Cuando una provincia se vuelve libro: la profunda cartografía íntima de Orlando Javier Pelichotti
El fotógrafo y artista sanjuanino Orlando Javier Pelichotti presentó en San Juan “El resto del cielo”, una obra a la que define como una “Sanjuaninada” y que reúne tres décadas de obra, textos, viajes y series expuestas en el mundo.
Hay libros que se leen y libros que se habitan. “El resto del cielo”, la nueva obra del artista y fotógrafo sanjuanino Orlando Javier Pelichotti, pertenece a ese territorio difícil de clasificar donde la imagen deja de ser registro para convertirse en viaje, memoria, territorio, respiración. Su presentación en San Juan, su provincia de origen, no fue solo un acontecimiento cultural: fue la vuelta a casa de una obra que nació aquí, se formó aquí y sin embargo recorrió el mundo entero antes de reunirse en estas páginas.
El libro no es una recopilación convencional. Tampoco una antología retrospectiva. Pelichotti lo describe como “una bitácora”, una suerte de cuaderno íntimo que reúne las series que creó desde los años 90 y que expuso en museos, salones y bienales de América, Europa y el Caribe. Cada serie aparece acompañada de textos escritos en el momento en que esas obras fueron concebidas. En todas las páginas hay imágenes. En todas las páginas hay palabras. En todas las páginas hay movimiento.
Pero el corazón del libro es su geografía. Está dividido en 12 capítulos, cada uno nombrado según una localidad sanjuanina. No desde la literalidad, sino desde la metáfora: Angualasto, Barreal, Caucete, pequeños rincones y grandes ciudades del mapa emocional de Pelichotti que funcionan como anclas simbólicas para los diferentes tramos de su viaje artístico. Son nombres que conectan con la infancia, con la montaña, con las rutas que atravesó de chico, con el viento zondino que marcó su mirada. Pero también dialogan con ciudades lejanas donde expuso: Bogotá, Caracas, La Habana, Buenos Aires, Bariloche, Junín, Valparaíso, Barcelona.
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El libro construye entonces una doble cartografía: la del San Juan profundo donde nació su sensibilidad y la del mundo que abrazó su obra. Ese juego de espejos —la provincia mirando el exterior, el exterior devolviendo una imagen transformada— es el verdadero pulso del proyecto.
Pelichotti lo cuenta sin rodeos: “Este libro lo pensé desde mí, no desde el lector. No por ego, sino porque necesitaba que me gustara a mí primero. Que fuera honesto, visceral, verdadero”. A diferencia de otros trabajos más orientados al público o al circuito artístico, esta vez buscó crear un objeto que lo representara sin filtros. El resultado: un libro breve —apenas 105 páginas— pero cargado de sentidos, secretos y microrelatos que van emergiendo mientras se avanza. “Cuando le di el punto final, sentí que estaba logrado”, dice.
La impronta visual del diseñador Darío Torre ocupa un rol clave. Pelichotti lo reconoce con entusiasmo: “Es casi un gran porcentaje del libro. Su diseño sostiene, dialoga y completa la obra”. El libro, de hecho, tiene esa fineza de los objetos cuidados, donde la imagen, el texto y el diseño se integran con la precisión de quien entiende que el arte también está en la forma en que se presentan las cosas.
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La presentación en San Juan fue el modo más natural de inaugurar este nuevo capítulo. Allí, donde empezó todo. Allí donde sigue votando en la misma escuela de siempre. Allí donde sus vecinos son los mismos desde la infancia. Allí donde aprendió a revelar fotos en un laboratorio casero cuando era apenas un niño. Allí donde nació un artista que hoy lleva realizadas 247 muestras en el mundo y que sin embargo no pierde la brújula de origen.
Ese origen convive con una carrera que no deja de moverse. Mientras el libro se presentaba, una de sus series continuaba su propio recorrido internacional: Bogotá, donde ganó el Primer Premio Internacional de la Segunda Bienal Neogranadina de Artes Plásticas; Costa Rica; Buenos Aires; Bariloche; Tandil; Caracas; el Salón Vendimia; el Salón Mario Pérez; el Salón Nacional de Junín. Y ahora rumbo a Barcelona, finalista del Premio Ciudad de Barcelona 2025, y luego a Arequipa, Perú. La obra de Pelichotti parece tener la capacidad de moverse como un organismo vivo que, aun lejos, sigue extendiendo los hilos que la conectan con su raíz sanjuanina.
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Pero “El resto del cielo” no es, simplemente, un registro de triunfos, sino algo más íntimo, más esencial. Es la forma en que un artista mira su propio camino sin solemnidad, sin grandilocuencias y sin perder la capacidad de asombro. Es el intento de encapsular 30 años de creación y, al mismo tiempo, dejar abierta una puerta hacia lo que vendrá.
Pelichotti siempre contó que su misión era compartir un sentimiento a través de una imagen. Que una fotografía pueda provocar una emoción que no necesita palabras, pero que aun así encuentra su propia narrativa. Esto, que siempre fue una constante en su carrera, encuentra en el libro un nuevo nivel de madurez: la palabra y la imagen aparecen entrelazadas, como si una hubiera estado esperando a la otra desde hace décadas.
Quien abra el libro encontrará un mapa. Pero no uno que marca rutas, sino uno que revela pulsos. Un mapa que, como la obra de Pelichotti, nació en San Juan y decidió caminar por el mundo sin pedir permiso. Un libro que vuelve a su provincia para decir, con la humildad de los que saben mirar: acá empezó todo. Y desde acá, sigue.