Colonia de Verano en Amancay

De la villa a la cancha de golf

Más de 100 chicos de asentamientos cercanos al exclusivo club santaluceño hoy aprenden a jugar al golf como parte del programa de Colonias de Verano, que permitió que por primera vez tengan acceso a un deporte de elite.
domingo, 22 de enero de 2012 · 11:56

Hasta ahora, los chicos de los asentamientos San Judas Tadeo, Difunta Correa y Santa Clara, en el departamento Santa Lucía, tenían que conformarse con ver los jardines del Club Amancay desde afuera. Pese a vivir muy cerca del club y a que en muchos casos, sus padres o abuelos trabajaban en el predio, la institución insigne del golf local (una de las más exclusivas de San Juan) solo franqueaba el paso a los socios y sus familias.

Pero este verano eso cambió y los chicos que antes miraban las extensas carpetas verdes desde la calle, ahora no sólo disfrutan de la pileta y la arboleda del club, sino que hasta aprenden a jugar al golf por iniciativa de los propios socios.  Es porque en el marco de las Colonias de Verano del ministerio de Desarrollo Humano, el club abrió sus puertas para que los chicos de la zona puedan acceder a deportes como el tenis y el golf, además de aprender a nadar, a alimentarse bien y a compartir juegos recreativos y canciones que les enseñan los profes de educación física y las maestras de nivel inicial a cargo de los diferentes grupos.

El día empieza temprano, con el desayuno. Los 126 chicos y chicas inscriptos en la Colonia de Verano del club Amancay comparten la mesa, puesta bajo los árboles, y arrancan con un desayuno que incluye algún lácteo y cereales, además de galletas o alfajores. “Es para que tengamos energía”, dice Rocío, 7 años y un par de ventanitas en la boca cuando se ríe que dan cuenta que ya empezó a cambiar los dientes. Rocío es una de las nenas que hoy está aprendiendo a jugar al golf y que vive en las cercanías del club. Con los ojos brillosos por la emoción, su abuelo Ventura, que desde hace años trabaja en Amancay, espía los progresos de la nena en esas mismas canchas de golf que él ayuda a cuidar.

Después del desayuno  vienen las actividades físicas, para las que se dividen en grupos según la edad. “Son chicos y hacen cosas de chicos, pero se portan muy bien. Una de las cosas sobre las que más expectativas teníamos era ver cómo resultaba la convivencia entre los niños de la Colonia y los socios del club, que vienen de dos realidades tan distintas. Pero nos sorprendió ver lo bien que se llevan. No sólo comparten los espacios sino que muchos de los socios del club se han acercado a nosotros para ver en qué pueden colaborar con los chicos, sabedores que en muchos casos, tienen necesidades de ropa o calzado”, cuenta Juan Pablo Martínez, coordinador de la colonia en el Amancay.

Así surgió la idea de que pudieran, además de hacer todas las actividades programadas por los profes, aprender a jugar al tenis y al golf. Como las Colonias de Verano están enmarcadas en Políticas Alimentarias, hay un fuerte  acento en la nutrición y la educación para la salud, a través de una buena alimentación y actividad física orientada. Pero el golf, sin duda, nunca había sido una opción para estos niños. “Se entusiasmaron mucho cuando supieron que podían aprender a jugar. Y con la apertura tan característica que tienen los niños, se esfuerzan por aprender todo los que se les enseña”, cuenta el coordinador. Del otro lado, el gerente del club, Daniel Paroli, refleja los motivos que tuvo la comisión directiva para aceptar esta propuesta. “Amancay siempre fue una institución pensada para responder a las necesidades de sus socios, pero también tiene un costado social. Ese fue precisamente el motor que puso en movimiento esta iniciativa, para dar respuesta a una necesidad concreta de una comunidad tan cercana al club, como son las barriadas cercanas”, dice Paroli. “Estamos atentos a lo que logran los chicos, por ahí tenemos a algún futuro campeón entre nosotros y no lo sabemos”, arriesga el gerente.

Para no descuidar detalle, los propios profesores de golf del club se ofrecieron voluntariamente a colaborar. La institución, además, presta elementos y facilita el acceso a los hoyos de golf didácticos, para que los chicos puedan aprender. “Desde tomar un palo hasta como jugar, los niños aprovechan el tiempo muy bien. Y es una alegría ver como el club está lleno de chicos que antes no podían acceder a él”, aseguró Juan Pablo Martínez.

Otras historias

En la Argentina, las historias de vida de Roberto De Vicenzo y Angel “Pato” Cabrera son testimonio de cómo dos chicos de condición humilde llegaron a ser figuras del golf. De Vicenzo, quinto de ocho hermanos, nació en Villa Ballester y se crió en Villa Pueyrredón, en Buenos Aires, en cercanías de una estación ferroviaria. A los 8 años empezó a trabajar como caddie en un club de golf de la zona, para ayudar a su familia, y obtuvo su primer título profesional a los 19 años en Rosario. Al término de su carrera, llegó a cosechar 230 campeonatos alrededor del mundo.

Cabrera, en tanto, nació en Villa Allende, Córdoba, donde también empezó a trabajar de caddie desde muy chico. A los 20 años se convirtió en profesional y es el único  jugador argentino en la historia del golf en ocupar un lugar entre los Top Ten del Ranking Mundial de Golf. Actualmente, impulsa una fundación que lleva su nombre y cuyo objetivo es promover el golf en todos los sectores de la sociedad y apoyar el desarrollo de golfistas sin recursos.