Por Gustavo Martínez Puga
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Guillermo Torraga, a sus 45 años, estuvo a punto de morir por un infarto. Siempre fue optimista, pero ese punto límite lo animó a vivir con más intensidad. Tal vez por eso afrontó con apertura mental el fallecimiento de la mujer con la que compartió años de convivencia, por lo que él se califica como un “viudo”. Es padre de dos hijas de madres distintas que viven en Caucete y en el sur del país. Y en estos días hace lo que más le gusta: habla de rock y de historia en la radio, escribe un libro sobre la cobertura que los medios hicieron de la muerte de Alfonsín en 20 países y hace un análisis de todo lo que se dijo en los últimos 10 años sobre el Túnel de Agua Negra.
Así como lo hizo su padre, Mario Torraga, en noviembre del año pasado, en su primera aparición pública después de la cárcel (ver recuadro), ahora Guillermo charló con Tiempo de San Juan y, fiel a su estilo, cuenta sobre sus emprendimientos que lo ponen en el centro de la escena pública.
La radio, a full
Lo apodan “El tío Guille”. Fue porque, estando al aire en la radio, en un día duro para la Argentina como lo fue cuando el cacerolazo por el tema del campo, Guillermo Torraga decidió informar y distender porque “estaba muy pesado el tema”. Cuenta que empezaron a llegar mensajes de la gente sobre temas personales de los oyentes. Entonces él empezó a decir “haber, cuéntele al tío Guille qué pasó”. La gente se prendió y ahí quedó su apodo.
Ahora suelen presentarlo con ese apodo los miércoles al mediodía en el programa Café a la Turca, en Antena 1, cuando se sienta a la mesa de Tony Nacusi para hablar de historia. “Tratamos de contar anécdotas, hacer reflexionar, contestamos lo que la gente pide. Preguntan por determinados feriados, o saltan los fanatismos de determinadas personas. La idea es tratar de que entiendan que no se puede mirar desde hoy lo que pasaba en aquel momento. Hoy dicen que Roca era un genocida… si lo fue, él no sabía de qué se trataba en su época. También voy mucho al anecdotario personal, sin entrar en la bajeza que entran algunos falsos historiadores que dicen éste hacía esto o lo otro sin investigar ni documentarse”.
Pero ese perfil de Guillermo en la radio es totalmente distinto al de los jueves por la noche. De 22 a 0, cuando arranca su ciclo llamado Memorias para el Olvido: “No toleraba que lo único que se conozca como música clásica popular sean Los Iracundos o Palito Ortega. Yo no escuchaba esas cosas. Decidimos hacer un programa de música vieja, pero de rock. El nombre quedó porque al principio pasábamos audios de cosas que pasaban y nos burlábamos. Hacemos fundamentalmente hard rock, heavy metal”.
En la casa de los Torraga se escuchaba y se escucha todo tipo de música, desde The Beatles hasta José Larralde. Pero Guillermo atribuye a su personalidad su preferencia por el rock pesado y el estilo de vida que representa: “Yo soy, fui y seré un gran rebelde. Y jamás me gustó lo que tenía que ver con el rebaño”, dispara.
Guillermo cuenta que no es un obstáculo ni para su familia ni para él su exposición pública en un medio de comunicación: “No los incomoda. Les gusta. Es como cualquiera de los que fue incursionando en cada una de las cosas. De hecho tengo un hermano rugbier que también ha triunfado en lo suyo. Él fue más destacado. Es como que es normal en la familia que cada uno se destaque en lo suyo”.
Estando al aire, Torraga dice que la gente no le pasa factura por su pasado: “Yo no he tenido problema nunca. Ni siquiera cuando he peleado a propósito. Una vez hicimos un personaje que era pelear con el público. Pero nunca la gente se metió en cuestiones personales. La gente me respeta por mi forma de ser, como persona y la verdad es que yo nunca he sentido discriminación de ningún tipo. Tal vez la Policía, yo le suelo pegar mucho porque creo que tenemos una mala policía, a nivel nacional te diría. Una vez en la calle me peleé con otro, me partieron la cabeza y me querían hacer una causa a mí. Tras discutir, finalmente no lo hicieron”.
Licenciado
Pero esta faceta mediática de Guillermo Torraga fue una consecuencia de lo que en verdad le apasiona: la historia. Se recibió de Licenciado en Historia en la UNSJ en el 2000. Empezó a estudiar cuando estaba detenido por la adulteración de los vinos. En ese momento tenía 33.
