Se le empezó a entrecortar la voz, se tomó unos cuantos sorbos de agua, enmudeció. Pocas veces se lo vio así a José Luis Gioja, con pánico en las palabras. Minutos antes había recordado que estaba en su primera sesión de tortura, removiendo recuerdos de los ’70 ante un tribunal que lo trataba de ingeniero y no de gobernador. “En algún momento me dejan tirado. El efecto de la picana a uno lo relaja, lo deja de cama. Y alguien me dijo ‘que entre Rosa Palacio’, mi mujer…”. Se quebró. Al momento retomó: “ahí pegué un grito, cómo habrá sido el grito que pegué que me llevaron de vuelta abajo. Y ahí me quedó en la cabeza que mi mujer estaba ahí. Por suerte después no estaba. Me acuerdo cuando estaba subiendo las escaleras escuchaba alaridos cuando nos picaneaban a nosotros nos ponían una estopa en la boca….”
jueves 2 de abril 2026





