Tienen la mejor vista de las piletas y los cinco sentidos puestos para que las personas disfruten de baños refrescantes, divertidos y seguros. Laburan todo el año (en invierno en las piletas climatizadas), pero su momento de esplendor es el verano, donde sus cuerpos al descubierto despiertan la admiración de más de una bañista. Algunos los conocen como bañeros, pero ellos dejan claro que son guardavidas.
Rodrigo Madrid, Hernán Riquelme, Pablo Balmaceda, Gonzalo Augusto y Leonel Araoz son cinco fieles representantes de la logia del salvavidas, el silbato y las gafas de sol –“mientras más oscuras mejor”, tira uno de ellos, “así te aseguras que si se te van los ojos con una chica no quedas en evidencia”-. Muchos ojos se clavan en sus cuerpos ‘todoterreno’, pero ellos, según confiesan bajo la sombrilla del doble sentido, tienen que “estar atentos a todo”.
Rodrigo, empleado del Club Banco Hispano, se metió en el rubro hace dos años, tiempo más que suficiente para cosechar anécdotas de todos los colores. “En una ocasión vino una nena y me dijo que había algo extraño flotando en la pileta. Me tiré para ver que era y me encontré con un ‘tereso’. Una experiencia increíblemente asquerosa. Obviamente, nunca dimos con el autor del hecho”, comentó entre risas.
Los cinco entrevistados reconocieron que su profesión cuenta con un plus a la hora de conquistar al sexo opuesto, pero que no todos hacen uso de esa ventaja. Por ejemplo, Pablo y Hernán aseguran que en la pileta del UOM son frecuentes los piropos que reciben de mujeres de diferentes edades, pero antes que nada está el sentido de la responsabilidad. Esta pareja de guardavidas recordó la siguiente historia: “Estábamos sentados un día y un chico empezó a pedir ayuda. Mientras íbamos cruzando para sacarlo, un amigo suyo se tiró a rescatarlo, pero se olvidó que tampoco sabía nadar. Al final, terminamos rescatando a los dos”.
En el Centro Valenciano la responsabilidad de custodiar la piscina la comparten Gonzalo y Leonel. Estos pibes ya se han ganado el cariño de todos los socios, con los que comparten charla tras charla sin despegar la mirada de la zona de riesgo. Gonzalo contó entre risas que una vez le tocó “rescatar un choripán”.
Leonel, por su parte, aseguró que “cada tanto alguna chica se hace la que se ahoga para que la rescatemos” y sumó una historia más a su repertorio: “Un 25 de diciembre, con la pileta a reventar, saqué a un chico de 4 años antes de que se hundiera. La gente me aplaudió, pero lo más loco es que tiempo después el nene resultó ser el hijo de una amiga de mi novia. El chiquito se acordaba de todo y otra vez aparecieron los agradecimientos”.





