nota publicada el 27 de octubre de 2012

Américo Vargas: La voz y el corazón del ciclismo

Esta es la nota homenaje que le hacía Tiempo de San Juan al relator, en su sección 'Personajes', con motivo de cumplir 35 años de trayectoria. Recordalo.
miércoles, 28 de octubre de 2015 · 12:41
EL PERSONAJE
Américo Vargas: La voz y el corazón del ciclismo
 
Américo Vargas cumple 35 años de carrera como relator de ciclismo. Dueño de una fuente inagotable de anécdotas, el ‘Mamadera’, arropado por el aguante de su familia y el cariño de la gente, ha demostrado ser un experto escalador en su vida personal y profesional.

Carisma por doquier irradia Américo Vargas. Aunque la fecha no termina de ser exacta, tal vez borroneada por los incalculables kilómetros y kilómetros recorridos, ‘el Mamadera’ se encuentra a 35 años de su primera vez radiofónica con el ciclismo. O lo que es lo mismo decir, a tres décadas y media de la largada de una pasión sin frenos.
Aunque no supo despejar la duda si fue en el ocaso de octubre o en el inicio de noviembre de 1977 el día de su debut, ni tampoco encontró una explicación clara al origen de su apodo (ver recuadro), sí es evidente que es un auténtico ‘showman’ del relato ciclístico. Subido durante mucho tiempo en su inseparable radiomoto, el ‘Mamadera’ rompió todos los moldes de la narración. Estampó en las rutas y en las ondas su propio sello. Su complicidad con la gente no termina de hacer cima, al punto de que los seguidores del ciclismo arman carteles, prueba tras prueba, con la ilusión de que él los lea en su transmisión. A su vez, Vargas se sabe con la licencia de apodar cariñosamente a cuanta persona encuentra a su paso. Es el mejor cómplice de la familia del pedal.
Con dos cafés de por medio se enciende el grabador y antes de que salte al ruedo la primera pregunta se suma a la mesa un amigo de Américo. Uno de los integrantes de una lista que ni el propio protagonista se anima a cuantificar.
Vargas, que tuvo su primer contacto con el mundo del pedal siendo dirigente del Club Ciclista Alvear, rememoró su nacimiento radiofónico diciendo: "El Club Ciclista Victoria organizaba las 24 Horas a la Americana y ahí me dieron la función de difundir la prueba. Por eso fui a Radio Sarmiento, que en ese entonces contaba con Mario Pereyra, Rony Vargas y Enrique Domingo López. Ahí López, que era el jefe de Deportes, me invitó a formar parte de su equipo porque no tenían nadie que les hiciera ciclismo y les dije que sí. A la temporada siguiente empezamos a salir de transmisión. Me acuerdo que el primer equipo lo integrábamos Mario Castro, Rolando Perona,  Enrique Reinoso, Rony Vargas y yo, que hacía de comentarista-. Al año o por ahí me propuse que la gente me escuchara más y empecé a hacer las llegadas”.
"Por mi forma de ser, me fui haciendo amigo de los ciclistas. Me gustaba saber sus gustos, conocer a su familia, tratar con su lado más humano y, a su vez, utilizaba el lenguaje de la gente que le gusta el ciclismo, el vocabulario de los mismos ciclistas. Todo eso me dio la posibilidad de crecer”, cuenta a modo de receta este jubilado del Boletín Oficial del Estado, quien acto seguido se encarga de aclarar, "para que no se preste a malas interpretaciones”, que él es "un narrador de ciclismo, no un periodista”.
El ‘Mamadera’ -que en su camino vistió los ‘malliots’ de Radio Sarmiento (su medio actual), Radio Colón, de las emisoras mendocinas LV8, LV10 y LV6, Radio La Voz y alguna que otra FM de la provincia- se animó a hacer un balance de su dilatada y admirable carrera profesional. "Yo al ciclismo le he dado una gran parte de mi vida y a su vez el ciclismo me ha dado todo lo que tengo. Me ha dado la posibilidad de vivir mejor junto a mi familia, que es extraordinaria. A su vez, me ha dado la posibilidad de tener muchísimos amigos en San Juan y en muchas provincias del país. También me ha permitido prácticamente conocer toda Argentina. Yo conozco desde Jujuy hasta Neuquén. Y fundamentalmente me ha dado el cariño de la gente”, enumeró con cierta emoción en su precisa manera de pronunciar.
Otro amigo compartía la charla cuando este ex cadete de la Imprenta España sacó a relucir su versión de ‘abuelo baboso’:  "De los cinco nietos que tengo uno  siente la misma pasión que yo por el ciclismo. La gente ya lo conoce a Agustín porque lo hemos hecho relatar. Él se sube al móvil conmigo y va aprendiendo. Es un espectáculo escucharlo cuando juega a relatar. Se sabe el nombre y apodo de todos los ciclistas, el nombre de los padres. Es genial el ‘Chicoco’, como yo lo llamo. No digo que vaya a ser un nuevo eslabón de relator de ciclismo, pero a mí me pone muy bien escucharlo”.

