Era la tarde-noche del 15 de enero de 1944. Irma Rodríguez, una adolescente de 15 años que sufría por la muerte de su madre -ocurrida a mediados de 1943-, fue hacia el almacén más cercano a su casa para realizar un mandado. Ella ya estaba dentro del negocio cuando comenzó el terremoto de 7,4 grados escala Richter. “¡Salgan todos a la calle!”, fue el grito de la dueña del local que todavía permanece en la memoria de Irma, quien a sus 95 años no olvida detalles sobre el trágico sismo que marcó un antes y un después en la vida de San Juan.
El crudo testimonio de Irma Rodríguez, sobreviviente del Terremoto de 1944
Tampoco olvida el acto heroico de la comerciante. La mujer salió afuera, y con un tirón en el brazo, también sacó a la chica del almacén. Ambas terminaron saltando una acequia “muy grande” y posteriormente vieron cómo el negocio se derrumbaba prácticamente en su totalidad. “Si me demoraba un poco más, me quedaba adentro”, expresó Irma, o mejor dicho la “tía Irma” para sus sobrinos y seres queridos.
Horas después, y en medio del shock, un grupo de personas armó un rancho con palos y trapos. Lo hicieron en un veredón frente a la Escuela 117. De esa noche, recuerda los vehículos que transitaban por calle Mendoza. Llevaban heridos y a la vecina provincia de Mendoza y también, cadáveres.
“Nadie durmió (…) Unos gritaban, otros lloraban”, dijo. En su caso, estaba con los ojos bien abiertos mirando absolutamente todo y muy atenta a lo que sucedía. “Nadie durmió (…) Unos gritaban, otros lloraban”, dijo. En su caso, estaba con los ojos bien abiertos mirando absolutamente todo y muy atenta a lo que sucedía.
“No había ni ricos ni pobres”
“Todos éramos iguales”, contó al recordar a los sobrevivientes. Rememoró dos cosas sobre lo ocurrido días después del temblor: las filas para pedir comida en el barrio Obrero de Rawson y la montaña de escombros en la Plaza 25 de Mayo.
Irma relató que los sanjuaninos vivían al “qué nos dan”. El conjunto habitacional rawsino era el lugar para buscar algún alimento y demás elementos de primera necesidad. “No había ni ricos ni pobres”, dijo.
También recuerda aquella montaña de escombros en la Plaza 25 de Mayo, en frente de una reconocida emisora de radio. “La ciudad daba pena. Nadie sabía cuál era una calle y cuál era una esquina. La ciudad era puro escombro”, cerró.