Por Michel Zeghaib
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El año anterior (1959) esta fiesta arrancaba por iniciativa exclusiva de algunos vecinos llamados “Amigos de la Avenida Rioja”. Estos habían organizado un festejo con motivo de celebrar la llegada de la primavera, tras haber vivido un invierno muy crudo. Tanto en el año 1959 como en el 1960, San Juan se revestía de blanco por la cantidad de nieve que acompañó los meses de invierno de aquellos años.
Las celebraciones gustaron tanto que, para el año siguiente (1960), los comerciantes de la Av. Rioja decidieron acompañar esta celebración con auspicios y ayuda económica, con lo cual la fiesta tomó un color y un nivel que antes no tenía. De esta manera, año tras año, celebrar la llegada de la primavera era para los sanjuaninos una cita obligada, casi religiosa.
Esta fiesta fue la primera en que el gobierno tomaba parte de un evento masivo y popular. Fue organizada por la agrupación amigos de la Av. Rioja con la colaboración de la juventudes católicas, estudiantes secundarios y universitarios y gobierno de la provincia y municipal. Si bien en esta ocasión no fue su organizador, si comenzó a hacerse presente y, poco a poco, esta fiesta popular llamada “la fiesta sanjuanina” (como otras que surgieron en años posteriores) sería apropiada por los diversos gobiernos locales de turno.
Los medios de la época dieron cuenta de la cantidad extraordinaria de público que había asistido, ocupando ambas aceras a los costados de la Av. Rioja en el tramo que va desde Córdoba hasta Libertador. Era una fiesta completa. Duraba dos días. El primer día comenzaba con juegos y competencias deportivas que se extendían hasta la tarde. En la noche se realizaba el desfile, y después de él, venía el momento de escuchar grupos de música que interpretaban toda la madrugada, incluso hasta la salida del sol.
Los testimonios de muchos que lo vivieron y que hoy viven para contarlo, cuentan que era imponente. El desfile era seguido casi con devoción por miles de espectadores. Las luces de los carruajes y la belleza de sus representantes impactaban hasta el más distraído. La elegancia, la gracia y la alegría, se entremezclaban imperceptibles entre la gente sin hacer distinción de clase social. Era una fiesta sentida por los sanjuaninos como una “fiesta de todos”. Este era en sentir que se dejaba ver en las imágenes y expresiones de la gente.
El sentido de una fiesta consiste en afirmar el gozo de existir, de vivir, frente a la posibilidad de la muerte. Cuando estamos de fiesta, no sentimos el dolor o la angustia de la muerte, más aún, hacemos que esa realidad se retrase. Hablar de fiesta en aquel San Juan del ’60 no es tan distinto que ahora. Es hablar de un acontecimiento de un profundo significado que se entrelaza con las hondas raíces de nuestra cultura sanjuanina para quien, celebrar, tiene un perfil sagrado. Es decir, para el sanjuanino, celebrar algo no entraña un mero rito social, ni tan sólo un día donde no se trabaja, ni una simple diversión; sino que designa el acceso a algo diverso de lo cotidiano, a otro mundo, verdaderamente distinto y absolutamente nuevo, designa un triunfo sobre la fuerza del destino que muchas veces hizo sentir su peso sobre esta provincia y su historia.
PREMIOS ENTRAGADOS A LAS MEJORES CARROZAS
1º premio
“Viaje de la Ninfa, Reina del Jónico”, del Colegio Ntra. Sra. del Tránsito
2º premio
“Frescura”, del Colegio Sta. Rosa de Lima
3º premio
“La ostra”, del Bachillerato Nocturno San Juan
4º premio
“Los jueces del dios Baco”, de la Escuela de Enología y Fruticultura
5º premio
“Fuente de juventud”, de la Escuela Profesional de Mujeres
6º premio
“Antes que las golondrinas”, del Colegio La Inmaculada
7º premio
“Primavera en la Historia”, del Colegio Santo Domingo
8º premio
“En un lugar de la Mancha”, del Instituto A.S.J.I.C.A.N.A.
9º premio
“Ilusión de Primavera”, del Colegio Fray Mamerto Esquiú
10º premio
“Les digamos… eh, no se vallan al Congo”, del Colegio Nacional
OTRO EVENTO CULTURAL
En marzo de ese mismo 1960 quedó grabado en la memoria de los sanjuaninos como el mes en que se inauguraba la Galería Estornell. En un edificio imponente, la galería se enarbolaba como un símbolo del progreso y esfuerzo en medio de una modernidad que tocó a San Juan inmediatamente después de aquel trágico terremoto de 1944. Si bien la provincia todavía se estaba levantando de los cimbronazos de los últimos terremotos, pudo absorber sin dificultad las novedades que la modernidad le imponía.