Infiel

Américo, dueño de una agenda semanal de amigos más que abultada y que a esta altura del diálogo daba sepultura al cuatro cigarrillo, reconoció que en su periplo como narrador le fue infiel al ciclismo: "En Mendoza relaté fútbol y boxeo, pero me di cuenta que no era lo mío porque no lo siento. Soy de los que piensan que uno debe sentir lo que hace sino no sirve. Acá también relaté hockey cuando estaba TVO pero tampoco me sentí cómodo”.
El presente lo ubica en una situación cómoda y merecida delante y detrás del micrófono. Puede permitirse "el lujo” –tal como lo define- de acostarse a la hora que  le venga en gana y hacer tres cuarto de lo mismo al despertar. En materia laboral: "Yo ahora me subo al móvil y estoy tranquilo porque sé que tengo los dos mejores relatores. Como es mi yerno (Guillermo Rufino) ahora, yo lo era años atrás, te clasifica los 10 primeros siempre. Y Raúl Carrión debe ser el que mejor conoce a los ciclistas, y te estoy hablando desde Infantil hasta categoría Master. Ellos trabajan en la radiomoto y yo me dedico a jugar con la gente. Nos da muy buen resultado. Hay gente que me pide que vuelva a la radiomoto, pero por respeto a los que están no lo hago. Además, en estos momentos me atrapa más estar con el público, pero uno nunca sabe”.

Popular

A modo de guinda de una torta riquísima, el vecino más querido popularmente del Barrio FOEVA compartió una anécdota que le estampó una sonrisa en el alma. "Una vez escuché que una pareja de viejitos estaba discutiendo sobre si era o no Américo Vargas. A mí siempre me ha gustado, a modo de joda, decir que soy rubio y de ojos celestes y a esa persona buscaba el abuelito. Pero la mujer le decía que me había escuchado hablar y que era yo. Entonces me acerqué y le pregunté qué buscaban y el hombre me dijo que seguramente que a mí no porque no era rubio ni de ojos celestes. Al final le dije que sí era yo y le firmé un autógrafo en un pergamino que habían llevado. No hay como la gente de San Juan”, destacó el catedrático sanjuanino del relato ciclístico.
Américo Vargas es consciente que su sentimiento por el ciclismo le roba desde sus comienzos tiempo a su familia y en sintonía con esta circunstancia aseguró: "Si no tenés el apoyo de la familia estás muerto y yo por suerte lo tuve y lo tengo. Yo soy muy familiero y todos los que trabajan conmigo lo saben”.
Está casado desde los 23 años con Alicia, quien le permitió vestir orgullosamente el traje de padre de Lorena, Valeria, Silvina y Jésica. El discurrir de la vida lo convirtió en abuelo de cinco purretes que iluminan su día a día, en especial los domingos cuando la mesa familiar alcanza su mayor concurrencia. Bautista, Guillermina, Agustín, Felipe y Renato le sacan lo que quieren y convierten año tras año en realidad, siempre que el tiempo lo permite, el sueño de Américo de vacacionar todos juntos. "Mi familia es lo mejor que tengo. Compartir mi vida con ellos es un auténtico placer”, afirmó el ‘Mamadera’.

