Trabajos curiosos si los hay. Uno de ellos el marcar la piel de las personas de por vida, el ser tatuador tienes sus gajes como cualquier oficio. Las historias más “bizarras” las tiene un jóven sanjuanino que hace 9 años se dedica a esto.
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SUSCRIBITETrabajos curiosos si los hay. Uno de ellos el marcar la piel de las personas de por vida, el ser tatuador tienes sus gajes como cualquier oficio. Las historias más “bizarras” las tiene un jóven sanjuanino que hace 9 años se dedica a esto.
Mariano Joaquin Ruiz tiene 25 años es un artista de la piel, experto. En su repertorio tiene miles de dibujos, ya que descubrió su pasión por tatuar desde los 15. Pero en tantos años las historias y anécdotas detrás de la aguja se acumulan. “A ver déjame que recupere alguna”, comienza diciendo a Tiempo de San Juan el joven tatuador mientras se acomoda en su "oficina".
Se pone serio, en su lugar de trabajo, y comienza a contar la peor situación que vivió tatuando a una mujer. “Creo que fue la más extraña. Fue a una gitana, se hizo un triangulo con dentro un marciano fumando. Me incomodaba porque cada vez que la pinchaba, le daba cosquilla y comenzaba a gemir, muy incómodo. Lo pasé mal”, recordó entre risas y un poco asqueado por la situación.
Los santos son otra cosa a la que día a día los tatuadores se enfrentan. Las creencias son variadas y la gente siempre quiere tener en su piel a sus protectores. Mariano ha tatuado a distintos personajes místicos, como San la Muerte o el Gauchito Gil, son los que más salen. “Con la muerte, llegó un chico medio raro. Me parece que se trataba de un convicto con salidas transitorias. Lo hice la primera vez, pero sentí una mala vibra y no volví a hacerlo más”. A partir de ahí, decidió dejar de lado estos dibujos. No se trata de lo monetario, “si no idea mia”.
Así también al estudio del tatuador llegó gente que le pidió hacerse en el pecho la esvástica. La clasica cruz nazi. “Cada persona es un mundo”, sentenció el artista.
Hay distintos modelos de tatuaje que son comunes entre la sociedad. Uno de ellos es la forma del infinito. Un tattoo que parece fácil pero tiene serias complicaciones, “50% del trabajo lo hace el tatuador y otro 50% el cliente”, explicó Mariano a este medio sobre la curación que lleva este dibujo en la piel.
“No se si me disgusta hacerlo pero si es complicado. Tiene que quedar simétrico, la etapa de curación cuesta. A Veces las personas quieren tener la forma con la palabra de algún familiar o suyo y es un labor que lleva tiempo, aunque pareciera que no”, finalizó.
Mariano descubrió su pasión a los 15 años. Un tío lejano llegó a una juntada familiar, venía de Buenos Aires y estaba tatuado. Para la época, en San Juan, los tatuajes no estaban muy “a la moda” es por eso que llamó la atención del joven futuro tatuador.
Pasó el tiempo y se hizo su primer tatuaje. Literalmente, él mismo agarró una aguja y comenzó a dibujar en su muñeca cartas de poker. “De apoco mis amigos me ayudaron y se prestaron, hacia algunos tattoo pequeños que luego se puedan tapar, por las dudas”, desde entonces no paró más. Y ahora cosecha miles de historias que su profesión le da día a día.
