Como el abrazo del oso podrá asociarse la sensación de cualquier dirigente peronista que sea designado como candidato a intendente de Santa Lucía: aprieta de tanto cariño, pero al final te mata.
Es que el valiente tendrá que cruzar sables como la estrella más brillante del tablero opositor, se lo mire por donde se lo mire: el intendente Marcelo Orrego suele alcanzar marcas de hasta el 70% de menciones positivas entre sus vecinos, acaba de blanquear sus intenciones de seguir en el departamento para evitar un posible frente a frente con José Luis Gioja por la gobernación, y en consecuencia ir a pelearle a ese reducto es algo así como subirse a ring contra Floyd Mayweather.
Pero alguien se tiene que subir, en eso las instituciones son como el showbusiness y no se permite el triunfo por incomparencia del rival ni en las citas electorales ni en las carteleras de Las Vegas. Alguien tiene que poner el lomo (o la cara) y el que lo haga seguramente tendrá alguna llamita encendida en medio de tanta dificultad: un potente golpe de nocaut de esos para los que ningún campeón tiene quijada para aguantar, o lo que es lo mismo, un cambio en los vientos que posibilite el batacazo. Da igual, puede pasar.
Orrego no sólo es el niño de los ojos para cualquier suegra sino también un sorprendente fenómeno político, aún departamental. Despliega su atractivo a bordo de una gestión modesta en grandilocuencias y atenta a las soluciones menores que, a la vista está, pueden ser igual de eficientes a la hora de la atracción electoral. Costó en Paren las Rotativas extraerle un sueño a lo grande, más dijo focalizarse en el cordón cuneta y en los pequeños pedidos vecinales. Mal no le va.
Encima, nadie le escuchará alguna palabra desacomodada hacia algún rival político. Incluso, en el trato cotidiano con el gobernador Gioja suele parecer él mismo más afín en términos políticos que muchos otros intendentes del propio palo.
Por esa razón, no hace falta demasiada agudeza analítica para imaginarlo pegando un salto de jerarquía el año que viene, es decir pasar de aspirante a la reelección municipal a ocupar un casillero expectante por la gobernación. Más aún, salta a la vista que Marcelo Orrego es hoy el dirigente opositor que más fuerza puede oponerle al oficialismo en toda la provincia, tanto por sus méritos evidentes como por default ajeno.
Pero parece que no. Acaba de blanquear en público ese viernes en Paren que no irá como aspirante a gobernador y que apoyará con cuerpo y alma a quien le debe su vida política: el senador Roberto Basualdo. Y que para él quedará -no lo ha dicho en esas palabras, pero puede deducirse- el premio consuelo de la reelección municipal. En términos de estrategia, pasar el turno para evitar el tren de frente, mientras se hace firme en la gestión. En términos de realismo, pasará mucha agua debajo del puente de aquí a marzo, cuando deban definirse alianzas o candidaturas, como que Basualdo se decida, que a Orrego no lo convenzan, que razones de fuerza mayor, que el pueblo me lo pide. Igual, hasta acá habrá que tomarle la palabra.
No es el PJ de Santa Lucía un espacio de pocos dirigentes. Si se computa su gravitación provincial podrá concluirse que ha sido un departamento caudaloso: Los Ruiz –Javier y Guillermo-, Nelson Campero, Aníbal Fuentes. Están, eso así, algo desmotivados ante el contexto que se les presenta: salir a pelear contra Mayweather y hacer un buen papel. Nada de eso, sin embargo, detiene a los encargados de la estrategia para oponerle la mejor fuerza posible y esperar un derrape del campeón.
De partida, anotan un par de datos interesantes: que no hay invencibles en este asunto, que siempre las elecciones municipales dependen de los vientos huracanados de la influencia nacional y provincial, y especialmente que al propio intendente ya le han entrado las balas. Tan cierto como que Orrego juega con otra estrella –esta vez nacional- como Sergio Massa y con Roberto Basualdo, es que el PJ jugará con Gioja y posiblemente Scioli, o que el Pro jugará con Macri. Santos chispazos.
Le entraron las balas el año pasado, cuando la gran maquinaria electoral opositora tuvo resultado curiosos en Santa Lucía. En tierras de Orrego, quien a esa altura ya era a todos los ojos el intendente con mejor gestión y mayor futuro del espacio, el oficialismo giojista alcanzó el 53% de los votos en una fenomenal recuperación después de entregar el municipio dos años antes. Y aún ente los postulantes de la propia oposición, el candidato basualdista –Fabián Martín, de Rivadavia pero a su vez asesor en Santa Lucía- perdió con generosidad a manos del macrista Eduardo Cáceres. De allí que también el PRO esté aguardando al acecho para mover piezas en Santa Lucía, donde aún no lo ha hecho hasta que se descarte por completo una eventual unificación nacional Macri-Masssa que haría posible que Cáceres-Orrego vayan en el mismo espacio.
De allí también que el PJ no pierda el optimismo, aún debiendo subirse al ring contra el temible Floyd. Está bien que aquellas elecciones del año pasado en las que el oficialismo provincial derrotó al basualdismo por 53 a 22 se produjeron en un contexto muy particular, con la incipiente recuperación de Gioja del accidente y Orrego fuera de la campaña. Lo que sí demuestra es que nada está ganado de antemano y mucho menos si el escenario político se muestra tan susceptible a estas movidas.
Deberá –eso sí- para mejorar sus chances evitar los errores del pasado. Aníbal Fuentes fue uno de esos errores en la última elección para intendente, la que se la dejó servida a Marcelo Orrego, por la rebelión interna que produjo la designación del entonces ex intendente para que fuera por su reelección. Fuentes estaba desgastado y desbordado por una militancia que no le respondía, tuvo por eso fuertes cruces con su compañero de boleta Javier Ruiz.
Ahora Fuentes ha anunciado que otra vez irá como candidato, pero esta vez tendrá que correr desde atrás. El resto oscila entre las reservas por tener que subirse a recibir un nocaut estruendoso y la ilusión de poder dar un golpe de gloria. El oficialismo toma nota de esos puntos débiles y hace anunciar por los medios que puede que saldrá a quemar sus cartuchos sin darse por notificado de la supuesta condición de ultra favorito de Orrego. Le peleará el cargo a muerte y hasta se anuncia el posible desembarco de algún peso pesado que no frecuenta las unidades básicas del departamento.
Que puede ser Cristian Andino, vecino santaluceño pero que suena también en Capital. O que puede ser el ministro de Desarrollo Humano, Daniel Molina, quien no mide mal pero nunca se sometió al veredicto de las urnas. No faltan los que lo alientan al desafío, tanto para meterlo en una boca de lobo como para tocarle el orgullo a ver si se anima en una realmente difícil.
En el medio, saltó como dar telón de fondo un episodio por demás llamativo: el "robo” de un dinero importante –difícil de cuantificar porque se dijo de todo- que se habría ausentado de la caja municipal. Obvio es señalar que no será un episodio ausente de las mesas políticas santaluceñas, y que el intendente deberá pasar una barrida con un peine bien fino para que las sombras no atrapen a ningún funcionario.