Empresarios: Eduardo Grossi

“La joyería es tradición familiar desde 1897”

Es el propietario de una de las joyerías más antiguas y prestigiosas de la provincia; en San Juan la firma cumplió 77 años pero su abuelo era joyero en Bolívar. Dijo que el comercio debe expandirse al menos 10 cuadras y que no cree que la provincia aplique el horario de corrido como en Buenos Aires. Por Viviana Pastor.
miércoles, 23 de mayo de 2012 · 09:27

Una pareja encargaba unos anillos muy especiales y del otro lado del mostrador Eduardo Grossi  les explicaba las propiedades del platino y por qué es más caro que el oro.

Conocimientos del tema no le faltan, nació entre relojes y joyas, su padre abrió en San Juan la joyería Grossi en 1935,  es decir que en la provincia la familia tiene 77 años de experiencia. Pero la tradición es anterior, ya que su abuelo se inició en el rubro en 1897, en Bolívar (Buenos Aires), recién llegado de Italia.

Grossi es consciente de que como comerciante su talento ha sido poder mantenerse vivo en un rubro muy difícil, que deja de tener sentido en épocas de crisis. Grossi no amplió, no abrió sucursales, no duplicó empleados, pero supo mantenerse en pie y asegura que ahora venden “muy bien”.  

“Las épocas de mucho crecimiento fueron las de los ’90, después se complicó, con la crisis del 2000, el cambio en el consumo, la disponibilidad para estas cosas, porque la gente primero come. Pero por suerte es un rubro que siempre está, porque a lo mejor no te comprás para vos pero sí para regalar a la ahijada, al sobrino o al nieto, entonces se va renovando la clientela, que además es muy fiel y viene por el servicio y por la forma de atender”, señaló Grossi.

Aseguró que en su rubro, como casi todo el comercio, las crisis los golpean al final pero también son los que más demoran en salir de ellas. “Cuando se sale de una crisis la gente empieza a tener tantas necesidades que lo menos importante no lo consume, pero una vez que se sale, hay para todos”, dijo.

Eduardo se crió en la joyería, sabía los secretos de esos productos y se hizo experto en ventas. En las labores de taller sólo se anima a cosas sencillas, las cosas importantes las manda a Buenos Aires donde tienen la última tecnología, como máquinas de 4.500 euros, una inversión que no se justifica para provincias chicas como ésta.

Al empresario siempre le gustó el rubro familiar, pero también incursionó en la venta de calzado y en el ’87 abrió una zapatería con un amigo que tenía depresión. Cuando el socio se repuso, le vendió su parte, pero Grossi no pudo mantenerla por mucho tiempo ya que también estaba al frente de la joyería familiar. Así que, después de 10 años, vendió ese negocio y se quedó entre los anillos.

“Es un negocio muy lindo, tiene de negativo la inseguridad, la presión encima, porque nos robaron en el ’96 y en el ’03, en el mismo lugar que estamos ahora; hubo que acostumbrarse  a trabajar abriendo y cerrando la puerta, no era fácil, pero se superó”, señaló. Sus esperanzas están puestas en su única hija Lucía, de 26 años, que estudió Diseño Industrial y ahora analiza realizar un post grado en diseño de joyas en Buenos Aires.

Explicó que si bien hay negocios que evolucionan muy rápido, él es de los que van lento, pero a paso seguro. “Yo pienso demasiado las cosas, si hay que quedar mal prefiero quedar mal yo pero no el cliente, son cosas que las nuevas generaciones no entienden, tienen otra forma de pensar. Ahora desde la educación hasta el sentido de familia, está todo muy cambiado, hemos ganado algunas libertades importantes pero hay que tener límites, sobre todo en los chicos”, reflexionó. Luego contó que los emprendedores jóvenes se ponen un negocio y a los 15 días quieren ver ganancias, “no es así, a veces hay que esperar años para ver ganancias porque el negocio no es sólo eso, es ubicación, proveedores, clientes, saber estar cuando lo necesitan.
Además, la historia en San Juan cambió respecto de años atrás, cuando el comercio se movía sólo por la administración pública y cuando ellos no cobraban al comercio le iba mal. Pero hoy, gracias al movimiento agrícola y minero, gracias a Dios, se expandió el universo”, destacó.

Para Grossi este desarrollo económico de la Provincia sí se ha reflejado en su negocio. El secreto de cualquier comercio chico, aseguró, es una conducta ejemplar. “Lo que nos ayudó a crecer, a mejorar y a superarnos ha sido la constancia, perseverancia y conducta, el resto viene solo”, aseguró.

“Si me tengo que recriminar algo es no tomar riesgos, como los crediticios, porque no podemos estar pendientes del trabajo para poder pagarle el banco. Son etapas distintas las vividas, en esta época se trabaja bien y se vende bien, el secreto es tratar de deber lo mínimo que se pueda. Otro pilar es tratar de vender siempre la misma calidad”, aconsejó.

Luego contó que después de la crisis de 2001 ayudó que se popularizara el uso de las tarjetas de débito y crédito, que trajeron ventajas sobre las viejas cuentas personales.

En la conducción

Con la experiencia de una vida en el comercio, Grossi fue dos veces presidente del Centro Comercial de San Juan y actualmente es vicepresidente. “Fui presidente en dos periodos en la etapa de Alfredo Avelín gobernador, la pasamos muy mal, con los sueldos atrasados de los estatales, fue muy difícil esa época”, admitió.