Sin embargo, dice que no le fue fácil concretar esa iniciativa estando en el pabellón de los presos federales en el Penal de Chimbas: “En 5 años hice la carrera. Por los malos jueces que tenemos, que no entienden, lo digo por Rago Gallo, en el primer año no pude hacer nada. Rendí unas cinco o seis materias estando detenido. Después rendí algunas más cuando empecé a salir y me recibí cuando ya estaba afuera. La pude haber hecho en cuatro años”.
A Guillermo siempre le había gustado la historia pero nunca se había hecho tiempo para estudiarla. Y entendió que estando en prisión estaban dadas las condiciones para hacerlo: “Cuando tenés tiempo de sobra hay que tratar de usarlo. El ocio no tiene sentido. Vos sabés que cuando salís tenés que laburar y hay una serie de cosas que te condicionan. Me pareció que era el momento adecuado. Creo que una de las cuestiones que el poder no quiere, el poder prefiere que estén ociosos y drogados. A mí me costó muchísimo estudiar estando preso. Tenés oposición, fundamentalmente, hasta de los mismos guardias cárceles, que no toleran que vos estando adentro seas más que ellos. Pero no me pasó sólo a mí, el sistema es así”.
Académico
Antes de estudiar historia, Guillermo optó por seguir carreras que tuvieras más que ver con la vida económica de su familia: “No lo estudie antes porque hice carreras como Marketing y Licenciatura en Comercio, en Buenos Aires. Busqué carreras que tuvieran más que ver con las empresas familiares. Siempre lo dejé para más adelante. Mirá las vueltas que tiene la vida, cómo lo pude terminar, estando preso. Y ahora vivo de eso”.
Antes de la universidad, Guillermo hizo una parte de la escuela primera en la Modelo, otra en la Dante Alighieri y terminó en Don Bosco. Dice que fu por cuestiones familiares. La secundaria la hizo en Buenos Aires. “Era un pésimo alumno. 20 años después me encontré a una preceptora, la saludé y le pregunté si se acordaba de mí, y me dijo: “Cómo me voy a olvidar”. Igual me dijo “usted era bravo respecto de aquel momento; al lado de los actuales, usted es un tarado”.
Militante y optimista
A pesar de tener fresco esos recuerdos de la cárcel y de sus años de estudiante, Guillermo le apunta al futuro: “Estoy viviendo un buen momento, pero creo que van a venir mejores. Me encanta el pasado, por eso soy historiador, pero en lo personal soy de la frase “quien mira de frente al pasado entra de culo al porvenir”. El pasado enseña, te sirve”.
Cuenta que ahora está escribiendo. Ha hecho una recopilación de todo lo último que se ha escrito en 10 años sobre el Túnel de Agua Negra: “Estoy haciendo algunas cositas desde distintos aspectos: análisis de contenido, sin cuestionar al periodista, porque ese es su trabajo, pero sí estoy abordando las distintas operaciones que hubo de instalación del tema que en el tiempo te das cuenta que no era tal”.
En ese pasaje de su actividad y la vida política sanjuanina, Guillermo recuerda que es “un afiliado al radicalismo, pero tranquilo”, como para dejar en claro su nivel de militancia. En la Facultad de Filosofía colaboró con Rosa Garbarino cuando militaba en Franja Morada en sus años de estudiante: “Ahora me dedico a colaborar en cosas puntuales, pero ya más retirado”.
En su vida personal se define como “soltero”. Tiene dos hijas de 22 y 15 años que viven en Río Negro y en Caucete: “La más grande, cero libros. La más chica, no creo que vaya para algo en Historia, pero sí es más cercana a poder agarrar un libro”.
Inquieto, en medio de su activa vida diaria, Guillermo Torraga cuenta que le está dando las puntadas finales a su libro: “En este momento estoy terminando un libro que es para consumo de la gente de la militancia. Es sobre todo lo que se ha escrito en América sobre el fallecimiento de Alfonsín. Abarca 20 países, desde Chile hasta Canadá. En este momento lo estoy leyendo. No está impreso. Está lo bueno, lo malo y todo lo que los líderes políticos dijeron”.
De remera negra, jeans y zapatillas, apasionado a la hora de hablar de la historia y la política, Guillermo Torraga entabla una conversación amena y continúa fiel a su estilo de cuando estuvo involucrado en el escándalo de los vinos adulterados: no se calla nada.
Guillermo Torraga x 3
“En los medios hubo dos que encabezaron los segmentos de historia, Edgardo Mendoza y el Chango Illanes. Después vengo yo y no hay más”.
“No toleraba que lo único que se conozca como música clásica popular sean Los Iracundos o Palito Ortega.
“Hoy dicen que Roca era un genocida… si lo fue, él no sabía de qué se trataba en su época”.