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EN CONSTANTE CRECIMIENTO

Músico 24 horas al día

Desde hace cuatro años es el compositor de la Fiesta Nacional del Sol, pero la trayectoria de Lucio Flores viene desde mucho tiempo atrás. En su historia compartió escenario con grandes como Nito Mestre y Juan Carlos Baglietto. Las pilas para seguir aprendiendo y creando no se terminan más. Por Jorge Balmaceda Bucci.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Jorge Balmaceda Bucci

Nació músico, pero fue en su adolescencia cuando su don se topó con un teclado. Una hepatitis le obligó a mermar su vertiginoso ritmo deportivo y le abrió la puerta de los acordes y las melodías. Desde entonces Lucio Flores no ha parado de crecer y deleitar a la provincia, al resto del país y un poquito más allá.

Fue a los 17 años cuando un piano apareció en su vida. Fue un flechazo total. Y a su vez, este particular instrumento de cuerdas se convirtió en el cómplice perfecto para vencer la barrera de la timidez frente a las mujeres, toda una movida en la cabeza de un adolescente. En la génesis de su carrera, con unos cuantos intentos fallidos de ceñirse a la enseñanza de la escuela de música local, formó un grupo con un hermano y los ‘covers’ de las bandas más representativas de esa época se fueron escuchando en diferentes pubs. “Creo que me tocó vivir la mejor etapa del rock argentino. Yo escuchaba León Gieco, Abuelos, Sumo, Charly y otros monstruos”, recordó.

Los consejos de Rodolfo Ruiz –“tal vez mi primer maestro y un gran amigo”- y la cercana relación con el grupo Vida le permitieron a Lucio llevar sus cualidades a Mendoza. Con más cancha frente al público, y haciendo oídos sordos a los calificativos de “vago o hippie” ligados socialmente por aquellos años a los músicos, su despliegue en escena aumentó unos cuantos puntos. Tal situación no pasó desapercibida para ‘grossos’ como Nito Mestre, David Lebón, Rubén Goldín y Juan Carlos Baglietto, quienes le contactaron para sumar las melodías de su teclado a sus respectivas presentaciones. Esto hay que situarlo entre 15 y 20 años atrás y desde entonces conserva importantes relaciones profesionales y personales con ellos.

Todo marchaba sobre ruedas y como buen hockista –ver recuadro aparte- disfrutaba como niño de cada experiencia. De cada momento nuevo que la música le regalaba. Pero aún quedaba un lado suyo por explotar: la composición. Hasta ese momento, una dosis de timidez y otra de prejuicios propios mantenían su creación limitada a su círculo cercano. La aparición de Pablo Maldonado, “un músico de la hostia”, le dio el empujón que necesitaba para cruzar la línea que separaba su arte de la sociedad. Así nació ‘Sincronías’, el primer y único CD que a día de hoy ha presentado. Flores tiene al menos material para armar cuatro placas más, pero eso descansa en su computadora. Vaya a saber uno hasta cuándo.

Con la camiseta de compositor puesta, la vida lo llevó a dotar con su clase diferentes comedias musicales del país. Una etapa muy productiva para Lucio, que sirvió de telonera para su arribo a la Fiesta Nacional del Sol. Rolando García Gómez, director musical de la fiesta más importante de la provincia, lo fue a buscar y desde hace cuatro años se encargan en conjunto de musicalizar los días que dura el espectáculo. “Es realmente un orgullo. No fue algo que buscara, pero sí lo anhelaba”, confesó Flores.

El presente le tiene metido las 24 horas del día en su estudio. El mate, los cigarrillos y una faja para corregir la postura son la fiel compañía de este estudioso de la música de 42 años. Su frase preferida es “sorpréndeme”, que traducida desde sus labios significa que nunca se cansa de aprender, de crecer, de crear una nueva melodía. Se siente “un afortunado” por vivir de la música, pero no se duerme en los pocos o muchos aplausos que haya podido conseguir.

Siempre quiere algo más. Sin ir más lejos, afirmó que, en el tiempo que lleva en la Fiesta del Sol, no hay ni un fragmento de melodía repetido de un año al otro. Y dejó en el aire una frase que sonó a cuenta pendiente: “Creo que a todos nos gustaría tener una banda de músicos sanjuaninos permanente en el escenario de la Fiesta del Sol, pero los tiempos nos matan”.

Patines, estudios y bar
El hockey sobre patines ocupa una importante página en la vida de Lucio. Desde muy pequeño se calzó los patines para defender los colores del Club Deportivo Estudiantil. Años más tarde, ya en la primera división, se proclamó campeón de varios torneos locales y nacionales junto a Alfred Bridge y Federico Aranda, entre otros.

Ubicado en la posición de ‘win’ –“a pesar de mi altura”-, Lucio recordó con mucho cariño su tiempo como deportista de elite. Y lo más fresco que conserva en su memoria es la final intercontinental que jugaron en España contra el Liceo: “Allá estaba Daniel Martinazzo y Roberto Roldán y ese día nos dieron por todos lados. Más allá del resultado, la experiencia fue extraordinaria”. Tras esto vendió los patines para comprar su primer teclado y a partir de ahí la historia tuvo otro sonido.

Como estudiante se destacó por su modestia. Nunca se llevó una materia en el secundario y en la facultad se metió en Ingeniería Eléctrica. Iba como el viento hasta que abandonó en cuarto año. “Una vez me saqué un 10 y me dio vergüenza”, apuntó Lucio acordándose de la etapa estudiantil.

Donde tuvo más protagonismo fue en la noche sanjuanina. Invirtió junto a su hermano en un bar y clavó un golazo. Disfrutó como propietario de los años dorados de Urquiza Bar.

FRASE
 “No me imagino el mundo sin música”.

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