Violencia doméstica

Los abrazos rotos

Los adultos mayores representan más del 12% de la población de la provincia. Desde julio de 2010 hasta octubre de 2011, Desarrollo Humano registró oficialmente 134 casos de maltrato en ellos.
domingo, 06 de noviembre de 2011 · 12:04

Por Daniel Tejada
Canal 13

Finalmente Don Pepe se atrevió. Había soportado largo tiempo de desprecio cotidiano. Había mirado para el costado, simulando no ver. Pero aquella cachetada rompió toda tolerancia. Y Don Pepe se atrevió. Como pudo, llegó hasta la oficina pública para pedir ayuda. Contó su historia. Con amargura, delató a su nieto: el joven veinteañero de su propia sangre se había transformado en su verdugo, preso de su adicción a las drogas. Ya no le alcanzaba con maltratarlo verbalmente para estrujar la modesta jubilación, sino que había llegado a golpearlo físicamente. Toda pretensión de convivencia se había apagado con ese manotazo sobre el cuerpo frágil del abuelo.

El paso siguiente y obvio, era llevar el testimonio hasta la mesa de entradas de la comisaría. Don Pepe, esta vez, no se atrevió. Sentado frente al oficial, se desdijo y negó toda acusación contra su nieto. El trabajador social que lo acompañaba comprendió que había sido más fuerte el afecto que el dolor.

Don Pepe es un nombre de fantasía. La historia es real. Ocurrió recientemente en una de las intervenciones de la Unidad Coordinadora de Políticas de Adultos Mayores, creada en el año 2007 dentro del Ministerio de Desarrollo Humano.
Esta oficina empezó a registrar sus intervenciones en casos de maltrato de adultos mayores desde julio de 2010. En poco más de un año contaron 134 casos distribuidos de la siguiente manera: 30 en Rawson, 25 en Capital, 20 en Santa Lucía, 19 en Rivadavia, 17 en Chimbas, 7 en Pocito, 5 en Caucete, 3 en Zonda, 2 en San Martín, 1 en 25 de Mayo, 1 en Albardón, 1 en Jáchal, 1 en 9 de Julio, 1 en Angaco y 1 chileno en el territorio provincial, donde se involucró la Casa de Chile en la contención. El relevamiento –vale aclarar- sólo incluye los casos en los que intervino el Estado.

De ninguna manera hay que entender que son la totalidad de los hechos de violencia contra los adultos mayores que ocurren en la provincia, o que los departamentos con mayor número en esta estadística son los de mayor prevalencia. Simplemente, se trata de la minoría asistida que logró romper barreras y hacer la denuncia de algo que, hasta ese momento, nadie le había hecho notar que andaba mal. Dentro del maltrato, la forma más frecuente es el psicológico. Pero inmediatamente después aparecen el físico y el económico.
El modo resulta reiterativo: un familiar se convierte en apoderado legal del anciano y comienza a cobrar su jubilación, pensión o beneficio social más por conveniencia propia que por colaborar con el abuelo. El resto del procedimiento es imaginable. Las consecuencias también lo son.

Según el titular de la Unidad Coordinadora, Carlos Caroprese, los problemas aparecen cuando el adulto mayor empieza a necesitar algún tipo de ayuda porque no puede valerse por sus propios medios: la memoria y hasta la cordura se debilitan tanto como los huesos y los músculos, ir al baño se convierte en un desafío no siempre posible de lograr, la melancolía le gana al buen humor. Es entonces cuando el afecto, los lazos familiares, se convierten en el soporte indispensable para vivir. Pero no siempre están. 
Los más vulnerables son los que, con el paso de los años, quedaron solos. Sin embargo, aquellos que conviven con sus familias también resultan víctimas de malos tratos y, a menudo, hasta terminan abandonados en alguna habitación separada físicamente del resto de la vivienda.

Hay casos extremos –no por ello poco frecuentes- de ancianos que llegan acompañados por familiares desde departamentos alejados y quedan internados en el Hospital Rawson hasta superar alguna afección de salud y, cuando llega el alta médica, simplemente no hay nadie esperándolos. Ni manera de contactarlos. Soledad absoluta. Cero recursos. Abandono flagrante.

Y un único destino: la residencia de adultos mayores Eva Perón, antiguamente llamado Hogar de Ancianos. Pasó en más de una oportunidad, según contó Caroprese.
Se considera que una persona es adulto mayor cuando supera los 60 años de edad, más allá de que la calidad de vida moderna haya desplazado los límites y un sexagenario sea considerado socialmente un miembro activo, con una proyección de varias décadas por delante.

Según datos definitivos del Censo 2010, la población total de San Juan es de 681.055 habitantes, de los cuales, 85.805 tienen más de 60 años y por lo tanto, son considerados adultos mayores. En términos porcentuales representan el 12,6%. Se dividen de la siguiente manera:
26.603 tienen entre 60 y 64 años
20.992 tienen entre 65 y 69 años
14.875 tienen entre 70 y 74 años
11.308 tienen entre 75 y 79 años
7.288 tienen entre 80 y 84 años
3.462 tienen entre 85 y 89 años
1.022 tienen entre 90 y 94 años
215 tienen entre 95 y 99 años
40 tienen entre 100 y más años.
Posiblemente al lector le resulte sorprendente la cifra de 134 adultos mayores maltratados al cabo de un año, según el registro oficial. O no. El número no significa mucho si no se cuentan las historias que sintetizan. Casos que eran simplemente invisibles. Y dejaron de serlo.
La tarea recién empieza.

La lucha en color lila
Que los adultos mayores pueden ser víctimas de maltrato por su sola condición de personas dependientes y vulnerables, es un problema reconocido hace poco tiempo en la República Argentina. Recién en 2009 el Congreso de la Nación declaró al 15 de junio como “Día de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez”.

Por ello, cada 15 de junio desde entonces se realizan actividades en la vía pública con abuelos que toman contacto con los transeúntes y les dejan de recuerdo la cinta de color lila, identificatoria de esta lucha.

Dónde pedir ayuda
En caso de sufrir maltrato, el adulto mayor puede acudir a la Unidad Coordinadora de Políticas de Adultos Mayores cuyas oficinas funcionan en Avenida Córdoba 474 Este. Su teléfono es el 4274368. También se puede pedir ayuda a la línea de emergencias 911 o incluso al 102, que tiene como primer objetivo la protección de los menores, pero también colabora con casos de ancianos.

Cada vez son más
Los adultos mayores representan hoy el 12,6% de la población de la provincia, según datos del último censo. Las proyecciones indican que serán cada vez más, en términos de proporción.

Según el manual de Gerontología Comunitaria e Institucional del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, en 1975 las personas de 60 años y más representaban el 11,4% del total de la población del país, pero en el año 2000 representaban el 13,4%, lo cual indica una mayor expectativa de vida y una menor cantidad de nacimientos que engrosen los segmentos etáreos más bajos.

Las proyecciones citadas por el manual indican que para 2025 los adultos de más de 60 años de edad representarán el 16,9% y para el año 2050 representarán el 24,7%, casi un cuarto de la población nacional. Además, se calcula que en 2050 la expectativa de vida al nacer será de 77 años para los varones y de 84,5 para las mujeres. Para el quinquenio 1995-2000 se estimó una esperanza de vida de 74,3 años promedio para ambos sexos.

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