Como es habitual durante su tarea en distintas zonas de Iglesia, esta semana personal de Gendarmería realizó un hallazgo arqueológico: dos morteros pertenecientes a una cultura originaria. Sin embargo, esta vez, el descubrimiento tuvo un condimento especial. Según indicaron las autoridades, uno de ellos estaba cubierto con una tela. Ese elemento y la zona en la que fue encontrado dieron lugar a una preocupante hipótesis por parte de los especialistas en arqueología de la provincia, quienes creen que alguien trasladó la reliquia con el fin de robarla.
“A principio de la semana, personal de Gendarmería nos informó sobre el hallazgo de morteros y uno de ellos estaba en una situación, podríamos decir, comprometida. Lo hallaron envuelto en una tela. Esa situación nos llevó a la construir la hipótesis de que alguien se lo había querido llevar y no había podido o la estaba preparando para sacarlo del lugar”, explicó en diálogo con el medio Telesol, la directora de Patrimonio Cultural de la provincia Gladys González.
Al mismo tiempo, sostuvo que, “sumado a eso, analizamos el lugar donde fue encontrado y por las características de la zona estamos seguros de que originalmente no había estado allí. Creemos que fue sacado de su lugar original, probablemente entre dos o tres personas (debido a que se trata de una pieza muy grande y pesada), y que lo dejaron ahí para continuar después con el traslado”.
Debido a eso, la funcionaria decidió pedirle a Gendarmería que realizara el levantamiento inmediato de la pieza para protegerla. Luego, fue trasladada al Museo de Arqueología de Angualasto, donde permanecerá expuesta. Por su parte, el otro mortero hallado es aún más grande, por lo que no se puede mover sin maquinaria especial, como consecuencia, seguirá en su sitio.
Sobre el procedimiento, González indicó además que, “estamos hablando de Iglesia, una zona donde hay muchos restos arqueológicos. Habitualmente, el personal de Gendarmería que recorre la zona encuentra petroglifos, conanas, morteros, trozos de vasijas, y siempre se comunican con nosotros para que resolvamos qué hacer. Normalmente analizamos el lugar para aprender más sobre la pieza, pero ahora no pudimos seguir este procedimiento”.
El hecho de que el objeto haya sido cambiado de lugar es tan grave que impide incluso determinar a qué cultura perteneció. Sobre este aspecto, la funcionaria explicó: “El hecho de que lo cambiaran de sitio hizo que se perdiera el contexto. No hay en la zona ningún elemento característico que nos ofrezca precisiones, como parte de una vivienda, un fragmento de cerámica o un fragmento de textil. Sí sabemos que eran las culturas agropecuarias de San Juan las que usaban estos morteros. Pero esa localidad fue habitada por distintas culturas, como la de Punta del Barro y Angualasto de 1200, entonces no podemos decir específicamente a qué cultura perteneció”.
Para finalizar, la directora de Patrimonio recordó que, “nosotros sabemos que antes tal vez estaba la costumbre de que cualquier persona hallaba algún elemento y se lo llevaba. Pero esta actitud es incorrecta y está penada, porque hay leyes que establecen que esto no se debe hacer”.