En una oportunidad, se abrió el ascensor y se encontró con que a un compañero suyo de la división Alcaidía de la Policía de San Juan lidiaba con dos presos. Uno de ellos escapó corriendo por los pasillos de Tribunales. A pesar de estar de saco y corbata, el sargento primero Mauricio Germán Bustos salió a corretear por la Ciudad al reo. Lo atrapó varias cuadras después, intentando fugarse por los techos. El delincuente le pegó dos patadas en la cara y en el pecho que hicieron que el policía terminara con la ropa destruida y sangrando. Pero pudo agarrar al delincuente de los pies y reducirlo.
En otra oportunidad, se pasó horas en el edificio de Tribunales cuando un grupo de presos tomaron el edificio, amotinados en los calabozos. El sargento Bustos no dudó en cuidar el funcionamiento de la Justicia ante el grupo de rebeldes.
Ambas historias son ajenas a la función específica que durante años tuvo Bustos, pero pintan su vocación de policía. Esa función específica es la de custodio de la Presidencia de la Corte de Justicia, el tercer cargo en importancia institucional en la Provincia (después de Gobernador y Vice), cargo que desempeñó durante más de 20 años.
Bustos trabajó hasta el jueves último. Ahora se tomará licencias adeudadas y luego pasará a retiro.
"La evaluación fue positiva. Conocí mucha gente, hice muchas amistades con gente del Poder Judicial, me abrieron muchas puertas. Me acuerdo cuando llegó mi primer hijo, todos me dieron una mano para recibirlo”, cuenta Bustos.
El sargento primero llegó a la custodia de la Presidencia de la Corte por orden del entonces comisario Oscar Rubio. Bustos había tenido un leve paso por la Comisaría Primera y por la Guardia del Hospital Rawson. En una sola oportunidad fue sacado del segundo piso de Tribunales. Pero luego, a pedido de los ministros de la Corte, el policía se quedó allí para siempre cuidando la espalda del Presidente de la Corte en turno.
Eso le permitió crear lazos de amistad que lo llevó a ser invitado a los casamientos de los hijos de los cortistas. Y ese trabajo de custodio le dio lujos exclusivos: "Me llenaba de emoción poder estar al pie del avión cuando llegaban distintos presidentes de la Nación; o estar en las salas VIP de lugares a los que no podía acceder nadie”, recuerda Bustos.
En ese lugar supo ganarse el respeto y el cariño del Poder Judicial. Como biológicamente no podía tener hijos con su esposa, Liliana Donoso, decidieron adoptar. Así llegaron Nahuel (15) y Tobías (7). Y formó una familia que contagia orgullo.
Es común verlos trabajar juntos en la otra pasión del sargento Bustos: la animación de eventos públicos.
"Sonido Maury” empezó como un hobby. Hoy en día es una pequeña empresa de la que se alimentan varias familias.
"Ahora le voy a poder dedicar más tiempo a cantar, que es lo que me gustó hacer desde los 11 años”, comentó Bustos.
Además de policía, y de poner sonido en eventos, Bustos siempre se dio tiempo para organizar eventos solidarios. Creó un grupo llamado Odisea, con el cual hizo movidas para ayudar a los más necesitados que sufrían desgracias (inundaciones, incendios). O el festejo del Día del Niño para chicos carenciados.
El evento más famoso que hizo fue la Fiesta del Buen Vecino, la cual ya tiene más de una década de vida y pasó a ser un evento anual fijo en la provincia, en el que se destacan a los vecinos comunes y corrientes que tuvieron buenos gestos y que son reconocidos por sus propios pares.
Seguramente el sargento Bustos será reconocido así, como un buen vecino que durante más de 20 años tuvo una función importante: cuidar al Presidente de la Corte de Justicia.