También cuestionó la falta de participación de los empresarios del sector. “En el Centro Comercial somos como los bomberos, nos buscan cuando tienen el incendio encima, que si la AFIP, que el abogado, que las leyes laborales, ¿por qué esperan a último momento? Por eso les decimos ‘sean socios, participen de las reuniones’, es una vez a la semana y le puedan dar orden a las cosas en tiempo y forma”, aconsejó.

Por esta falta de compromiso, Grossi opinó que antes los comerciantes estaban más unidos y que ahora están “un poco desbandados”.

También se quejó de la Feria de las Artesanías “porque se llevan toda la plata. Nosotros quisimos hacer una feria para sacar el stock de la temporada, pero en formato feria, afuera del local como algo más informal, pero no se dio”, contó.

Sobre la posibilidad de que en San Juan se instale el horario de comercio de corrido como en Buenos Aires, Grossi dijo que no lo ve factible. “No creo que San Juan lo llegue a aplicar, casi todas las provincias de la cordillera funcionan como nosotros, salvo el Sur, en La Rioja por la tarde abren a las 18 y cierran  a las 22. La estructura de San Juan permite que el empleado en 20 o 15 minutos esté en su casa, almuerza tranquilo y vuelve. En la época de mi padre se abría de las 15,15 hasta las 19,1 5, pero entonces no había híper ni súper de competencia que siguen hasta las 22”, comentó.

La posibilidad del horario corrido se habló en el seno de la agrupación de comerciantes, pero entendieron que había que hacer inversiones para darle un espacio apropiado a los empleados para almorzar y muchos comercios son chicos, sin espacio disponible. “No sería malo el horario de corrido, pero mientras San Juan tenga, es egoísta lo que voy a decir, mientras tenga un sólo centro importante con mucho movimiento mañana y tarde, con este clima de inviernos fríos y cortos y veranos intensos y largos, es complicado hacer esa modificación. Este año tal vez se pueda adelantar media hora y abrir a las 16 y cerrar a las 20, lo vamos a analizar”, dijo.

La intimidad

Lucía es la que continuará la estirpe joyera de los Grossi en San Juan, aunque Eduardo ya le está pidiendo nietos a su única hija, ella planea su perfeccionamiento en Buenos Aires.
“Tengo la desventaja ventajosa de tener mi suegra en Santa Fe, así que cuando tengo unos días nos vamos a verla. Con mi mujer, Nora, somos bastante compinches y vamos al cine, al teatro, pero no somos de salir mucho al exterior, sólo fui a países  limítrofes: Uruguay y Chile”, señaló.

Con sus 57 años, Grossi dijo que el poco tiempo libre que le queda lo dedica a la familia y a los amigos. “En algún momento hacía bicicleta, pero ahora poco y nada. Me gusta pasarlo en familia, en mi casa soy el que arregla todo lo que se desarregla. La gente del comercio está  muy atada al horario y por ahí yo vengo al local el sábado en la tarde, o el domingo, porque siempre hay que estar pendiente de algo, por eso cuando tengo un rato libre es para descansar”, aseguró.

Hay que agrandar el centro

“Al centro hay que agrandarlo, darle mejores locales y que se emparejen los alquileres porque acá son extremadamente altos a lo que el comercio puede pagar”, dijo. Apuntó que la única forma de ampliarlo es sacar los colectivos del micro centro y llevarlos más lejos, algo que desde hace varios años se viene anunciando. La idea es que modificando las vías de acceso al centro, haciéndolas más ágiles, más rápidas y llevando la gente hacia afuera, se modificaría la ruta del cliente.

 “Eso nos daría amplitud, creemos que se necesitan unas 10 manzanas más si mandamos los colectivos por avenida España y que haya uniones en las calles más adelante. El tránsito por La Rioja también puede ir más al Este pero lo cierto es que el centro se extiende hacia el Oeste. Sería bueno sacar el boulevard de la avenida Libertador y la Córdoba. Pero sabemos que es difícil, no es tema específicamente nuestro. El día que entiendan que el comercio se puede ampliar mucho más, que sería más ventajoso, tal vez se logre”, dijo.

La familia joyera

El abuelo Grossi llegó al país en 1897 y se instaló como joyero, aunque su nieto dijo que estaban más dedicados a la platería gauchesca, espuelas, estribos, etc. El abuelo falleció muy joven y la abuela les dijo a los cuatro hijos que había que expandirse. Así fue como en el año 1935 llegaron a San Juan donde compraron la joyería Haas, ubicada en calle Rivadavia antes de General Acha. El terremoto del ’44 la tiró abajo y los Grossi se mudaron a General Acha 116 Sur donde estuvieron hasta el ’50. La abuela falleció en el ’57 y los hermanos se repartieron los negocios de Bolívar y San Juan y uno se fue a Buenos Aires. Hasta el ´70 el papá de Eduardo mantuvo la joyería en sociedad con un hermano,  hasta que éste fallece. En el ’93 Eduardo le pidió a su padre que se muden a un local más chico y funcional; su padre decide retirarse y lo habla con sus hijos. “Tengo un hermano médico, otro es Juez de Faltas y una hermana Profesora de Matemáticas y Física y no les interesaba, yo lo consulté con mi señora y decidimos quedarnos con el negocio y compré la parte a mis hermanos que estuve pagando durante casi toda esa década”, contó.

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