Por Gustavo Martínez Puga
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Hoy, a sus 71 años, Don Lucio lo sigue citando a Gioja: “Como dice el Gobernador, se acabó con el No Se Puede. La Circunvalación es una prueba”.
Este ingeniero agrónomo se presenta socialmente como paisajista. Es persistente, habla pausado, es de pocas palabras y de bajo perfil: aún supervisa a diario la parquización de la Circunvalación en su Ford Ranchero ochentosa.
Esta es la vida del hombre que le cambió la carta de presentación a la Ciudad.
Aunque ese no fue su único logro: también diseñó la forestación del Acceso Sur; asesoró en lo que se hará en la Ruta del Sol; creó el Parque de Rawson; diseñó el que se está haciendo en Chimbas; fue el creador de la plazoleta Julieta Sarmiento, cuando el Centro Cívico era una estructura de cemento; hizo la plaza Italia, en el Barrio Residencial y trabaja en un viejo sueño: optimizar el sistema de riego del arbolado público.
Estas son algunas de sus obras. Pero sin lugar a dudas, lo que más placer le da hoy en día es parecido a lo que sienten los miles de sanjuaninos que a diario transitan por la Circunvalación o el Acceso Sur y lo ven verde, con árboles y flores: “Mi mayor satisfacción fue cuando los salitrales se fueron poniendo verdes; cuando los taludes fueron tomando color”, cuenta.
“Me piden disculpas”
Y tiene sus motivos: “En el 2004, cuando empezamos con esto, muchos me paraban en la calle y me decían: Atorrante, cómo le mienten a la gente diciéndole que van a poner verde la Circunvalación. Después muchos me pidieron disculpas. Incluso, muchos que no me lo habían dicho de frente me paran y me dicen que nunca creyeron que lo íbamos a lograr”.
Cuesta que Don Lucio dé ese tipo de opiniones. Antes había contado todos los vericuetos legales y administrativos por los que tuvieron que pasar para poder concretar la obra: “El principal problema que teníamos era que las empresas se resistían a usar riego por aspersión porque decían que les iban a robar todo. Entonces optamos por el riego por goteo, que también tuvo resistencia porque no había experiencia al respecto. Uno de los principales problemas que planteaban es que las mangueras se iban a tapar por las raíces, ya que van enterradas. Hoy en día tenemos más de 1 millón de metros de manguera enterrada y cada 6 años deben renovarse por completo. Pero es el sistema que se pudo usar”.
Gómez recuerda que los técnicos de Vialidad Nacional en Capital Federal hicieron un presupuesto mucho menor al necesario para ejecutar la obra y tuvieron que hablar con la empresa para proponerle alternativas, así la provincia podía parquizar todo el anillo y a la empresa le era rentable.
“Todo esto fue posible por la confianza y la decisión del Gobernador. Él me dijo: Acá tenemos que trabajar para la gente. Y así fue que sorteamos la resistencia tradicional que había en Vialidad Nacional, por ejemplo, donde ahora tengo buenos amigos”, cuenta Gómez.
Don Lucio conoció a Gioja a través de un asesor. “Como a todos los gobernadores, yo le hice llegar un resumen a través de un asesor. Me citó un jueves y en medio de llamadas telefónicas me escuchó rápidamente y me dijo que me iban a llamar de nuevo. Y así fue, al lunes siguiente me llamó su secretaria y un día martes en la tarde nos reunimos a solas en los jardines de la Casa de Gobierno, donde nadie nos podía molestar”.
En los próximos dos meses, Gómez empezó a delinear el proyecto de la parquización de la Circunvalación en su propia casa, ya que no tenía un cargo en el gobierno. Luego crearon un área llamada Proyectos Especiales, bajo las órdenes del Ministro de Infraestructura, donde ubicaron a Gómez.
Desde esa oficina se empezó a mentar cómo sería la parquización. Así fue que se decidió qué especies arbóreas utilizar, cómo ubicarlas y hasta la tierra fértil que se iba a traer, que por una cuestión de cercanía se eligió a la del Médano de Oro para reemplazar el pedregal y la tierra compactada con la que estaba construida la Circunvalación.
