Las lentes no lo quieren, los fotógrafos parece que menos, y por último los editores, hacen lo que pueden. Las imágenes de Josep Ratzinger, el Papa que subió a los cielos para volver a ser hombre, fueron y son definitivamente un problema editorial. Por Daniel Soler.
Las lentes no lo quieren, los fotógrafos parece que menos, y por último los editores, hacen lo que pueden. Las imágenes de Josep Ratzinger, el Papa que subió a los cielos para volver a ser hombre, fueron y son definitivamente un problema editorial.
Es facilísimo encontrar fotos incómodas e imprudentes para una figura tan relevante, incluida la última, esa de subirse a un helicóptero. (Los lugares de poder debieran no tener helipuerto, son una tentación al abandono).
Inténtelo usted mismo… desde el vuelo final, a sus días de cura raso con postura hitleriana, vaya a Google y busque imágenes de Benedicto XVI, hágalo con cuidado puede herir su sensibilidad,... o no.
Enredado en su capa con cuarta cara cubierta, media cara, cara completa, pelos bien punk, con arañas caminantes, sin ruedos, con manos levantadas en bendiciones que parecen amenazas, con comparaciones a los malos de una saga, con más trampa o menos de Photo Shop, (la publicadas son fotos reales sin tratamiento) al hombre siempre le costó la imagen y con esa dificultad, la santidad, y con la santidad, la de todo el poder de la Iglesia Católica al que renuncia por no poder más.
En el mismo intento busque a Juan Pablo II, y por el contrario verá que este se hizo Santo de arranque en el "fisic du roll", además, a esa apariencia se le agrega una obra hasta con tiros en su humanidad y se sobrepone (estaba por decir resucita), reaparece con cara de bonachón y perdonando al asesino, le vuelan palomas blancas a su hombro en la plaza de San Pedro, casi que sin decir palabra, la historia se abre grande, transmite, se le cree, conquista, se hace Santo, no claudica, aunque nada haya cambiado demasiado con su poder.
Los fotógrafos siguen allí, están listos aullando al humo blanco y a los obispos negros. Hay una historia de apocalipsis por escribir, y deben encontrar rasgos que hagan creíble la historia. Adentro piensan lo mismo, por eso preparan la foto y las mil palabras.
La imagen de un “click” no cambia la película completa pero influye más en la crisis con mayordomos infieles, denuncias inocultables, observatorios romanos con páginas amarillas, tecnología sin Dios pero Papa con twitter, y al gran poder de la Iglesia estrujado en el alma de un hombre que renuncia a su peso, a su imagen y a su cruz de dos mil años. “Click”.
Incluida la Iglesia todos buscan un milagro, creo que el único posible es invisible a los ojos.