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Placer y adrenalina

De Ushuaia a Alaska en moto, la gran aventura del chimbero José Moll

Tiene 29 años y está escribiendo el sueño de ser el primer sanjuanino en concretar semejante desafío. Pasá y conocelo

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Jorge Balmaceda Bucci

 

José Moll es el protagonista de una de esas lindas locuras que a muchos –incluyendo quien escribe- le dan envidia. Este chimbero de 29 años decidió hacerle un piquete de  ojos a la rutinaria vida que llevaba y convirtió su día a día en una aventura. Él se largó a la ruta con ganas de sentir el aire de la libertad amoldándose a su cara y en su recorrido se encontró de rompe y raja con el excitante desafío de ser el primer sanjuanino en unir en moto Ushuaia y Alaska, los dos extremos del continente americano. La adrenalina se encargó –y se encarga- del resto. Una historia que merece la pena conocer. 

Mientras se dejaba llevar por el suave vaivén de una barquita en aguas de Panamá, José se encontró con la invitación de Tiempo de San Juan para contar un periplo que el mismo reconoció que nunca vio venir. Este gran viaje, empezó en otro viaje.

 

“En mi vida sucedió algo que no tan solo me llevaría a conocer lugares sino que también los caminos que llevan a ese lugar”.

 

“En noviembre del 2013 planeamos con un amigo un viaje a Chilecito, La Rioja, para enero de 2014 y debíamos de poner en condiciones su moto. Los días pasaron y ni el dinero ni el tiempo nos alcanzó para repararla. Entonces se me ocurrió, con algunos ahorros y con la ayuda de mi padre, comprar una moto. No se nos podía escapar esta aventura, fue así que pude juntar y comprar una YBR 125 cc, apenas a unos 6 días del día planeado para salir. Cuando fui a la casa de mi amigo y le mostré la moto no lo podía creer, le dije el sábado salimos. Cambié el aceite, lubriqué cadena, tanque lleno y partimos”, relató con emoción abarcado todo su tono.

 

El salar de Uyuni (Bolivia)

 

Ahondando un poco más en el preámbulo de su aventura continental, José afirmó: “Al volver me equivoqué de camino y llegué a Chamical. Emocionado y contento por lo que estaba viviendo llamé a mi hermano de Córdoba y le comenté donde estaba y que me gustaría visitarlo. Me dijo que sí. Después llamé a mi madre y ella me dijo:'Si es lo que querés, hacelo'. Esas palabras cambiaron mi vida. Me olvidé que tenía que ir a trabajar, sólo quería seguir rodando para siempre”.

Entre aquella revelación y el gran desafió que por estos días lleva a cabo pasaron 3 años y monedas. Este ex repartidor de cigarrillos quería rodar, el cuerpo le pedía kilómetros, pero se tomó su tiempo para acomodar sus responsabilidades en San Juan.

 

“Llamé a mi madre y ella me dijo: 'Si es lo que querés, hacelo'. Esas palabras cambiaron mi vida”


El punto de partida fue hace poco más de un año. El 22 de enero de 2017 salió desde San Juan a ‘pistear’. No tenía un itinerario establecido. Pasó por Mendoza, llegó a Santiago de Chile y siguió hacia el sur. En ese “voy a donde me lleva el viento” se cruzaron en su hoja de ruta Puerto Montt, Bariloche, Calafate, Río Grande… hasta que llegó a Ushuaia.

 

 

Ahí hizo borrón y cuenta nueva. Con el kilometraje reducido a cero empezó a subir. Por entonces seguí sin tener claro hasta dónde. Por citar algunos, carteles de Río Gallegos, Comodoro Rivadavia, Bahía Blanca, Rosario, Jesús María, Salta, Potosí, La Paz, Cuzco, Ica, Lima, Montañita, Ambato, Cuenca, Ipiales, Cali, Medellín, Cartagena y Panamá fueron testigo de este alocado y placentero periplo de Moll, quien le puso al hombro a cuanto trabajo le apareció para costear semejante ‘caprichito’.

“En el viaje voy trabajando de lo que sea. Pinté casas, instalé aires acondicionados, aprendí a hacer pulseras, fui ayudante de albañilería y también he vendida calcomanías. Todo este tiempo ha sido también de aprendizajes de cosas que en mi vida rutinaria jamás hubiese descubierto que era capaz de hacer”.

 

“Todo este tiempo ha sido también de aprendizajes de cosas que en mi vida rutinaria jamás hubiese descubierto que era capaz de hacer”

 

Y en Panamá le cayó la ficha de hacia dónde quería llegar. Por primera vez, después de haber recorrido unos 7.200 kilómetros del continente americano, le puso un nombre a su destino: Alaska.
“Estoy planeando tramitar la visa para EEUU y Canadá para así poder unir Ushuaia con Alaska. Nunca fue el plan. Yo solo salí a viajar en moto. Cuando llegué a Cuzco quise seguir. Al llegar a Cartagena quise pasar a Panamá y ahora sueño con llegar a Alaska. Creo que sería el primer sanjuanino en unir los dos extremos del continente. Esto depende de que me den la tan esperada visa, pero si sale todo bien es un desafío que estoy ansioso de cumplir”, comentó José, quien de concretar su sueño habrá conducido su motorizada compañera por cerca de 14.950 kilómetros.

 

Machu Pichu (Perú)

 

Moll tiene tantas anécdotas para compartir que, si intentará escribirlas a todas, el ‘Libro Gordo de Petete’ a su lado sería relegado a la categoría de historieta. Por ejemplo, este vecino de las Chimbas pude levantar la mano cuando alguien pregunte quién nado con tortugas o quién estuvo detenido en una frontera. 

 

“Yo solo salí a viajar en moto. Cuando llegué a Cuzco quise seguir. Al llegar a Cartagena quise pasar a Panamá y ahora sueño con llegar a Alaska”

 

Pero qué mejor que su relato para adentrarse en unas de esas experiencias: “Intenté subir acá en Panamá el volcán Barú, ya que desde la cima se puede ver la costa de los océanos Atlántico y Pacífico. El camino era duro, de escalada. En el último tramo había una gran pendiente de ripio y pozos y la vi muy complicada, pero ya estaba ahí. Mi lógica me decía que me iba a caer, pero mi espíritu puso primera y aceleró. Subí unos 50 metros y en un pozo la moto perdió fuerzas y empecé a ir para atrás. No podía frenar, todo el peso que llevo no ayudaba para nada y no podía sujetar la moto. Se deslizaba como por un tobogán en reversa”. 

 

En aguas de Panamá, una de sus últimas escalas

 

“Pensé que podía caerme entonces aceleré, eso hizo que la moto se levantará de adelante por completo y se fue hacia un costado cayendo sobre mi pierna izquierda. Fue tan de golpe que hasta un poco de nafta cayó del tanque desparramándose en mi cara. Dos amigos del viaje que venían conmigo corrieron a ayudarme esperando lo peor. Movieron de a poco la moto hasta que me pude sacar la bota -por suerte me puse con protecciones antes de encarar esa subida-. Después con cuidado bajamos la moto, que sólo tenía roto un espejo y uno que otro rayón más para la historia. Bajé resignado de no haber podido lograrlo, pero contento de salir ileso”, concluyó el chimbero aventurero de profesión.

 

Toda la aventura la podés seguir a diario en Facebook buscando 'José x América'
 

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