil pesos los tres primeros de arriba hacia abajo, 9500 pesos el penúltimo y 8 mil pesos el de arriba. Las posiciones también tienen sus costos.

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