Por Michel Zeghaib
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Fue un asalto minuciosamente orquestado. La banda se hizo famosa por aquel tiempo. Se apoderaron de una caja fuerte que contenía elementos de mucho valor. La víctima fue el señor Carlos Coscia, propietario de una joyería. Lo siguieron desde su negocio hasta su casa haciendo el recorrido que a diario Coscia realizaba. Lo tenían perfectamente estudiado. La banda era muy organizada. No eran uno o dos, ni siquiera tres los que la conformaban. Y, si bien no atacaban todos juntos sino de a dos o tres, eran muchos, aunque durante algún tiempo, costó saber con exactitud cuántos.
Entraron a la casa. El dueño estaba en ella. Se enfrentaron. Coscia intentó resistirse. Forcejeó durante algunos minutos con uno de los delincuentes quedando herido con cortes en varias partes de su cuerpo cansado por la lucha. Coscia cayó al suelo, debilitado. Los tres delincuentes que entraron a la casa –les había tocado a ellos este asalto– procedieron a llevarse todo lo que encontraron valioso: oro, joyas y dinero. Otro esperaba afuera, en un Ford Taunus color gris (tenían otro: un Fiat 128 color verde). Segundos antes de que estos tres finalizaran la tarea, un vecino se acercó, sospechando que algo pasaba. Lo habían sorprendido algunos gritos. Entró a la casa. La puerta estaba abierta. Los forajidos esperaban detrás de ella. Y dieron la estocada. Le golpearon la cabeza. El vecino cayó desmayado, y escaparon.
La banda estaba formada por personas muy conocidas entre los sanjuaninos, pero permanecían como desconocidos por el hermetismo que las autoridades que llevaban adelante la investigación tenían que guardar debido a la falta de datos y evidencias que estos forajidos dejaban en su accionar delictivo. Aunque había algunos detenidos, el silencio respecto de procedimientos y resultados permaneció oculto durante varios días. Las crónicas del momento dan a entender que eran cuestiones de estrategias. Es que uno de los que formaban parte de la banda, el líder, era un abogado penalista del foro local, Jorge Montilla, que residía en calle San Luis 445 (este) entre Aberastain y Jujuy, lugar donde funcionaba la base de operaciones de la banda. Y junto a él, ocho personas más.
Luego de cada operación, se separaban. Cada uno tomaba un rumbo diferente a cualquier parte del país, incluso fuera de él. Luego, cuando aparecía otro “negocio” (como ellos le llamaban), volvían las comunicaciones en clave. Volvían a reunirse, aunque tratando de no aparecer demasiado en la casa de calle San Luis, para no levantar sospecha. Los trabajos que realizaban no eran sólo en San Juan. También realizaron sus “negocios” en otras provincias de la Argentina.
El lunes 19 de enero del mismo año, la policía hizo un allanamiento en una casa ubicada en calle Lemos y 5, donde encontraron y secuestraron una cantidad importante de elementos pertenecientes al grupo. El miércoles 21, el hermetismo seguía. En la opinión pública abundaban las conjeturas, pero no pasaban de eso. Para el sábado 24 de enero, ya se hablaba de que los abogados implicados no eran uno, sino tres. Recién el lunes 25 (mismo mes, mismo año) la policía daba la esperada conferencia de prensa para poner al tanto a los sanjuaninos y a país, los resultados de las investigaciones.
Lo paradójico de todo esto era que la banda había planeado que el asalto al señor Coscia iba a ser el último. Bueno, de hecho así fue.
LA BANDA
Jorge Montilla (abogado penalista y líder de la banda)
Toto Solari
Osvaldo Caballero
Hugo Giménez (alias el tucumano)
Francisco Vicente Cattani (alias pancho, psicólogo)
Roberto Jofré (alias el tiburón)
Carlos Alberto Cassanova
Carlos Hugo Nevada (alias el lechón)
José Narciso Valdéz (alias el jeta)
ALGUNOS DE LOS ASALTOS
Casa D’amfin (Bs. As.)
Cambio Santiago (S.J.)
Depósito de Seven-Up (S.J.)
Varios domicilios particulares.
INSTRUMENTOS DE TRABAJO
municiones
rifle calibre 22
2 escopetas calibre 16
1 pistola Broowning 9 mm con la inscripción de Policía Federal Argentina
1 pistola Bersa calibre 22 con cargador
145 cartuchos 9 mm
1 caja de municiones calibre 22
5 cartuchos calibre 38
16 cartuchos para escopeta calibre 16
2 cartuchos calibre 32
1 escopeta de dos caños recortada
1 revolver Colt
1 peluca, ropa utilizada para disfraces, medias y capucha
2 autos: Un Ford Taunus (gris) y un Fiat 128 (verde limón)
EL PRECIO DEL MIEDO
La delincuencia, en los últimos tiempos, ha sido el pan de cada día tanto de los ciudadanos como de la proliferación de empresas de protección y seguridad privada. Hace algunos años atrás, había unas pocas compañías dedicadas a esta tarea; hoy, superan un número imaginable y se especializan en diversos productos o servicios para seguridad. El negocio de la seguridad humana ha crecido mucho y se ha diversificado mucho también. Sin dudas, el miedo tiene su precio.
Sin embargo, la delincuencia no ha desaparecido y las experiencias de impotencia de no poder hacer nada al respecto de la inseguridad e impunidad persiguen a sol y sombra a las sociedades modernas. San Juan es una ciudad que va creciendo en delincuencia. Son conocidos por muchos sanjuaninos la cantidad de “temas pendientes” que tiene la Justicia local y, junto a ellos, los casos sin resolver que todavía causan dolor.
En dos notas publicadas en Tiempo de San Juan en el año 2012, el periodista Gustavo Martínez presentaba datos que muestran como está el panorama en temas de Justicia en nuestra provincia. En una (Sábado, 11/08/12) muestra que “en el 2007 el 70 % eran condenados y el 30 % detenidos. Ahora, el 60 % son sospechosos y el 40 % condenados”. En la otra (Lunes, 10/09/12) expone que “más de la mitad de los delitos siguen impunes, y que los jueces resuelven menos del 5 % de las causas”. Así están las cosas.
