Sus movimientos en la Cámara de Diputados, disputas del pasado y encuentros en Casa de Gobierno prueban que el diputado calingastino Jorge Castañeda está cada vez más cerca del orreguismo. El legislador votó a favor de proyectos claves del oficialismo provincial y aún tiene la espina clavada por viejas rencillas. A todo esto, se le suma la interna peronista, en la que el ex dos veces intendente quedó en una posición incómoda.
En la Cámara, el camino de Castañeda ha sido zigzagueante. Votó a favor del RIGI y de la recensión del contrato con la UTE que estaba a cargo de la construcción del dique El Tambolar. En la última sesión del 2024, el bloque peronista se levantó del recinto para evitar que se aprobara por falta de quórum un proyecto de ley oficialista para comprar computadoras. La movida, que no fue acompañada por el chimbero Gabriel Sánchez ni por el vallisto Omar Ortiz, generó cortocircuitos internos porque había algunos diputados que no estaban a favor de la determinación tomada por el presidente del PJ y de la bancada justicialista, Juan Carlos Quiroga Moyano. Entre esos legisladores no convencidos estuvo Castañeda, quien comunicó su oposición a la jugada, pero terminó acatando “para mantener la endeble unión del peronismo”, indicaron.
La relación de Castañeda con los popes del justicialismo no nació bendecida. En el 2015, fue a pedirle al ex gobernador José Luis Gioja que le permitirá disputar con Mario Romero –aliado de Robert Garcés- las PASO por la intendencia. Salió sin el permiso giojista, por lo que decidió golpear otra puerta. En aquella oportunidad, hubo primarias para la gobernación: Sergio Uñac –con la aprobación de Gioja- versus Ruperto Godoy. Fue bajo el ala de Godoy que encontró cobijo Castañeda, quien terminó ganando las PASO y después la intendencia.
Cuando Uñac asumió la gobernación, Garcés fue designado Subsecretario de Asuntos Municipales. Los pedidos de los intendentes debían pasar por él. No fue fácil el diálogo entre ambos, es más por aquellos años Castañeda dijo en los medios de comunicación que conseguía poco y nada de la Provincia. Las cosas cambiaron en el 2017, cuando en las elecciones de medio término hubo apoyo masivo calingastino a las listas del peronismo. Ese fue el punto de inflexión.
Pero la paz no duró mucho. Es que, en los comicios provinciales del 2023, Castañeda sintió que no hubo suficiente apoyo político a la lista que impulsaba a su hermano como su sucesor. Es más, no le cayó demasiado bien la puerta que se le abrió al médico Sebastián Carbajal para competir por la intendencia gracias a la Ley de Lemas. Finalmente, Carbajal terminó convirtiéndose en el jefe departamental y Castañeda en diputado por Calingasta.
La relación entre Castañeda-Carbajal fueron complicándose más luego de que éste último lo denunciara en la Justicia por casas fantasmas y una obra sobrefacturada.
Mientras la relación con el peronismo iba enfriándose, el ex intendente se fue acercando más al oficialismo provincial. Es más, fuentes confirmaron que hubo reuniones entre el legislador y el gobernador Marcelo Orrego por temas inherentes a la minería. Hubo buena sintonía, aseguraron.
Falta mucho para el 2027, pero será necesario cimentar un camino para ganarse las cabezas de lista. Sobre todo, porque si se cumple lo que prometieron desde el oficialismo, para las próximas elecciones provinciales no habrá Ley de Lemas. Por frente, habrá 19 candidatos a intendente que serán elegidos entre un montón de dirigentes con aspiraciones. ¿Una puerta que se cierra para Castañeda y otra que se abre? El futuro dirá.