Desde el ingreso principal el espacio sanjuanino dentro de la Feria Internacional del Libro se hace notar. Apenas mirando a la derecha, aparece el stand, equipado con televisores, iluminación y una estética muy particular, que se caracteriza por los colores de la tierra y las fotos de los lugares más impactantes como protagonistas.
Dentro de ese espacio hay visitantes que se detienen e incluso toman asiento para poder escuchar las charlas didácticas que permanentemente dan los autores invitados. Este rasgo llama la atención dentro de una feria dinámica y ruidosa donde la gente transita permanentemente entre stand y stand.
San Juan tiene su lugar en la primer línea de la tercer fila, encabezando uno de los cuatro pabellones que están delimitados por colores, en el caso de la provincia el asignado es el Ocre. Dentro del stand hay varias bibliotecas con todas las obras sanjuaninas en exposición, que para esta edición son 413. Además de los libros, que permanentemente tienen manos curiosas ojeándolos, está el sector de disertaciones, donde los sillones se llenan rápidamente y en los que casi de forma permanente hay un autor dando una disertación.
La interactividad es una de las características que más suman en 41° edición, en este sentido las promotoras son las estrellas del stand sanjuanino, ya que acompañan a los curiosos por las diferentes obras. El detalle que más público generó fue el sorteo, ya que quienes se acercan pueden participar por una edición de "Selección de Letras folclóricas sanjuaninas", un libro que recopila algunas de las mejores obras poéticas y en prosa.
Los visitantes recorren, tocan y leen partes de las obras y pueden vivir de cerca el arte literario de San Juan.