Personajes: Nélida Martín

¿La dama de hierro?

martes, 10 de abril de 2012 · 08:54
Por Viviana Pastor

Se la conocía como la mujer de mano dura, se le llegó a decir “la dama de hierro”, como a Margaret Thatcher. Su imagen ejecutora, dedicada 100 % a su trabajo, hizo circular mitos en torno a su figura de mujer dominante y ella es consciente de eso. “He sido muy exigente porque era necesario, no se podía triunfar sino era así. No podía ser de otra manera. Además trabajaba rodeada de hombres, yo no podía ser débil”, admitió.

Cuando empezó a hablar del banco y la fotógrafa intentó hacer la primera toma, Nélida le dijo: “esperá que no me he pintado los labios”. Esa mujer de 77 años, cabellos platinados y ojos celestes profundos, no había perdido la coquetería. Estaba de punta en blanco, con su collar de perlas blancas, pollera negra y una blusa con flores de tela.  

Dijo que no le teme al esfuerzo y que en la vida no vale deprimirse sino superarse. Eso lo aprendió desde chica, cuando su padre, Sebastián Martín Moreno, que era comerciante, perdió todo lo que tenía con el terremoto del ’44 y la familia se fue a vivir a Tucumán. De allá se vino con 28 años y antes de recibirse de contadora ya estaba trabajando para empresas privadas y para el gobierno en forma simultánea.

“He sido pionera, fui la primera subsecretaria de Hacienda la Provincia, la primera mujer en ocupar un cargo de relevancia”, destacó.

También fue titular de la Dirección de Arquitectura,  tuvo a cargo Obras Sanitarias Sociedad del Estado, fue síndico en el Banco San Juan, secretaria de Hacienda y Ministra de la misma cartera. “Son tantos cargos, no me acuerdo el orden, me voy a tener que hacer un currículum”, bromeó a las risas Nélida.

Cuando era gobernador Leopoldo Bravo, en 1983, la convocó como interventora del Banco San Juan. “El doctor Bravo un día fue a visitarme al banco porque las lenguas envidiosas le habían dicho que ‘¡cómo estaba yo ahí!’. El les dijo: ‘no tengo una sola queja de Nélida Martín, si son capaces de hacer lo mismo, la saco’. Y ahí se acabó la historia”, recordó.

Martín era elegida para ocupar cargos públicos por su capacidad, no por militante, su afiliación al Justicialismo la hizo cuando ya era mayor, por eso aseguró que con todos los políticos se ha llevado bien.

“No puedo hacer una escala de los mejores, con Bravo me he llevado muy bien, él era paternal, nunca tuve dificultades, nunca me llamó para preguntarme nada. Con Escobar, él dijo: ‘Ella va a apagar la luz cuando yo me vaya’. Y con Gioja (José Luis) trabajé en el Senado muy bien, cada uno cumplía su rol. Creo que Gioja es un gobernador privilegiado porque sabe mucho de política, Gioja es un súper maestro de política y la Presidenta le debe consultar muchas cosas y si no se las consulta él se las debe decir igual”, opinó.

El último cargo público que ocupó fue el de Senadora, ya estaba jubilada como asesora de la municipalidad de Capital, donde trabajó en dos oportunidades, primero con Javier Rodríguez Castro, como Jefe de Gabinete; y después durante la intendencia de Javier Caselles, como Secretaria de Gobierno. “Dejé ese cargo y me jubilé, ¡maldito el minuto!, porque ahora tengo una jubilación vieja y no me jubilé como Senadora, no me estoy muriendo de hambre pero no se compara una jubilación con otra”, aclaró.

A senadora llegó de la mano de José Luis Gioja, que fue quien la eligió y la puso en la lista, terminaron ganando. “El Senado no era lo mío, no es lo que más me gustó, a mí me gusta la gestión, hacer cosas, eso me apasiona; y mientras más difícil es, más lindo porque más obliga a la mente a buscar recovecos para resolverlo”, dijo.

Cuando terminó el periodo en el Senado, Gioja le preguntó qué quería hacer y le dijo que nada, había decidido retirarse y ya no quería seguir, “ya no podía soportar ningún cargo donde estuviera siempre con la inquietud del trabajo porque ya me sentía invalidada con mi problema de mala circulación”, señaló.

Nélida no se reconoce como militante política, nunca anduvo por los barrios, lo de ella fue competitividad pura. “Mis cargos no eran porque yo hiciera política, sólo incursioné cuando quise ser intendente de Capital. Y cuando fui Senadora tenía más vinculación con el partido, me había afiliado, tenía una intervención política distinta, pero mis cargos, salvo el Senado, ninguno fue por vinculación política. No voy a decir que no tenía relación con todos los políticos porque sí la tenía”, destacó.

Su actividad pública le impidió formar una familia. “Creo que  la meta de la familia está en el alma de cada mujer, no creo que haya alguna que no quiera formar una familia, pero la vida de estar más tiempo viajando y trabajando que en la casa no la tolera ningún hombre,  así que me quedé sin hombre”, dijo.

-¿Se arrepiente de eso?

-No me arrepiento porque todo lo que hice fue bueno, el resultado fue bueno para la provincia; porque una provincia fundida, como esta estuvo 2 veces, no le produce bienestar a nadie, toda la provincia sufre cuando el Estado no paga, no sólo sufren los empleados públicos. Es difícil de sobrellevar, seguramente sería más feliz si tuviera 3 o 4 hijos, pero adopté a los sobrinos y soy su segunda madre. La vida me quitó algunas cosas, pero me dio muchas otras.

-¿Qué extraña de las épocas de funcionaria?

-Nada. Yo creía que cuando me quedara en mi casa mi vida iba a ser triste y mi vida no es triste, es hermosa. Creía que el elixir de estar siempre en el frente lo iba a extrañar, pero la verdad que no, gracias a Dios que me ha dado mucha templanza, las cosas las tomo como son. Estoy disfrutando mi vejez.

Ahora se dedica a las plantas, a coser para sus sobrinas, a pintar, leer y hacer cuadros de flores secas. “Las plantas son mis amores. Es una delicia, es como si te limpiaran el alma las plantas,  ves como las cuidas y ellas te responden, es hermoso. Hago muchas cosas, tengo todo el día ocupado”, contó emocionada.

Dos temas le preocupan: su enfermedad, síndrome de orejas rojas por mala circulación; y llegar a la vejez sin lucidez. “Me inquieta el no estar lúcido, no poder centrarte en el tiempo pasado es horrible, debe ser una desgracia. Yo sé cronológicamente como lo pasé, pero ¿y si me olvido?, es horrible no saber ni quien fuiste. Para los viejos el pasado es presente y el presente es pasado”, confesó.

También dijo que su vida ha sido muy linda, “de mucho trabajo, pero muy linda”. Después de un café con crema y de mirar varias veces sus álbumes de fotografías y recortes de diarios, sólo falta su foto.

-Doctora, ¿hacemos unas fotos con sus plantas?

-Bueno, dejame que me pinte la boca.

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