Su vida se conducía directo hacia el calculador mundo de la Física, pero un artículo de Umberto Eco le cambió el rumbo y abrió la vocacional y pasional caja del arte fotográfico. Arturo Aguiar es sanjuanino de nacimiento y porteño de formación, ya que con solo 7 años emigró a Buenos Aires por asuntos familiares. Desde allí ha gestado un recorrido artístico que le ha vestido de elogios y reconocimientos dentro y fuera del país y que continuamente le retrata de satisfacciones el alma.
Sus fotografías son auténticas obras de arte, al punto tal que es normal caer en el error de pensar que se está ante una pintura. En realidad, cada una de sus creaciones conlleva una producción y un juego de luces que adquieren cuerpo con el disparo de su cámara. Tonos saturados, texturas increíbles y perspectivas únicas dan vida a una escena que activa automáticamente el sentimiento de admiración.
En el 2000, tras haber volado en cuerpo y alma por los paisajes del teatro, la literatura y las artes plásticas, se dejó llevar por el deseo de pintar con luz, una técnica fotográfica que él define así y que consiste en jugar hasta puntos insospechados con oscuros, linternas, escenas e ideas. La mirada abstracta y experimentos con autoretratos dominaron sus primeras obras, pero en los últimos tiempos fue mutando al espacio figurativo con altas dosis de compromisos con lo captado en la sociedad.
El Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, donde actualmente acude para impartir clases de Matemática –no terminó de separarse nunca de los números que también tanto le gustan-, fue su pista de despegue. Allí expuso su arte por primera vez en el 2000 y desde entonces su trabajo ha paseado por salas de todo el país –el año pasado estuvo en San Juan- Francia, España, Portugal, México, Estados Unidos, Costa Rica, Colombia, Bélgica, Perú, etc.
"Estudié Física en la UBA y un buen día deje de cursar para rendir finales -sólo me faltaban 5 materias para terminar-. Entonces leí un artículo de Umberto Eco donde decía que él creía en su propio saber y por eso siempre firmaba los artículos con su nombre y no con su grado académico. Ahí pensé que eso era lo que a mí me pasaba y me dediqué al arte. El arte y su mundo me han dado tantas satisfacciones que sólo puedo decir que me hacen feliz”, comentó Arturo, quien recalcó que le gustaría visitar "nuevamente la provincia, donde aún me quedan algunos parientes lejanos”.