Análisis

Conocer la verdad, la única forma de salvar la actividad

Cóctel fatal de incidente dentro de la mina y un silencio que no hizo más que alimentar las llamas. Garrotazo a toda la línea de defensa de la actividad. El pasado, el futuro y las lecciones que no aprendimos.Por Sebastián Saharrea.
viernes, 18 de septiembre de 2015 · 23:19
Se sabe, el desconocimiento y la desinformación suelen alumbrar monstruos de dos cabezas muy difíciles luego de desmontar.

Eso es lo que pasó con el derrame en Veladero, que asombrosamente movilizó más a los pobladores de Jáchal que a los del departamento donde está asentado el emprendimiento minero: Iglesia. Esa combinación fatal entre un incidente ambiental por una fuga de cianuro más un insólito silencio de más un día y la difusión posterior de información incorrecta, no tuvo más remedio que hacer epicentro en una sociedad sensibilizada por la implacable acción de las redes sociales y el vacío informativo.

Parece extraño, pero un incidente cuyo impacto ambiental se determinará con el tiempo se conoció mediante una cadena de whatsapp. Y como es lógico, cualquier desborde alarmista de estas herramientas sin firma ni responsable se propaló también sin límite durante las más valiosas horas: las primeras.

La justicia y la propia empresa Barrick tendrán ahora la responsabilidad de devolver la tranquilidad, desbordada por esas horas. Y tiene una sola manera: hundir hasta el hueso la investigación no sólo para establecer con exactitud qué fue lo que pasó sino los motivos por los que ocurrió lo que ocurrió, y por supuesto los responsables.

Detrás de esos pasos no sólo estará la necesidad de justicia y el alivio de los pobladores cercanos, sino también el destino mismo y el futuro de una actividad que dejó (y deja) dividendos jugosos, pero debe hacerlo sin reclamar la contraprestación de pasivos ambientales severos. La historia misma del debate sobre minería sí o minería no, no sólo en San Juan sino en el resto del mundo, y que en la provincia ha escrito un capítulo más a un costo infinito para quienes defienden la actividad (defendemos) como una necesaria herramienta de progreso.

Lo mismo que sucedió con San Juan y Jáchal con la publicación de la Revista Rumbos que Diario de Cuyo decidió no distribuir ante las falacias de sus aseveraciones. Fue en junio de 2009, es decir hace más de seis años, y la sensación que queda a estas alturas es que no hemos aprendido nada de aquel episodio que marcó claramente cómo el tráfico informativo desde la metrópoli (la Capital Federal) hacia el resto del país se realiza sin mediar consulta ni chequear datos temerarios, como que una ciudad entera se estaba envenenando con boro y arsénico producto de la actividad minera. Y que la gente deambulaba con sus tumores a cuestas por las calles jachalleras.

Esta vez, la propia actividad minera acaba de servirle en bandeja a aquellos clásicos y permanentes detractores (que los hay en gran número, muchos de ellos bienintencionados) una perlita reivindicatoria. Porque a diferencia de aquel episodio informativo ante el que muchos reclamaron con el argumento de la libertad de expresión, poniendo por encima ese derecho aunque los datos sean probadamente falsos y su contenido apocalíptico implique la posibilidad de una literal estampida, ésta vez el dato fue verdad.

Gracias, caja de empleados, habrán podido agradecer en el campamento de los críticos mineros: un episodio real, de un alcance incierto, que evidentemente pone en jaque a la actividad propiamente dicha no sólo en la provincia sino también en el país.

Anillo al dedo también para la acción informativa de los medios nacionales, casi siempre amplificada por el alarmismo y la inexactitud de la información. Claro que esta vez, beneficiados por el patinazo y las demoras en la información correcta. Vasos comunicantes con aquel episodio de Rumbos, esta vez los medios nacionales volvieron a no hacer pie en el análisis de los datos sobre una actividad que no alcanzan a comprender.

Y allí está el punto, y en ningún otro lado más, para la supervivencia de la actividad. La minería tendrá que comprender –ya lo debería haber hecho ante toda la evidencia recolectada- que en este bendito país debe lidiar contra la incomprensión del gran público (más de la mitad de la población nacional amontonada en Buenos Aires) y la realidad de que los flujos informativos son impiadosos y unidireccionales: de allá para acá. Son pocos –lo demostró aquella nota de Rumbos- que se toman el trabajo de bajar al terreno, pagarse un viaje y analizar el fenómeno de manera más integral. Son todos –o casi- los que bajan el pulgar de modo ligero sobre datos incorrectos.

