Como un preanuncio de su presencia en San Juan, una caravana de camiones amarillos recorría el centro de la capital sanjuanina y algunos barrios aledaños. Esta bebida, conocida en todos los países del mundo, empezó a ser distribuida en nuestra provincia por medio de la firma “San Juan Refrescos S. A.”, integrada por accionistas locales, cuyos depósitos estaban
instalados en un moderno establecimiento ubicado en la avenida 9 de Julio, en Villa del Carril.
En 1962 la famosa bebida ya daba vueltas por todo el mundo y en San Juan se esperaba con mucha ansiedad. Hombres, mujeres y niños de diversas edades hablaban de la bebida. Los anuncios publicitarios que la promocionaban hacían de ella una bebida omnipresente y necesaria para calmar la sed. En cualquier momento del año, cualquier persona podía tomarla y refrescarse con ella.
En una maniobra de marketing sin precedentes en nuestra provincia, relatan las crónicas de la época, los clásicos camiones amarillos transitaban las calles sanjuaninas cargados de las botellitas de Coca-Cola. El público explotaba de alegría y ansiedad por consumirla de manera inusitada. El furor que provocó su llegada se recordó por muchos años después de ese conmovedor momento. Este fue un motivo más que suficiente para que aparecieran en la prensa escrita más publicidad de una bebida que ya se consumía en la provincia: la también clásica 7Up.
Durante ese mes de febrero, pleno verano sanjuanino, las publicidades de la Coca-Cola comenzaron a aparecer en la prensa escrita varias semanas antes –anunciando su próxima venida– y varias semanas después de aquel día 28. Se presentaron grandes avisos que expresaban la novedad de la presencia de la gaseosa en la provincia. Algunos de los que aparecieron antes de su llegada decían: “Ahora también en San Juan la botellita. La famosa y deliciosa Coca- Cola”.
Después de comenzada su comercialización, aparecieron otras publicidades sobra ella diciendo: “Usted también puede tomarla porque ya está en San Juan”, o también: “Pídala donde usted vaya y compruebe que Coca-Cola refresca mejor, para deleite de grandes y chicos llegó la deliciosa y refrescante Coca-Cola, la bebida más grata, más exquisita… ¡y siempre oportuna!”.
Desde ese verano del ’62, la Coca-Cola llegó para quedarse y comenzar a formar parte de las costumbres de los sanjuaninos: un picadito de fútbol, una partida de naipes –los motivos sobraban– se hacían por una Coca. Con el paso del tiempo, el consumo de estas bebidas gaseosas aumentaron provocando que los productos locales, como el vino, decayera y, como consecuencia de esto, sus precios también bajaran cada vez más.
Tienen su historia
Ya los romanos disfrutaban consumir aguas minerales acídulas, es decir, que contienen gas carbónico, aunque el transporte desde las vertientes naturales era complicado ya que debía trasladarse en recipientes sellados para que el agua no hiciera efervescencia. Inclusiva, se consideraba que algunas de ellas poseían propiedades curativas, y fueron varios lo que intentaron imitarlas, pero el primero en tener éxito fue el prestigioso teólogo y científico inglés Joseph Priestley quien, en 1772, reveló un método para saturar el agua con gas carbónico. Fue el comienzo del desarrollo del agua gasificada.
Sin embargo, con el objeto de hacer posible la fabricación en escala, fue necesario encontrar un procedimiento práctico para introducir el gas en la botella. Eso se logró en la década de 1830. Reunir esto con las bebidas saborizadas fue sencillo, ya que estas eran conocidas. Desde mediados del siglo XIII ya era popular, en Inglaterra, un refresco hecho con gas natural saborizado con diente de león y una hierba llamada bardana, un verdadero antecedente de la gaseosa tal como la conocemos hoy.
Pero el éxito de estas bebidas se dio en los EEUU. En el año 1832 se instalaron las primeras fuentes de soda, pero también empezó a ser necesario la producción automática de los envases y el desarrollo de las heladeras para su conservación, infraestructura que aparecería con el tiempo. Sesenta años después, en 1892, William Painter patentaba un combo que trascendería el tiempo y el espacio: el “Crown Cork System”, la clásica tapita de metal con bordes ondulados y el indispensable destapador. Hasta la invención de las heladeras eléctricas (1927, General Electric), las bebidas se conservaban en gabinetes de madera provistos de barras de hielo. Recién en el año 1928, la Coca-Cola superaba las ventas de las sodas.
BURBUJAS DE AYER Y HOY
Puede parecer que durante la segunda mitas del siglo XX el mercado de las bebidas gaseosas en nuestro país se distribuyó entre los líderes Coca-Cola y Pepsi. Pero un simple “¿Te acordás…?” alcanza para rescatar una nutrida lista de gaseosas que, en su momento, estuvieron de moda en la Argentina.
Entre las más antiguas se encuentran la horchata de chufa, un refresco de origen español que se tomaba con soda; la Chinchibirra, la Pomona y “el naranjín”, como se llamaba a la Bilz. Otras frutales fueron Trinaranjus, Crush, Sacic, Pindy, Wink y Mirinda. Entre las tónicas recordamos al Canada Dry Ginger Ale, la Teem, la Mountain Dew y la Indian Tonic Cunnington. Entre las colas, a la Bidú, la Spur Cola, la Texas Cola, la Tab (la dietética de Coca-Cola), la Komari y la Refres-Cola. Y, a mediados de los ’80, la Gini fue pionera en venderse en envase de un litro y cuarto. Vendía con sabores a cola y lima limón. Desapareció del mercado no hace mucho tiempo.
Aún así, el auge de las gaseosas no opacó la preferencia de los argentinos –y los sanjuaninos–por la soda. La primera fábrica de agua carbonatada de nuestro país fue instalada en Buenos Aires, en 1860, por Domingo Marticorena. Poco después, la vendía a los hermanos Inchauspe quienes, a principios del siglo XX, crearon la tradicional marca “La Argentina”, llegando algunas partidas a San Juan durante un período de tiempo. Al comienzo, los sifones se importaban de Europa, pero pronto, gracias a la cristalería Rigolleau, empezó a fabricarse en el país.
“COCA-COLA REFRESCA MEJOR”
Con este eslogan publicitario llegó a nuestro país el mayor fabricante de gaseosas del mundo, en agosto de 1942. La historia comenzó en 1886, cuando el farmacéutico John Styth Pemberton hacía conocer una bebida de su invención en una fuente de soda de Atlanta, en EEUU. Se trataba de un jarabe que, mezclado con agua carbonatada y enfriado, resultaba una bebida con tres características: refrescante, estimulante y vigorizante, según decía el primer anuncio publicitario. Pemberton moría dos años más tarde, sin sospechar el enorme éxito que tendría su invento.
Pero antes de esto, había vendido parte de su compañía a un visionario: Asa GriggsCnadler quien, en 1891 –acompañado por Frank M. Robinson, que había sido contador y e inventor del nombre de la gaseosa– fundó The Coca-Cola Company. En pocos años, la empresa contaba con varias plantas de producción y la bebida comenzó a ser embotellada. En 1895, la Coca-Cola se vendía en todo el país y con el siglo XX comenzó su expansión por el mundo.
En la Argentina, al igual que en San Juan, el éxito fue inmediato. A finales de año 1942 –año de su llegada al país– eran más de 3 mil los comercios que ofrecían la clásica botellita de 185cm3 en su clásico pack de 10 unidades. Más adelante, llegaban nuevos envases: la familiar de 750cm3 marcó un hito en 1957.