La misma pasión con la que puntea su entrañable bajo es la que pone desde que tenía 8 años, de domingo a domingo, en su puesto de diarios. Darío Gordillo –hoy con 30 años- lleva dos décadas y monedas siendo de nexo entre los medios gráficos y los lectores. El próximo 7 de noviembre celebrará el Día del Canillita con “un asado y unos buenos vinos”, pero antes compartió con Tiempo algunas perlas de una vida que discurre entre el laburo y la música.
El ‘Dormilón’ Navarro, abuelo de Darío, fue quien eligió la esquina de 9 de Julio y Av. Rioja para poner una parada de diarios. Bajo la sombra de una mora montó un proyecto que con el tiempo pasó a manos de su hijo, y pocos años después a las de su nieto. ‘El canillita-metalero-motoquero’ tiene muy fresco dos grandes momentos en la vida del emprendimiento. “Una fue más o menos en el ‘95 cuando mi viejo decidió poner el kiosquito –la estructura de metal- y la otra, y tal vez la más importante, fue cuando pasé de la bici a la moto a la hora de hacer el reparto. El cambio fue impresionante”, comentó Darío entre risas.
Un asalto “por 4 mugrosos pesos”, un puñado incontable de correteadas de perros y algunas bombitas traicioneras en verano para que dejara de hacer sonar la bocina son algunas de las anécdotas que Gordillo fue cosechando a lo largo de su carrera como canillita. Un oficio que desde hace años complementa con su amor por el heavy metal –en estos días está sumergido en el proyecto de armar una banda- y los paseos con los miembros de la agrupación motoquera Ruta 40 –que en enero cumple su primer aniversario-. “Son mis grandes pasiones. En cuanto tengo un hueco aprovecho para tocar el bajo o pegarme una vuelta con los pibes de la agrupación, nunca viene mal desconectar del laburo”, afirmó Darío mientras su hermano Ángel le echaba una mano con la clientela para que terminase tranquilo la nota.
domingo 5 de abril 2026





