Por Gustavo Martínez
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Marcelo Cortez (39) no sólo aún tiene en su rodilla izquierda y en la cadera las consecuencias físicas de haber bajado la Quebrada de las Burras en un micro sin frenos que terminó incrustado en un barranco después de recorrer más de 10 kilómetros, sino que esa tragedia arruinó para siempre su vida y la de toda su familia. Es que son 11 los Cortez involucrados en esa tragedia que le costó la vida a 4 personas, entre ellas su padre, su hermano mayor, uno de los choferes y otro obrero. Además de los 29 heridos. Pero para esta humilde familia constructores de gaviones, lo que comúnmente se conoce como “defensas de piedras y alambre” para contener derrumbes y causes de ríos, la tragedia sigue sucediendo: es que aún no les pagan por el trabajo que había hecho al momento del accidente; tampoco recibieron el dinero del seguro de vida por el fallecimiento del padre y del hermano mayor; y luchan para que la Aseguradora de Riesgos de Trabajo le realicen la cobertura médica necesaria. Por aún es la situación del chofer sobreviviente de la empresa Gallardo, quien no era un trabajador registrado y se quedó sin trabajo y sin asistencia médica.
Espantoso
“Todavía me acuerdo de todo. Al micro se le había roto el acelerador. Lo arreglaron dos mécanicos que anduvieron un tramo y se cambiaron de vehículo. Cuando bajábamos la Quebrada de las Burras, el motor se paró y el micro se quedó sin frenos. Anduvimos como 10 kilómetros descontrolados. Hubo partes que el micro iba en dos ruedas. Mis hermanos pedían abrir las puertas para tirarse. Yo calculo que íbamos a más de 180 kilómetros por hora. Y, cuando pasamos el cruce de las rutas 436 y la 149, impactamos contra la arena y todos los asientos se amontaron como si nada en la trompa del micro. Había una rueda de auxilio suelta que fue la que provocó la mayoría de los golpes. Luego vi que mi papá estaba muerto. A mi hermano lo saqué con vida pero no resistió”. El terrible relato es de Marcelo Cortez, quien vivió la tragedia en carne y hueso.
“Estábamos todos en negro. Nos hicieron firmar por un seguro de vida, nada más. Encima, la noche que enterramos a mi papá –Segundo Cortez- y a mi hermano –Pascual Bazán-, vino Bernardini, el dueño de Ecotrans, a decirnos que teníamos que ir a terminar el trabajo”, cuenta Marcelo Cortez.
Según el sobreviviente, ahora están cobrando 2.300 pesos mensuales de la ART, pero la empresa Ecotrans nunca les pagó el trabajo que habían hecho: “Teníamos que hacer 723 metros lineales de un gavión. Eso eran 130.000 pesos. Al momento del accidente ya habíamos hecho cerca del 70 por ciento de la obra. Y eso nunca no los pagaron”.
Ahora Marcelo Cortes, otro hermano sobreviviente y sus sobrinos y primos involucrados, están sin poder trabajar por la consecuencia de las lesiones. Luchan para que las ART les haga el tratamiento necesario, porque a muchos ya les empezaron a dar de alta siendo que todavía sienten dolores físicos. Y esperan una pronta resolución de las instituciones para que se haga justicia.
