Ellos eran dos hombres rubios. Ella, una mujer vestida de guardapolvo blanco reluciente. Como en una clásica novela policial, acechaban a niños, los vigilaban cuidadosamente, y los subían a un de un auto negro.
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SUSCRIBITEEllos eran dos hombres rubios. Ella, una mujer vestida de guardapolvo blanco reluciente. Como en una clásica novela policial, acechaban a niños, los vigilaban cuidadosamente, y los subían a un de un auto negro.
Un hecho aterrador
Misterio y crimen
Al parecer, no todos los intentos de secuestro terminaron con un final feliz. De hecho, según testimonios policiales de la época, muchos eran concretados. Algunos de esos secuestros fueron resueltos por la policía, encontrando a varios niños maniatados y amordazados, y en estados de riesgo de salud.
Durante muchos años, los sanjuaninos vivieron en un constante estado de pánico. Padres e hijos, cada vez que salían de sus casas, quedaban envueltos en una profunda e incómoda sensación de terror. Ni qué hablar de aquellos padres que debían dejar a sus hijos en escuelas, o en sus propias casas con la persona que los cuidaba a diario. Llegó un momento en que ya nada daba confianza y se sospechaba de todo y de todos.
La policía de la provincia realizó una serie de Identikit para lograr la individualización de los secuestradores a partir de los datos que aportara la Sra. Moya. El día del intento de secuestro de su hija, la Sra. Moya había visto al que agarró a su hija, segundos antes de que la pequeña pasara cerca de él, haciendo algunas maniobras en el motor. Como si estuviera cerrando o abriendo la tapa del radiador. Y vio, en la cara interior del capot, el número 12. Este dato no fue menor, ya que con él, luego de una larga búsqueda, lograron encontraren vehículo y apresar a los secuestradores.
La policía se hizo lugar en el local del Servicio Social de la Municipalidad de la Ciudad de San Juan, porque de allí era el vehículo, y habló con el Sr. Guerra, entonces encargado de las movilidades del mencionado Servicio. Guerra, a pedido de los agentes comenzó a levantar el capot de todos los Kraiser Carabela que había allí. Fue, entonces, cuando dieron con el misterioso auto negro.
