Historias

La maravilla de Martínez y la conexión con los sanjuaninos

En la maravillosa entrevista que le hizo Alejandro Fantino, el boxeador habló de su milagro personal y un detalle clave para que le pasara lo que le pasó que lo conectó con los sanjuaninos. Mirá cuál es. Por Sebastián Saharrea.
miércoles, 02 de mayo de 2012 · 19:26

Maravilla Martínez no sólo es un prodigio como boxeador, uno de los tres mejores y más taquilleros del mundo. Está en Argentina rodando por los medios: hizo stand up –una dificultosa y bien yankee manera de hace humor- en Duro de Domar con buen resultado –especialmente por tratarse de un debutante- y el lunes protagonizó una muy comentada entrevista con Alejandro Fantino en América TV.

Maravilla es también un homenaje al sacrificio, a la constancia y a la confianza en uno mismo. Hijo de la crisis, emigró a Europa en el 2002 con un puñado de dólares, trabajó en todo el abanico de empleos destinados a ilegales en España, fue encarcelado, hizo la cola para recibir alimento estatal, pasó hambre y siguió entrenando, pensando en esa chance que algún día le llegaría. Le llegó, y cómo: hoy pelea por bolsas millonarias en dólares, pero él no se la cree.

Sigue siendo el pibe de Claypole que hacía techos y en los ratos libres soñaba en un gimnasio.

En ese click, hubo espacio para que el destino hiciera lo suyo. Contó con Fantino que había llevado a España una carpeta detallada con sus antecedentes boxísticos –era campeón argentino- y los contactos para telefonear, pero se la robaron junto a una valija en un hotel.

Hasta que encontró en el bolsillo de un pantalón de entrenamiento, bien escondido en un agujerito, un papel con un teléfono que apenas se leía. El número era de un entrenador en España, también argentino que emigró como él, y hoy sigue siendo su entrenador, además de un hombre clave en su carrera: Pablo Sarmiento.

Al papel se lo había dado un entrenador veterano en Argentina: “Pibe, así que usted quiere irse a España? Guarde este número que le va a servir”, cuenta Maravilla que le dijo el hombre, a quien definió como un “gran tipo”. Ese hombre era el “Gallego” Pradeiro, y el papelito fue al bolsillo y de allí al olvido, hasta que lo encontró en la pensión española.

Pradeiro era un viejo sabio del boxeo, fallecido hace pocos años. Y entre sus pupilos más brillantes figura nada menos que el sanjuanino Víctor Federico Echegaray, a quien Pradeiro atendió en sus dos peleas por el título del mundo junto al glorioso Tito Lectoure. Y otro sanjuanino más: Néstor Mario Cabello –el último campeón argentino de San Juan- era pupilo de Echegaray y atendido por Pradeiro cuando viajó a Alemania.

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