Infancia humilde

Sus primeros pasos por la vida los dio en la zona de Av. Libertador y Rawson. Integrante de una familia humilde, en la que su mamá y su hermana Susana, con mucho sacrificio y amor, hicieron también las veces de papá, Américo le plantó cara a su realidad desde bien pequeño y buscó la ayuda económica en varios frentes. "Yo tuve una infancia muy pobre. Por ejemplo, la fruta que comía era la que rescataba de la basura en la feria. Iba con mi cuchillito, le quitaba la parte picada o podrida y la llevaba a mi casa”, recordó sin lugar para el resentimiento. "Sacaba monedas acarreando los bolsos de las mujeres que hacían las compras y después me hice mayorista –comenta envuelto entre risas-. Empecé a comprar cajones de limones y a venderlos por mi cuenta. Alguna monedita más ganaba”, lanza en este monólogo de anécdotas, que concluye de la siguiente manera: "También ayudaba a los arrieros a llevar las vacas al Matadero y ellos me pagaban con alguna achura. Uno de los manjares era comer bofe, una achura que las familias de mejor posición compraban para alimentar a sus mascotas”.

12 PEDALEADAS MÁS

Sus maestros
"En mis comienzos tomé cosas de Víctor Hugo Morales, que antes era mi ídolo y ahora no. También aprendí mucho de Hugo Rodríguez, Néstor Páez y Horacio Lucero. Son de las personas que respeté y sigo respetando porque son unos grandes profesionales”.
‘Particular’ apoyo
"He llegado a pagar inscripciones de los ciclistas. Hay que ver la cara de un ciclista cuando le dicen que no va a poder correr porque no tiene para pagar los 30 mangos de una inscripción. También abastecía a los ciclista desde la radiomoto y los jueces me retaban, pero no podían hacerme más que eso”.
Armas
"Muchas veces me he quedado sin voz, principalmente en las carreras de varias etapas, y combatía la afonía tomando jugo de limón y Bayaspirina o jugo de rabanitos, que era realmente asqueroso. La pasión que uno siente por el ciclismo te hace sacar fuerzas de donde sea”.
Cuenta
"Me parece que como relator de ciclismo he cumplido todas las etapas. Lo que sí, me gustaría ver el Tour de Francia. Todos los años lo planifico y digo que vamos a alquilar una casa rodante para poder vivir todo el circo. Espero hacerlo algún día”.
Accidente
"En todo este tiempo sólo he tenido un accidente en Mendoza. Un ciclista para empujarse se agarró del brazo del conductor y nos fuimos al piso. Pero no pasó a mayores. Lo que sí hemos tenido son muchos sustos en la ruta”.
Creyente
"Soy muy creyente. Rezo mucho y me encomiendo a Dios, Jesús, el Cristo de la Quebrada, San Expedito, San Benito, el Espíritu Santo, la Difuntita Correa, la Virgen de la Medalla Milagrosa, la Virgen de Lourdes y el Angelito de la Guarda. Además, tengo la costumbre de levantarme siempre con el pie derecho. Es una cábala”.
¿Mamadera?
"Cuando tenía ocho años íbamos con mis amigos al Club Landini y Rodolfo Catalini, que entrenaba allí, se encargó de ponernos apodos a todos y  mí me tocó ‘Mamadera’, aunque nunca supe bien porqué. Lo que sí sé es que me siento orgulloso cuando la gente me lo dice por la calle. Es una forma de demostrarme su cariño”.
‘Peleítas’
"Una vez desafié a pelear a Hugo Rodríguez porque nos estaba haciendo burla en su emisora. Y otra vez perseguí a Néstor Páez con un palo de billar durante una discusión en Córdoba. Ahora me muero de risa cuando me acuerdo”.
Penas y alegrías
"Las grandes satisfacciones las he vivido con Matesevach, Daniel Castro, Juan Carlos Ruarte, Oscar Villalobos, entre otros. Fundamentalmente, los momentos de mayor alegría han sido cuando la carrera era fuera y ganaba un sanjuanino. Mientras que los fallecimientos de ciclistas han sido las mayores tristezas que me han tocado vivir dentro del ciclismo”.
Sin partido político
"Me ha dado la posibilidad de joder con el gobernador, algo que no hace ningún periodista. Para mí es el señor gobernador y también el ‘Flaco’. Esa confianza me permite hacerle pregunta que a lo mejor otros no hacen”.
Defensor
"Yo no me callo nada. Soy de defender mucho al ciclista y eso genera algún que otro encontronazo con  los dirigentes. Pero eso no me preocupa porque yo estoy diciendo lo que pienso. Hay algunos dirigentes que me dejan de saludar y después vuelven a saludarme”.

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