Por Gustavo Martínez Puga
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La resistencia de don Remo
A sus 80 años, don Remo Castro aún se levanta todos los días a las 6 de la mañana, se ducha y se afeita. Una costumbre que le quedó de sus cuatro décadas como ferroviario.
Hoy en día atraviesa un doloroso momento por el fallecimiento de su esposa hace un par de meses, lo que aún le provoca dolor al abrir las puertas de su casa a las visitas y recordar a su esposa cuando desempolva fotografías, manuales, linternas, faroles, relojes y hasta cajas de petardos que pertenecieron al Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico y que él conserva férreamente, como resistiendo que se olviden los años dorados del paso del tren por la Ciudad de San Juan.
Trabajó en el Buenos Aires al Pacífico desde 1955. Dos años después lo pusieron como administrativo y llegó a ser Inspector de Tráfico, el máximo al que podía aspirar en la provincia.
Eso fue hasta el 30 de noviembre de 1990, cuando decidió retirarse. Igual el tren ya no tenía mucho futuro: el furor privatizador de Carlos Menem ya los había condenado a muerte, ejecución que se cumplió el 15 de marzo de 1992, cuando los trenes de pasajeros desaparecieron en la provincia.

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