Por Natalia Caballero
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Lugares inaccesibles a los que no llega la energía eléctrica son los sitios elegidos por la dirección de Recursos Energéticos para dotar a las familias que residen allí del servicio. El último censo realizado por la repartición indica que son 200 las viviendas a las que se le instalaron paneles solares, la mayor parte ubicadas en Valle Fértil, 25 de Mayo, Jáchal, Calingasta y Ullum.
Francisca Díaz, Matagusanos, Ullum.
Con la luz, llegó el ahorro y hasta el celular
En el medio de la nada vive Francisca Díaz, con su hijo Raúl, su nieta Bárbara y su pequeño bisnieto Antonio. La mujer fue la primera beneficiaria del programa. Si bien siempre vivió en el campo, nació en Sierras de Chávez y ahora reside en Matagusanos, dice que no cambia por nada en el mundo contar con energía eléctrica.
“Por primera vez tuve luz hace tres años y la verdad que me cambió la vida. Ahora puedo tejer, podemos leer y escuchar radio”, dice la tímida mujer mientras cocina a leña un guiso de cabra. Francisca vive en una humilde casita en la localidad ullunera. Eligió irse a vivir allí porque le ofrecieron la vivienda y un sueldo a cambio de cuidar maquinarias de Vialidad Provincial.
La rutina de la familia ha cambiado bastante desde que tienen paneles solares. Es que ahora no deben levantarse apenas amanece y acostarse cuando entra el sol de manera obligada, hoy tienen más posibilidades de elegir y de quedarse hasta más tarde cuando pasan un lindo programa de radio.
Al kerosene y a los candiles le dijeron adiós los Díaz desde que tienen luz. “Gastábamos mucho en eso, ahora nos ahorramos esa platita para otra cosas que nos vienen bien”, agregó Francisca, quien tiene como gran sueño de vida adquirir una heladera para conservar los alimentos.
Otro de los cambios que ha notado la familia Díaz es la posibilidad de contar ahora con teléfono celular. Bárbara es quien más disfruta de este beneficio, quien para hablar por celu tiene que subirse arriba del techo. Ni aún gozando de este tipo de comunicaciones la jovencita pudo llegar a parir a un hospital. En el medio del traslado en ambulancia nació Antonio por parto normal.
El único problema que tienen los Díaz es con los días nublados. Es que cuando no hay sol o llueve no se pueden recargar los paneles y deben resignarse a pasar la jornada sin energía eléctrica.
“Los paneles fueron muy importantes, estamos muy contentos con tener luz, ahora no me imagino sin tener este servicio”, finalizó Francisca, mientras le muestra al equipo periodístico los artefactos que le instalaron en la casa y le cambiaron la vida.
Herenia Moyano, 25 de Mayo.
Ahora hasta teje de noche
Es una de las tejedoras más reconocidas de la Provincia por la calidad de sus trabajos, que fueron premiados por la UNESCO. Se trata de Herenia Moyano, una profesional que vive sola en los médanos de 25 de Mayo. Hace dos años le instalaron en su vivienda paneles solares. Gracias a la energía eléctrica ahora puede escuchar la radio y también darle rienda suelta a su pasión: tejer durante la noche.
Herenia siempre eligió el campo para vivir. Su familia se instaló en 25 de Mayo y nunca cambió su residencia a pesar de no tener vecinos en 5 kilómetros a la redonda. Como su casa se encuentra muy alejada, nunca le instalaron la luz. Así que se acostumbró a desarrollar todas las actividades hogareñas en horario diurno.
Con la energía eléctrica cambió su realidad. Contó que le costó al principio acostumbrarse a las voces de la radio, pero que ahora no cambia este medio de comunicación por nada en el mundo. “Me gusta ponerme a escuchar a Jorge Pascual Recabarren en la siesta y en la noche pongo casettes con música tradicional, me gusta mucho “San Juan por mi sangre”. La radio es mi compañía”, señaló Herenia.
Sintonizar a Recabarren es vital para ella porque además de entretenerse, le sirve para mantenerse comunicada con una amiga. “–Doña Herenia, mañana la pasan a buscar por su casa, estese lista a la mañana tempranito”, le avisa el locutor a la mujer. El aparcero mayor es una especie de teléfono celular para ella.
Durante años Herenia Moyano se dedicó a tejer en su telar en la siesta porque no tenía otro horario debido a las limitaciones de la propia luz solar. “Hoy puedo tejer de noche, me entretiene. Antes solo podía tejer en la siesta durante el invierno y en la mañana durante el verano. Las restricciones ya son cosa del pasado”, agregó la tejedora.
Con más ganas que nunca de seguir sorprendiendo con sus creaciones, a esta tejedora la luz eléctrica le cambió la vida. Ahora puede darle rienda suelta a su amor por el telar y la radio sin temor de que se esconda el sol o se le terminen las pilas.

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