Se verificó entonces y se volvió a ver ahora. Esta vez se leyeron/escucharon informaciones realmente asombrosas. Es entonces la información y la comprensión del eje informativo nacional lo que determine la permanencia o no de una actividad que se realiza muy lejos de los centro del poder y que éste no alcanza a comprender. Sería bueno que en tiempos menos turbulentos emprenda su trabajo más neurálgico, aunque ahora deberá limitarse a atajar penales justamente por no haber hecho su trabajo a tiempo.

Alimentó sensiblemente a los que no la entienden y a los que sí la entienden e igual buscan destruir a la minería, el manejo del hecho concreto. Sólo los involucrados sabrán las razones por las que no se comunicó en tiempo el episodio, y por el que se dieron luego apenas explicaciones generales y sin detalle. Y luego información errónea, tanto peor.

Hasta ahora, seguramente, que se judicializó. Con la acción de un equipo de fiscales y de un juez, el espacio de las certezas deberá ir dejando de lado al espacio de las apreciaciones. Juega a favor la ciencia exacta: los valores de contaminación hallados, el daño ambiental, es o no es. También la búsqueda de las razones del desperfecto: no puede haber duda sobre el componente que falló, las tuercas que se desajustaron, y si ocurrieron como consecuencia de un relajamiento de los controles de la empresa o por el fallo de algún protocolo de protección. Peor aún, si fue como producto de un engaño desde la gerencia Veladero de Barrick a la gerencia general de San Juan, con un sugestivo fallo en el manejo de una compuerta incluido (ver aparte).

No se pondrá en el banquillo de los acusados, pero el hecho de que la advertencia a la población llegara por medio de las redes sociales y no por los mecanismos institucionales merece no sólo –como se ya ha señalado- el sitio más alto en el podio de las razones por semejante alerta, sino también algún planteo a futuro. A primera vista, no parece que la decisión de dar o no dar la información con rapidez pase en una compañía del tamaño de Barrick –regulada por estrictos protocolos corporativos- por un staff local. Hay demasiado celo de las altas esferas, motivada posiblemente por el monitoreo global de cada paso que da la empresa en cualquiera de sus destinos: un incidente ambiental en San Juan repercute en toda la línea mundial, empezando por la cotización de sus acciones.

Puertas afuera de Barrick hay toda una cadena industrial esperando las novedades. Están los que forman parte de la diaria de Veladero, en medio de un paréntesis y algo de angustia sobre su propia fuente laboral. Están los proveedores de todo tipo que llevan bienes y servicios hasta la mina, que reproducen una cadena de valor en todo el circuito provincial y nacional, y también aparecen impacientes frente al incidente. Hasta un equipo de fútbol en Primera, San Martín, debería estar en alerta sobre su main sponsor.

Están, por supuesto, los pobladores más cercanos y los no tanto, los más importantes a proteger de cualquier riesgo eventual, lógicamente. Angustiados por lo que ocurrió, buscando certezas. Podrán obtenerlas de una investigación judicial que debe ser imparcial y a fondo, amén de rápida. Que apenas se inicia, pero será el tablero en el que se seguirá tramitando la mayor parte de la atención pública: en el resultado de sus pericias y el avance de su investigación penal. Ya dio un primer paso: paralizar la actividad en la pila de lixiviación donde ocurrió el hecho. Deberá otear el horizonte, tiene un peso fuerte sobre sus espaldas.

Y están también los que dieron la vuelta olímpica ante el episodio. Los que estaban esperando que alguna vez tropezara la actividad minera y se encontraron con el derrame servido en bandeja. Son los que vienen poniendo carteles desde hace tiempo que el agua vale más que el oro, mandamiento presuntamente novedoso. Servilleta al cuello, están de parabienes porque lo estaban esperando desde hace tiempo y porque además los manejos del incidente puertas adentro de la empresa no fue otra cosa que alimento para las fieras.

En fin, están todos. Ahora, a esperar por la verdad. Dicen que las crisis son oportunidades. Con permiso del ex rector la UNSJ Benjamín Kuchen, quien acuñó la frase en el programa "13 de miércoles”, mismo día mismo canal: de las crisis se sale, se salen bien o se sale mal; y hay que hacer todo lo posible para salir bien.

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