En la esquina de España y 9 de Julio, un frente silencioso guarda los restos de un sueño inconcluso. El objetivo era construir una estación ferroviaria “como la de Retiro”. El proyecto nunca llegó a concretarse, pero el terreno cargado de historia se convirtió en un testigo privilegiado de los cambios que atravesó San Juan en el último siglo.
Durante décadas, toda la manzana estuvo ocupada por el Establecimiento Latorre. Allí funcionaron una bodega y un aserradero, motores de una época en la que el crecimiento productivo parecía no tener techo. El anhelo ferroviario, sin embargo, se desmoronó en los ‘90, cuando las vías fueron levantadas y la red de trenes de pasajeros quedó reducida a un recuerdo.
Embed - Lugares abandonados: del sueño del "Retiro" sanjuanino a ser testigo de transformaciones
El sueño había quedado sepultado, pero el predio volvió a tener vida con otro destino. Tras años de abandono, en 1999 el Ministerio de Educación tomó posesión del lugar y lo cedió a la EPET N°4. En esas instalaciones deterioradas, entre paredes que habían albergado bodegas y maderas, comenzó a escribirse otra historia, ahora ligada a la enseñanza técnica.
La metamorfosis del terreno también tuvo tintes deportivos. Donde alguna vez se fabricaban toneles y cajones para la uva, años después se improvisaron canchas de fútbol. Espacios que pasaron de la producción al esparcimiento, en un reflejo de cómo los usos de la ciudad se reinventan con el tiempo.
A duras penas, una parte del predio logró sobrevivir al abandono: un sector fue acondicionado como sala de reuniones para los profesores de la EPET N°4, conservando un pedazo tangible de aquel pasado. El resto, con más esfuerzo y paciencia, se fue adaptando para dar respuesta a las necesidades educativas.
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Al lado de la esquina, el portón de la EPET N°4.
Hoy, entre las huellas del proyecto frustrado y los recuerdos del Establecimiento Latorre, el lugar convive con la vida escolar. En agosto pasado, se confirmó que las obras de la EPET N°4 alcanzaron un 40% de avance, una señal de que el predio sigue transformándose, ahora con la mirada puesta en el futuro.
Ese terreno que alguna vez soñó con trenes y pasajeros se convirtió en un símbolo de resiliencia urbana. Entre ruinas, aulas y canchas, permanece como un testigo que conecta las ilusiones de ayer con las realidades de hoy.
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