HISTORIA DE VIDA

Julián, la superación en carne y hueso

Tiene 29 años y desde hace ocho, cuando sufrió el accidente que lo inmovilizó de por vida, se transformó en una fuente de inspiración. Y lo comparte. Por Gustavo Martínez Puga.
domingo, 23 de agosto de 2015 · 09:25

Por Gustavo Martínez Puga

"Cuando la gente me para en la calle y me dice que soy el click de su vida, eso es la nafta que me moviliza". Esa es una de las frases que tira Julián Suraci Pardo. Pero como esas tienen mil. No es solo lo que dice lo que moviliza, sino cómo lo dice. Y es aún más movilizador cuando lo hace desde la soledad de un escenario, sobre su silla de ruedas y con una power point ilustrando imágenes de los tremendos cambios que sufrió su vida desde aquella siesta del 31 de enero de 2008, cuando el Susuki Vitara en el que viajaba como acompañante volcó a la altura de los baños de Talacasto, en Albardón, y le dejó un daño permanente, irreversible, en la médula, tras la rotura de la 5° y 6° cervical.

"Yo sufro cuadriplejia. La lesión me afectó los cuatro miembros, manos y pies. Puedo mover los brazos pero tengo que usar un aparato para la aprehensión de las manos. Por ejemplo, para cortar comida, necesito ayuda. Tengo un asistente las 24 horas", cuenta Julián.

Cualquiera diría que el apuesto muchacho de ojos vidriosos dice todo esto con dificultades o tristeza. Sin embargo, él habla con total naturalidad de las gravísimas secuelas de aquel accidente de tránsito que le cambió la vida para siempre.

"El accidente me hizo perder la independencia, que no pueda jugar al fútbol o esquiar, que eran las dos cosas que más me apasionaban. Pero me hizo valorar otras cosas que tal vez uno no sabe apreciar, como el amor a la vida, a la familia. Gracias a Dios, después de que uno pasa por una cosa así, recién se da cuenta de todo eso", reflexiona Julián.

Toda esa experiencia, el apreciar los valores más simples de la vida, es lo que Julián relata con maestría en las charlas motivacionales que está dando en escuelas, en teatros y hasta contratado por grandes empresas para que les hable a sus trabajadores.

Y este ciclo de charlas que arrancaron en el 2013, las cuales ahora estarían a punto de exportarse también a Mendoza y Córdoba, está catapultado desde la oscuridad y la desesperación de haber quedado atrapado entre los hierros retorcidos de un vehículo en medio de la precordillera sanjuanina, hasta los largos días en terapia intensiva, agotadoras sesiones de rehabilitación en clínicas especializadas de Córdoba y sesiones de psicología.

"Sigo haciendo rehabilitación a diario.Es muy agotador. Muchas veces no tenés ganas de someterse a ese esfuerzo, pero tengo la fortuna de tener siempre a mi familia y a mis amigos que me influyen y no me dejan solo. Sin ese apoyo constante, sería muy difícil que yo hubiera salido adelante", dice, agradecido.

La inspiración que contagia Julián no es nueva.Ya en el 2008, en los meses siguientes a quedar postrado en una cama, son asistencia mecánica para comer y hasta para respirar, sus hermanos, primos y amigos organizaban movidas para alentar su recuperación, movilizados por la energía que les había impregnado su espíritu.

Hoy en día todo aquello son fotos de un momento que el muchacho superó. Las redes sociales son un espejo de la intensa actividad diaria de Julián. Es un militante de Facebook y de Twitter, donde se lo ve haciendo radio, visitando programas de televisión, dando charlas en escuelas públicas, privadas, teatros, haciendo comentarios políticos y divirtiéndose con amigos, montado a un cuatriciclo como acompañante y en grandes juntadas con asado de por medio.

Sin ir más lejos, la semana pasada fue él quien se contactó con el conductor radial y televisivo Roberto Di Luciano, "El Bala Perdida", para los alumnos de la Escuela Comandante Cabot, de Chimbas: "En esa escuela me eligieron de padrino. Cuando escuché que el Bala estaba juntando juguetes, me contacté con él y le propuse ayudar a esos chicos. Les llevamos chocolate, juguetes y pintura porque esa escuela estaba muy deteriorada", dice Julián.

Él sabe del esfuerzo que se requiere para estudiar. Justamente, cuando sufrió el accidente fue porque había decidido venirse antes que su familia desde Chile para estudiar para rendir una materia de la carrera de Contador Público Nacional que estaba siguiendo en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza.

"Quiero terminar la facultad. Pero el tiempo dirá cuándo porque ahora la cabeza no me da", asegura Julián, a quien sólo le quedan algunas materias para alcanzar ese objetivo de convertirse en un profesional de los números.

Por ahora le incentiva seguir siendo un profesional en lo que hace: motivando a la gente con su historia de vida e inculcando los valores de la familia y la amistada para salir adelante, una profesión única que no se ofrece ningún ámbito académico, sino aquellos privilegiados como Julián Francisco Suraci Pardo, un ejemplo de superación constante.

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