La obesidad en la tercera edad va mas allá de una cuestión estética, es un trastorno que en los últimos años se ha transformado en epidemia, siendo una de las principales causas de muerte que podría ser prevenida ya que se encuentra asociada con la aparición de otras enfermedades crónicas como diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, problemas cardiacos, aumento del colesterol y/o triglicéridos, aumento del acido úrico, accidente cerebrovascular, demencia vascular, tromboflebitis, artrosis, hígado graso, reflujo gastroesofagico, apnea del sueño, varios tipos de cáncer y más.
Con el paso de los años el peso tiende a aumentar y la masa muscular a disminuir, sobre todo en personas sedentarias, aumentando el porcentaje de grasa de forma notable.
Por todo ello, la persona obesa en su tercera edad suele ser un paciente con múltiples patologías y que precisa un buen número de tratamientos farmacológicos.
¿Qué podemos hacer?
El principal objetivo del tratamiento es evitar la ganancia de peso, mejorar la movilidad y la calidad de vida. Los tratamientos más intensivos como cirugía bariátrica y dietas excesivamente hipocalóricas no deben aplicarse en esta edad.
Las personas físicamente activas mantienen mejor el peso, además de obtener mejoría de la función muscular y articular, mejor control de los factores de riesgo vascular, etc.
En esta edad la presencia de patología articular es frecuente (artrosis de rodillas, caderas, columna, etc.) y en muchas ocasiones limita considerablemente la actividad física. El ejercicio físico en piscina (natación, etc.) puede ser una buena alternativa para las personas con problemas articulares.
Se aconseja, una alimentación equilibrada que incluya todos los grupos de alimentos en sus debidas cantidades según las necesidades de cada persona.
El uso de fármacos para adelgazar siempre bajo prescripción médica, pueden ser seguros y efectivos pero en la tercera edad deben valorarse cuidadosamente los riesgos y beneficios de estos tratamientos.