La esquina de 9 de Julio y España iba a ser como el Retiro de los trenes porteños. Pero terminó siendo el polideportivo de una escuela, protegido por la pared de la vieja bodega Latorre. Por Gustavo Martínez Puga.
El predio es enorme. Si uno se para al medio de lo que fue el aserradero, la Ciudad parece lejana. Sin embargo, el terreno lleno de historia quedó en medio de la urbe y con un pesado sueño incumplido a sus espaldas: el de ser una gran estación de trenes, “como la de Retiro de los porteños”, quisieron proyectar hace décadas. Pero hoy todo aquello quedó en un polideportivo escolar.
El predio ocupa toda una manzana, que abarca desde General Paz hasta 9 de Julio y desde la Avenida España hasta el Conector Sur. Claro que el lugar cambió drásticamente en los últimos años, ya que antes la General Paz no pasaba por sus fondos; y el Conector Sur era un terreno de vías sin uso en el que habían casillas. Con las aberturas de esas calles el predio en el que supo funcionar el Establecimiento Latorre volvió a tomar vida.
En sus años de plenitud allí funcionó una bodega y un aserradero. Lo que fue la administración de la empresa aún tiene sus restos vivos: hoy es usado como una sala de reunión de los docentes de educación física de la EPET N°4. Su piso de madera, el ventanal que da a la esquina de 9 de Julio y España y sus paredones finamente terminados en molduras que rodean las puertas, ventanas y las cornisas se conservan en buen estado. Sólo la pintura es vieja.
Tan vieja como los mármoles de travertino que acuñan la vereda en alto o las baldosas de los pisos del resto de la construcción.
En el interior todo lo fino fue demolido. Se conserva la estructura de los galpones ya sin techo que vieron nacer millones de litros de vino. Incluso, el lagar con sus azulejos amarillos es un testigo sobreviviente de aquellos años en que recibía camionadas de racimos de uva recién cosechados. Hoy es un pequeño altar religioso que resguarda una imagen de María Auxiliadora, a la sombra de un paraíso que nació de la tierra con la que rellenaron el lagar.
Sepultado por el paso del tiempo quedaron las canaletas y el gran canal de agua que pasaba por esa propiedad, en cuyo espacio al aire libre supo funcionar uno de los aserraderos más importante que tuvo la ciudad. Allí fabricaban toneles para el vino y cajones para las uvas. Todo ese predio abierto hoy son las canchitas de fútbol y el espacio verde en el que cual practican gimnasia los 1.200 alumnos de la EPET N°4, ubicada en Ignacio de la Rosa y Catamarca.
Ese predio quedó en comodato para esa escuela a principios del año 2000. Después de que durante años todo el predio estuvo vacío, y los únicos que lo usaban eran los serenos de la Dirección de Arquitectura para cuidarlo.
Después de dar muchas vueltas, y cansados de que los alumnos tuvieran que ir a sus clases de gimnasia al predio de La Granja, en Santa Lucía, los profesores descubrieron ese predio que había sido expropiado y que ya nunca más iba a ser una estación de trenes, por una sencilla razón: las vías habían sido levantadas y la red de trenes de pasajeros había sido condenada a muerte en los ´90.
“En la última sesión del año ´99, por el proyecto que presentó el entonces diputado Dante Elizondo, en la gestión de Escobar, se aprobó que ese terreno pasara a manos del Ministerio de Educación y que fuera dado en comodato a la EPET N°4 para que allí funcionara el polideportivo”, recordó el profesor de Educación Física Patricio Videla.
El docente agregó que “y recién a principios de este año logramos que nos hicieran un complejo de sanitarios nuevos. Está el proyecto de que algún día se transforme en un verdadero polideportivo. Incluso, está la idea de que aquí termine funcionando las aulas y toda la escuela EPET N°4, ya que el edificio actual ya no da más”.