Por Viviana Pastor
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CV
Beorchia Nigris fue director de Parques y Paseos de la provincia y de Recursos Naturales; fue fundador de la primera Escuela de Apicultura de la Provincia; fue presidente del Club Andino Mercedario y director de su revista; fue director y coautor de seis tomos del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña.
“Doné todos mis hallazgos al Instituto de Investigaciones Arqueológicas de la UNSJ”, asegura, y continúa enumerando: fue miembro de la Asociación de Museos Privados de San Juan, de la Confederación Gaucha Argentina y de la Agrupación Gaucha Martín Fierro.
La famosa momia
Beorchia Nigris vivía en Buenos Aires cuando el presidente del Club Andino Mercedario, el “polémico” Erico Groch, organizó y lo invitó a la primera expedición al Cerro El Toro, en 1963. Por entonces San Guillermo era tierra desconocida, antes de eso Groch había intentado llegar pero no pudo. Armó un grupo con Crispín Godoy, Serg Job, y a Beorchia, pero a la cima sólo llagaron Groch y Beorchia. “Era una zona nunca explorada. Subimos a la 5ta loma y vimos un murito, y Erico dijo: ‘yo sabía que acá había algo’. Cuando llegamos vimos una plataforma ceremonial de 7 x 12 pasos, al lado, al noroeste, había un círculo de 9 piedras y en el medio una cosa blanca. Al principio creí que era un huevo de avestruz, pero era muy grande. Intenté levantarlo y no pude. Empecé a socavar y me tiré de panza cuando vi una cara que me miraba. ¡Fue como si me hubiese dado la corriente, por Dios! Esas cosas no se olvidan. Tenía los ojos entrecerrados y estaba muy bien conservado”, recordó. Logró sacarlo. Estaba en posición fetal, que simboliza el retorno al seno de la tierra; envuelto en una manta, con un ratoncito de montaña con la cabeza despegada, también sacrificado. Dejaron la momia nuevamente en la fosa, la taparon. “Consideramos que no correspondía bajarla, siendo nosotros neófitos en esos temas. Le conté a Rogelio Díaz Costa y se agarraba la cabeza, él se había especializado en el tema y tenía muy buena pluma”, dijo.
Al poco tiempo, otra expedición solventada por Diario de Cuyo, volvió al cerro y bajó con la momia. “Creo que hizo bien el diario en bajarla, porque ya se sabía que existía y podía sacarla cualquiera. Don Francisco (Montes) era un ejecutivo y les dijo ‘vayan’”, contó.
El último libro
“Lo he escrito para mí. Me dirijo a mi hijo Daniele, como si le estuviera escribiendo una carta, en un trato coloquial, para que sienta el lector que le estoy hablando. La idea es hacer apología de la familia tradicional, padre, madre e hijos, a través de mi familia y familias que conocí. Quería contar cómo era el matrimonio, la relación con los hijos, la certeza de la indisolubilidad del matrimonio. Quise mostrar valores de la familia tradicional, porque el respeto y todo se está desmoronando”, dijo Antonio.
El libro Carta a mis descendientes, vio la luz hace pocos días. Tiene 600 páginas y muchas fotos familiares. En él, Beorchia cuenta cómo era la historia de Ampezzo, sus invasiones y su actualidad, cada vez más despoblada. “El material lo fui recolectando durante 50 años, en una caja llena de fichas con historias que me contaban mis padres y que yo iba anotando para no olvidarme. En viajes a Italia descubrí documentos de abuelos y bisabuelos, cosas de la familia que nadie sabía”, aseguró.
Textuales
“Siempre me encantó San Juan, y me sigue gustando”.
“Jamás me verán aburrido”.
“Soy un explorador”.

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