De un día para otro, su vida normal, típica de un joven estudiante sano, dio un vuelco rotundo. Su corazón falló de golpe y lo dejó prácticamente inmóvil. Tres meses después estaba en la cama de un hospital de Córdoba, primero en la lista del INCUCAI, solo, a la espera de que llegara un órgano para su trasplante y sabiendo que cada minuto que pasaba hacía la diferencia entre la vida y la muerte. Ahora, Gerónimo Arruda, el chico de 18 años que unió en buenos deseos a los sanjuaninos y a personas de distintas provincias del país, está muy cerca de regresar a la provincia. Antes, contó a Tiempo de San Juan sus vivencias, habló sobre la familia donante y se refirió a su futuro. “Hacerte consciente de que somos muy pocos los que tenemos una segunda oportunidad te hace valorar todavía más la vida”, confió.
Desde el departamento de Córdoba en el que pasa sus días hasta que los médicos le den el ok para regresar a su casa en Rawson, lo que está encaminado a suceder en los primeros días de diciembre, Gero atiende el teléfono. “Gracias a Dios está saliendo todo excelente. Tanto los estudios, como mi mejoría y mi bienestar. Ahora todo es mejor”, dice en tono pausado, pero dejando traslucir una sonrisa a través de su voz.
Y relata: “Es un proceso, sobre todo, raro, porque para muchas situaciones no sabés cómo actuar. Me voy acostumbrando otra vez a la normalidad de a poco. Son varias cosas las que todavía me chocan por el hecho de haber estado tan mal y de la nada, de un día para el otro, pasar a una vida en la que me siento realmente bien”.
Fue de un día para el otro también que el adolescente, que nació en Mendoza, pero vive en San Juan (provincia a la que se mudó junto a su familia hace tres años), supo que padecía una afección cardíaca. Y pasaron sólo 90 días hasta que fue trasladado en un vuelo sanitario a Córdoba sabiendo que necesitaba un nuevo corazón. Ahora, ya recuperado, cuenta: “Fueron tres meses muy duros porque no se hablaba de la posibilidad de trasplante, pero sí del resto de mi vida con mi condición cardíaca. De una vida distinta para mal, que en el momento ya la estaba viviendo y la verdad que era bastante difícil. Me costaba mucho comer, levantarme al baño, la actividad física era impensable. Fueron tres meses de estar en casa, pero el precio a pagar era mucho”.
Mientras el joven creía que iba a perder la normalidad para siempre, surgió la noticia del trasplante. “Fue muy chocante, uno nunca espera esa noticia, siempre tiene fe en que se va a mejorar con otras medidas, no que la última solución sea el trasplante. Pero hay que saber aceptarlo, afrontarlo la situación, eso no es poca cosa. La espera mientras estuve internado se tornó un poco desesperante, pero me prepuse entender la situación para hacerlo lo más llevadero posible, porque era cuestión de esperar nomás, no podía hacer otra cosa”, recuerda y lo relata como si fuera algo lejano, aunque eso sólo quedó atrás hace exactamente mes, cuando entró al quirófano del Hospital Italiano de Córdoba para ser intervenido.
Ahora cuenta feliz que los médicos le hablan de una recuperación ideal, tal cual figura en los libros. “Estoy muy contento por eso”, dice. Y cuenta que, según le explicaron, tiene que ver con el resto de sus órganos estaban en correcto estado, lo único que estaba fallando era el corazón.
De hecho, lo único que tiene que hacer ahora como parte del tratamiento es caminar, para retomar masa muscular. “Córdoba ayuda con esa parte porque es todo subida y bajada”, comenta entre risas. Así que, más allá de las visitas al hospital para someterse a los controles médicos semanalmente, está haciendo una vida normal, aunque va despacio y de a poco.
Embed - Gerónimo Arruda después de su trasplante de corazón
En paralelo planea su regreso a San Juan. “Hablamos mucho con mi familia de lo que se viene. Del tener que volver a la normalidad a la que uno tanto está acostumbrado, que es la que corresponde a una persona de 18 años. El hecho de retomar los estudios, la actividad física, las juntadas, las actividades recreativas, volver a retomar todo eso que durante cuatro meses escaseó”, comenta.
Un agradecimiento y otra mirada de la vida
Aunque sólo tiene 18 años, Gero habla de la vida y las circunstancias por las que hay que pasar de un modo diferente a la de un adolescente joven. Su papá ya había contado que, antes de pasar por todo el proceso vinculado a su salud, él era una persona especial, muy agradable, compañero, agradecido y preocupado por los demás. Ahora, esas características parecen haberse intensificado.
“El hecho de pensar en la familia del donante es un poco extraño por el simple hecho de que uno no sabe quién es. Pero estamos muy agradecidos porque gracias a esa familia y a la decisión que tomó, hoy en día estoy como estoy. Yo más que nadie estoy muy agradecido con la decisión, sabiendo lo difícil que es tener que tomar un giro así de complicado y en ese momento. Y sobre todo haciendo foco sobre la donación de órganos, que es algo muy importante. Me di cuenta, al igual que mi familia, que es algo que se tiene muy poco en cuenta en la Argentina por la poca donación que hay o la poca información que se difunde sobre todo este tema”, dice el joven.
Con respecto a lo que se viene asegura: “Sé también que se viene un futuro cercano con muchos cuidados para cumplir el tratamiento. Y en lo más lejano puedo decir que a uno le cambia la visión de la vida, por el hecho de saber que pudo contar con una segunda oportunidad. De golpe tuve consciencia de que realmente hay muy poca gente que tiene esa segunda oportunidad, entonces aprendí a valor todavía mucho más la vida”.