Desde hace 43 años, la gomería que se ubica en Av. Libertador y Echeverría le pertenece a uno de los personajes más conocidos y también queridos de la zona de Desamparados, Mario Manuel Olivera. Es que con una sencillez y calidez muy particular, como así también con un compromiso por el trabajo diario, se ganó el cariño y el respeto de muchos y es por ello que su historia merece ser contada.
Nació y se crió en el barrio Patricias Sanjuaninas, por lo que su persona al igual que su familia son parte de la historia del lugar. Cuántas fiestas de carnavales y partidos de fútbol lo habrán tenido como protagonista, sólo él y con quienes compartió esos momentos lo sabrán.
A pesar de que vivió en Desamparados hasta los primeros años de su juventud, cuando se casó y se mudó a Chimbas, nunca se fue del todo ya que el oficio que aprendió de su padre lo arraigó allí para siempre y, con el paso del tiempo, la gomería se transformó en su segunda casa.
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"La mayor parte de mi vida la pasé en este lugar, el taller es mi vida, creería que es mi primera casa porque estoy todo el día acá", señala el gomero de 71 años que de lunes a viernes trabaja en su puesto mañana y tarde para llevar el pan a la mesa.
Como pocos saben, detrás de esa forma de ser tan simple y tranquila se esconde una fuerza y una solidez dignas de destacar, puesto que el protagonista debió afrontar momentos duros en su vida, como la pérdida de una hija de apenas 2 años. A pesar de que la desgracia llamó a su puerta, salió adelante con el objetivo de darle lo mejor a sus otros hijos como así también a su mujer, Esther Sarmiento, de 74 años.
Hoy más pendiente de su compañera de vida, que perdió la vista por culpa de la presión ocular, cuenta que no maneja horarios fijos en la gomería justamente por las obligaciones de cuidado que algunas veces tiene con ella. Sin embargo, a su trabajo no falta un sólo día.
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"Los fierros estos (por el armazón de su taller) son mi vida, son lo que me dan de comer. Lo que tengo, lo tengo gracias a estos fierros así que no puedo dejar de venir. Esta es mi vida y por eso la cuido", expresa el gomero que se inició en la actividad cuando abandonó la secundaria y su padre lo obligó a trabajar con él. "He pasado momentos duros acá, pero así como quiero a Dios y a mi familia, quiero a esta gomería que es mi amor", confiesa.
El hombre que durante las fiestas recibe regalos de sus clientes y vecinos, como pan dulce, botellas de sidra o de vino recalca la importancia de ser respetuoso con todos y de no tener problemas con nadie. "Tengo buena amistad con todos, es clave, siempre que necesiten algo de mí, voy a estar porque un ser humano tiene que vivir para servir", asegura.
Como los siniestros viales son constantes en las inmediaciones, Mario es uno de los primeros siempre en actuar. Ya sea para levantar motos, ayudar a empujar un auto o bien llamar a la Policía. Pocas veces suceden hechos espectaculares que lo impacten, es por ello que sólo recuerda un episodio de los últimos años cuando descubrió que una mujer falleció dentro de su auto en la puerta de la gomería. "Ese fue uno de los momentos más dramáticos que he vivido acá, me impactó mucho", recuerda.
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Curioso, pero real, es hincha fanático del Lechuzo -de Alianza- y no del Puyutano, pese a la cercanía con el Víbora. "Jugué muchos años en las inferiores de Atlético de la Juventud y por mi padre y mis tíos me tiraron más esos colores", cuenta quien asegura entre risas que no quiso quitarle el puesto a Messi.
Si bien el protagonista suele estar solo cumpliendo tareas en su taller, esta vez estuvo acompañado por su único hijo varón que lleva el mismo nombre, Mario Manuel. Es que el joven que es chofer de colectivos aprovecha sus días de vacaciones en enero para estar con su padre durante las mañanas, escuchar radio, compartir unos mates y, de paso, darle una mano al "viejo". "Aparte de ser padre e hijo somos muy amigos, compinches, nos llevamos muy bien gracias a Dios", destaca.
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Abuelo de 9 nietos, se siente orgulloso de que una de las más grandes se está por recibir de Policía. A pesar de que cree que ninguno continuará con la gomería y que por tanto tendrá que venderla, advierte que eso no le preocupa, ya que manifiesta que lo único que le interesa que todos sean felices.
"Profesionales o no, quiero que hagan lo que les gusta, como yo que aprendí a amar este oficio. No me puedo quejar, todo lo que tengo es gracias a él. Hay que hacer las cosas bien y ser una persona honrada", dice y cierra: "Conozco muchos que estudiaron para darle el gusto a sus padres y ahora no ejercen. De nada vale tener un título, si eso no te hace feliz".
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