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Una donación de película

Los mellizos que viven gracias a los riñones de sus padres

Federico y Emanuel Torres Heredia son dos jóvenes de 26 años que hoy pueden hacer una vida normal gracias a un trasplante renal. Sus padres, Eduardo y Silvia, fueron los donantes. Una historia de vida en donde el amor fue más fuerte. Por Natalia Caballero.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Natalia Caballero

Una increíble historia es la protagonizada por los mellizos Torres-Heredia, los sanjuaninos que salvaron sus vidas literalmente y, sin cursilería de por medio, gracias al amor. Una enfermedad que sufrieron de pequeños les destrozó los riñones, debido a la insuficiencia renal tuvieron que peregrinar de médico en médico hasta que la enfermedad avanzó y los dejó sin posibilidades de tener una vida normal si no eran trasplantados. Sus padres, Eduardo y Silvia, fueron quienes les devolvieron las esperanzas cuando decidieron darle un riñón a cada uno hace tres años. Hoy la familia disfruta de una vida normal.

Los mellizos nacieron sin ningún tipo de problemas pero al año y medio contrajeron el síndrome urémico hemolítico al tomar leche de tambo. Durante la noche y con una diferencia de una hora, ambos empezaron con los síntomas: diarrea con sangre y fuertes dolores. Sus padres los llevaron inmediatamente al médico. En el sanatorio los curaron pero no les advirtieron que tras la enfermedad tenían que seguir yendo a controles. Los profesionales sólo les dijeron que debían seguir una dieta estricta.

“Los chicos anduvieron perfectamente por años, hacían deportes, practicaban fútbol en Peñarol y Árbol Verde, nunca sintieron dolor al orinar ni nada por el estilo”, contó Silvia, la madre de los mellizos. La mujer describe cada una de las etapas de la enfermedad de sus hijos como si fuera médica. Sabe de síntomas, de remedios, de dosis, de páncreas, riñones y diálisis entre otras cosas.

Todo era normal en la vida de los hermanos, hasta que Emanuel tuvo una crisis. Estaba hinchado, le dolía el pecho y le costaba respirar. “Pensamos que era neumonía, pero en el sanatorio descubrieron que Emanuel perdía proteína por la orina. Ahí nos dijeron que no tenía neumonía sino líquido alojado en el corazón. El líquido era el que retenía porque sus riñones habían dejado de funcionar”, explicó la mujer con lujos de detalles mientras su hijo asentía con la cabeza.

Ese fue el momento bisagra en la vida de la familia. Emanuel empezó con diálisis y a Federico le descubrieron la misma patología renal que padecía su hermano, pero no tan avanzada. Fueron tres años muy tristes y duros para todos. Ema tres veces por semana se dializaba durante tres horas. Llegaba dolorido, con grandes tumbos en los brazos debido al grosor de la aguja con la que se realiza el procedimiento.

Los padres del joven llenos de dolor siempre buscaron otras alternativas porque no querían que su hijo “viviera conectado a máquinas”. En una interconsulta realizada en Mendoza les dijeron que la mejor opción era el trasplante, que sólo esta intervención podría permitir que los mellis tuvieran una vida normal.

Hay dos tipos de trasplantes: el cadavérico (se obtienen los órganos de una persona muerta) y el sanguíneo para el cual solo se necesita compatibilidad. Sin dudarlo ni un segundo, los padres empezaron a luchar con la obra social para que les pague las costosas operaciones, las cuales finalmente se hicieron en el sanatorio Anchorena, de Buenos Aires.

“Nunca tomamos la decisión de donar nuestros riñones, para nosotros fue algo natural. Nunca nos planteamos el tema, fue para nosotros algo normal”, expresó Silvia, con una simpleza que asombra a cualquiera que escuche su relato. Al mismo tiempo, los mellis contaron que ellos nunca pidieron que les dieran el riñón, tampoco hizo falta que ni siquiera lo pensaran porque la fuerza del cariño superó cualquier mezquindad.

Los análisis de compatibilidad indicaron que Emanuel tenía un 99% de compatibilidad con su padre y Federico un 99% de compatibilidad con su madre. El primero que se operó fue Emanuel junto a su papá Eduardo.

“Cuando salieron de la operación fuimos a verlos, primero a mi marido y después quisimos entrar a ver a Ema, pero no nos dejaron porque estaba en una habitación especial. Pero la puerta se entreabrió y mi hijo pudo alcanzar a verme y me hizo señas con el pulgar para arriba. Fue uno de los momentos más especiales de mi vida”, relató Silvia con lágrimas en los ojos.

La intervención quirúrgica fue un éxito. Apenas se realizó el trasplante, el riñón de su padre arrancó como si fuera propio en el cuerpo de Emanuel. Luego fue el turno de Federico y Silvia. La operación fue más simple y con el mismo éxito que la anterior.

En 60 días la vida de los Torres-Heredia cambió para siempre gracias al amor inconmensurable. Como obra de ese amor, en menos de 24 horas los riñones que les quedaron a los padres de los mellizos duplicaron su tamaño.

“El testimonio de ellos es el importante, cómo un trasplante puede cambiarle la calidad de vida a las personas, fue un vuelco que nos dio oportunidades maravillosas”, expresó Emanuel.
Con orgullo y una fuerte conciencia, los mellizos dicen que son el vivo testimonio de la donación. Su caso, único en el mundo, es objeto de estudio internacionalmente. Médicos de Venezuela los han buscado para que les den su valioso testimonio y lograr concientizar a través de su caso a la gente sobre la importancia de la donación.

Los hermanos son un torbellino de energía, no paran un segundo de mostrar fotos, contar historias y relatar increíbles anécdotas que parecen sacadas de alguna película. Es que tras el trasplante volvieron al deporte con más vehemencia que nunca. El entrenamiento les permitió competir en el Mundial de Trasplantados que se realizó en Sudáfrica el año pasado y hasta obtener medallas durante la competición.

Esta impactante historia es el vivo ejemplo del lema del INCUCAI: “Donar órganos es donar vida”. Los padres de los mellizos Torres-Heredia les dieron vida en dos oportunidades: cuando nacieron y cuando los volvieron a ver nacer tras el trasplante.

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