Falleció anoche

Ana Gualino de Estornell, semblanza de una mujer sensible y fuerte

Tuvo un rol activo como empresaria, pero lució también en otra faceta: atender el déficit social y contribuir con la cultura. El perfil de una mujer que debió atravesar por las fatalidades. Por Sebastián Saharrea.
lunes, 16 de abril de 2012 · 11:43

Fundadora de Canal 8, empresaria vitivinícola, benefactora de la Casa Cuna, creadora e impulsora de Mozarteum filial San Juan. Todos esos hitos figuran en el currículum de Ana Gualino de Estornell, pero quizá lo más gravitante sea lo que no se puede encasillar en la fría letra de los antecedentes: quienes la rodearon en vida recuerdan en Ana a una mujer extremadamente sensible y luchadora, de mucha presencia en sus empresas y de una fortaleza más allá de lo común que le permitió sobrellevar el dolor de los golpes que tuvo que recibir en vida.

Nació a la vida empresaria de la mano de Jorge Enrique Estornell, su esposo, un verdadero visionario entre los empresarios sanjuaninos. Con él impulsó no sólo la señal de Canal 8 –decana de los medios televisivos en la provincia- sino también el canal 7 de Mendoza y el 6 de San Rafael. Su presencia no fue anecdótica: a menudo preguntando y tomando decisiones, especialmente después de la desgraciada muerte de su marido.

Estornell falleció en un accidente aéreo cuando iba en helicóptero hasta Barreal, donde la familia recalaba con frecuencia y desarrollaba varios negocios. Fue el 1 de mayo de 1990, cuando la nave conducida por el piloto José Pepe Liciardi y ocupada además de Estornell por el empresario Jorge Coll y el mayor Pedro Gallardo cayó a tierra en las estribaciones del cerro El Tontal. San Juan quedó conmocionada durante días porque no había datos del helicóptero, hasta que fue encontrado con sus ocupantes muertos.

Esa desgracia hizo que doña Ana tomara un rol más activo en sus empresas, que a esa altura eran no sólo los canales y las propiedades inmobiliarias sino también una bodega de las más importantes de la provincia. Las riendas empresarias quedaron en manos de Héctor Daniel Estornell, uno de los hijos del matrimonio, pero la fatalidad volvió a golpear la puerta: Héctor falleció repentinamente y dejó no sólo un hueco importante en la conducción empresaria sino en Ana, quien debió soportar otro duro golpe sumado al trágico fallecimiento de su esposo y de otro hijo cuando era niño. La empresa quedó en manos de Raúl Estornell y al poco tiempo fue vendida al grupo Vila, sus actuales propietarios.

Pero Ana no se retiró de las funciones que venía cumpliendo en la faceta social, y fue allí donde agrandó su reconocimiento. Impulsó la creación de la filial local del Mozarteum y se dedicó a atender a los niños sin hogar desde la Casa Cuna.

“Tenía una gran visión, una sabiduría y el arrojo que da la experiencia para saber que a las cosas hay que hacerlas. Fue una persona de gran nobleza. Y desde el punto de vista humano, fue un gigante. Siempre te hacía sentir único. Tenía una gran inteligencia emocional y una gran inteligencia práctica”, la definió Eduardo Savastano, un ejecutivo que gerenció las empresas de Estornell durante varios años y que hoy ocupa un lugar destacado en la Fundación YPF.

Y agregó: “fue una mujer de gran fortaleza, capaz de atravesar los momentos felices y los muy duros que le dio la vida. Refinada sin ser extravagante. Y especialmente muy criteriosa”.


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