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La herencia del gerente

Es la casa donde funciona la Asociación Bancaria. Fue construida en 1908 para el gerente del Banco Comercial de San Juan. Y desde fines de la década del ´40 pertenece al gremio de los bancarios. Por Gustavo Martínez Puga.

Por Redacción Tiempo de San Juan
11. Son las habitaciones que tiene la casa de la calle Mitre, pasando Entre Ríos. Desde la calle no se ve, pero todas las ventanas que dan al Este quedaron tapadas por la pared de una clínica médica vecina: es que antes esas ventanas recibían el sol del atardecer, cuando en lugar de una construcción allí habían parrales que se extendían hasta lo que hoy es la calle Sarmiento. Es la casa de la Asociación Bancaria, una de las pocas viviendas centenarias del micro centro sanjuanino, construida con ladrillos con viga y columnas en planchas de acero.

Esa casa fue construida en 1908 para el gerente del Banco Comercial de San Juan. El primero en ocuparla fue Ramón Barrera y su esposa. Pero a fines de la década del ´40 la casona fue adquirida por el gremio de los empleados de banco, como un lugar para sus luchas laborales y un espacio para los bancarios jubilados.

Desde entonces la casona cumple esa función. Claro que por esos días no era tal cual está ahora: hubo que dinamitarle el frente. Sí, literalmente. Es que debieron usar esos explosivos para poder derrumbar el paredón principal de la calle Mitre, debido a las nuevas normas de construcción con las que levantaron a la Ciudad después del terremoto del ´44.

Además de las nuevas técnicas para construir, también se trazaron nuevas cuadrículas y eso afectó la casona, cuyo frente debió ser corrido dos metros más atrás. Así es que el frente de la casa data de fines de los ´40, con el mismo estilo francés que tenía el frente original.

Esto es: cuatro ventanales; una puerta doble de madera tallada a mano, con manijas y un depósito para cartas en bronce y dos postigos que se abrían desde adentro.

Los dos escalones de mármol de esa puerta doble llevan a un octágono que funciona como la sala principal, el cual está iluminado con la luz diurna por un tragaluz de vidrios repartidos de un metro y medio de ancho por tres metros de largo. En la noche, ese espacio es iluminado por una araña de bronce con seis lámparas.

Las paredes de ese octágono están revestidas por mármol y cerámico traídos de Francia. Los marcos de las ocho puertas dobles están decorados con molduras. Y las puertas y la carpintería son de cedro con tallados.

Una de ellas conduce a la Sala de Lectura, el lugar de la casa donde los socios y jubilados pueden ir a tomar un café mientras leen los diarios o un libro. En ese lugar tienen una verdadera reliquia: un mesón de principios del Siglo XX, el cual se usó en las principales reuniones sociales y sesiones del gremio.

Los techos de todas las habitaciones, de una altura de unos cuatro metros, están finamente decorados con yeso.

La puerta enfrentada a la principal conduce a lo que era el patio de luz de la casa. Hoy ese lugar está cerrado y funciona como una gran sala de estar. Hubo un tiempo que ese lugar tenía balcones de madera en el mismo interior de la casa, en la cual había grandes jardines floridos y hasta los parrales que daban a la calle Sarmiento.

Debajo de todo ese patio, que ocupa la mayoría de la casa, hay un sótano ahora en desuso, ya que su entrada fue tapada. Pero durante décadas funcionó como un gran depósito.

Esa fue una de las grandes modificaciones que sufrió la histórica casa. Ocurrió en los ´90, cuando el sindicato le cambió pisos de madera que eran parte de la historia, revistió un gran porcentaje de las paredes con machimbre, quitaron los balcones de la gran sala interior y alquilaron parte del edificio para el funcionamiento de una clínica.

 

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