La elección de Gómez que hizo Gioja no fue menor. Lucio es uno de los pocos ingenieros agrónomos experto en suelos que hay en la provincia. Su pasión por estudiar la tierra nació en el primer laboratorio de suelos que hubo en la provincia, el cual se llamaba Agro Cuyana y en el cual Don Lucio trabajó tras recibirse de Técnico Químico en la Escuela Industrial Sarmiento.
“Una tarde descubrí que lo mío no era estar en el laboratorio. Y me faltaban conocimientos técnicos para entender los libros de Química que le pedía prestado a los ingenieros agrónomos que iban a ese laboratorio. Entonces fui y le dije a mi madre: voy a dejar ingeniería química –ya estaba en tercer año- y voy a estudiar agronomía. Como me tenía que ir a Mendoza, ella no me creyó capaz. Pero al otro día, desayuné y me fui a Mendoza a averiguar qué tenía que rendir para entrar. Vine, me preparé, rendí y entré”, recuerda, orgulloso, por haber encontrado su vocación y haber tenido la decisión de poder ejecutarla.
Claro que no le fue fácil. La situación económica de su familia hizo que él tuviera que trabajar hasta de verdulero en Mendoza para poder costearse los estudios: “Con un amigo que tenía nos levantábamos a las 5 de la mañana para ir a buscar verdura y venderla en un viejo Rastrojero”, recuerda.
Cuando estuvo en cuarto año de Agronomía, consiguió una beca nacional, a cambio de trabajar en la encuadernación de apuntes para el Centro de Estudiantes. Y cuando estaba en el último año, faltándole tres materias para recibirse, los profesores ya lo consideraban un colega y le consiguieron trabajo. Entonces Gómez se casó y se fue a vivir a Mendoza, desde donde tomó trabajos temporarios.
Su primer trabajo estable fue para el gobierno de La Rioja, en una oficina similar a lo que en la provincia es Hidráulica. Luego fue contratado por el gobierno de San Luis, donde estuvo coordinando grandes equipos de trabajo que le dieron experiencia.
En los ´80 regresó a la provincia y trajo la idea de cambiar el sistema de riego a manto por uno tecnificado, en el cual se le distribuía a los productores el agua según el cultivo y las hectáreas que tenía. El INTA hizo una prueba piloto en San Martín, donde el 80 por ciento de los regantes terminó conforme, pero la prueba no pasó de ahí.
Como sintió que su trabajo no evolucionaba, renunció. Y al otro día fue incorporado a la administración pública, en la dirección de Agricultura y Ganadería. Cargo en el que se desempeñó hasta la asunción de Leopoldo Bravo como gobernador democrático. Ahí presentó la renuncia porque no lo ratificaron en el cargo y siguió como personal técnico de planta. Desde ese lugar fue convocado a diseñar lo que hoy es la plazoleta Julieta Sarmiento, a la entrada del Centro Cívico.
En el 2000 la provincia le encomendó al CFI un proyecto para forestar la Circunvalación y cambiar el riego del arbolado público. El proyecto de Lucio Gómez tuvo buenas calificaciones. Pero la debacle política-económica de la Alianza frenó la iniciativa.
Don Lucio nunca bajó los brazos y esperó el momento adecuado. Eso fue cuatro años después, cuando logró el visto bueno de Gioja. Hoy su viejo sueño es una realidad que benefició a todos los sanjuaninos.
Tiempos
1 millón
Es la cantidad de metros de manguera enterrada que hay en la Circunvalación.
6 años
Es el periodo de tiempo que se demora en la renovación total de las mangueras por el riego por goteo.
2 años
Es lo que demoró la puesta a punto del sistema de riego por goteo que se utilizó. Recién después se plantaron árboles.
60%
Es la cantidad de árboles que se perdieron en la Circunvalación en agosto del 2007 por una helada tardía.
FRASE
“Hugo gente que paró en la calle y me dijo “atorrante” porque le decíamos a la gente que íbamos a poner verde la Circunvalación. Hoy me piden disculpas”, Lucio Gómez.