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Entrevista exclusiva

Santiago Kovadloff, a fondo con Tiempo: el "populismo vigente" de Milei, la relación con el judaísmo y una defensa a los periodistas

El filósofo estará en San Juan el lunes 22 de abril para dar una conferencia titulada Construir valores, el desafío de la Argentina actual.

Por Fernando Ortiz

El filósofo y ensayista Santiago Kovadloff visitará San Juan el lunes. Dará una conferencia titulada Construir valores, el desafío de la Argentina actual, en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, a las 19. Pero antes, el jueves de la semana que terminó, atendió a Tiempo de San Juan para una entrevista a fondo sobre la realidad política del país. Desde su despacho en la Ciudad de Buenos Aires, el escritor de libros como Los temas de siempre y Ensayos de intimidad, respondió la llamada sanjuanina.

Kovadloff hizo un interesante repaso sobre el desenvolvimiento discursivo de la presidencia de Javier Milei y lo comparó con el periodo kirchnerista. Dio definiciones de alto impacto respecto al Gobierno nacional y la construcción de poder con parte de la casta: "El Presidente es un presidente que recae en la descalificación en el orden discursivo de la política, pero no renuncia a vincularse con figuras altamente comprometidas con el pasado que dice repudiar, como Daniel Scioli, por ejemplo".

Asimismo, el escritor marcó el vínculo de Milei con el judaísmo y la falta de los valores de esa religión en el comportamiento diario del Presidente que "no parecieran demasiado vigentes cuando encontramos la marcada intolerancia que el Presidente de la Nación manifiesta hacia ciertos sectores sociales mediante generalizaciones que son peligrosas, como las que ocurren con el periodismo". Y luego hizo una encendida defensa de la actividad periodística y de referentes como Jorge Lanata.

Además, Kovadloff comentó que ya tiene intenciones de visitar por segunda vez la provincia: "La idea es volver a San Juan posiblemente en septiembre, pero esta vez ya con mi trío de música de cámara y poesía para presentar el espectáculo que estrenaremos en mayo en el Teatro Colón, que se titula El Encuentro, una cita musical con pensadores y poetas judíos".

Santiago, hace bastante, antes de las PASO, vos escribiste un artículo en el diario La Nación, haciendo una comparación entre Patricia Bullrich y Javier Milei, y decías que Javier Milei es barrer con el orden establecido y crear un orden nuevo. ¿Ves que eso se esté desarrollando hoy?

No, no lo veo tan claramente como entonces me parecía, y así me parecía en virtud de la enunciación que Milei tenía durante la campaña. Durante la campaña, creo yo, el actual Presidente desplegó una propuesta en la que la intransigencia ética implicaba una fuerte impugnación del escenario político existente, y dentro de esa impugnación lo que uno advertía, o lo que se advertía, era que él no establecía matices dentro de la dirigencia política, englobando en la noción de casta la totalidad de sus expresiones.

Por ese motivo, en aquel momento yo me incliné por creer que si él llevaba adelante esas convicciones de manera inflexible, tendríamos entonces a un presidente para el cual el escenario político iba a estar integrado exclusivamente por figuras repudiales. Hoy no creo que sea así, creo que hoy el Presidente está evidenciando una fuerte necesidad de sostener su protagonismo político en el campo de las negociaciones, y hay al mismo tiempo un desplazamiento, diría yo, de la intransigencia en el repudio del campo estrictamente político al campo periodístico.

En el campo periodístico es donde yo advierto que la impugnación del presidente tiene características absolutas, mientras que en el campo político lo veo negociar su estabilidad y el logro de sus objetivos a través de hechos que son inquietantes desde el punto de vista ético, desde el punto de vista, digamos así, moral y en relación a sus planteos iniciales.

Vos justamente venís a hablar de valores a San Juan, Javier Milei representa algunos valores, o al menos dice representarlos, en términos de libertad y respecto al proyecto de vida del prójimo, conocemos su discurso. Y además, él siempre dijo lo que iba a hacer, y sin embargo los argentinos nos hemos convocado y hemos votado en masa a esa opción. ¿Por qué votamos a alguien que nos propuso de alguna manera un estilo de dolor?

Porque ese dolor no es, al parecer, mayor que el que se venía padeciendo bajo la hegemonía kirchnerista. Es decir, que en términos de intensidad de padecimiento, habíamos alcanzado con el kirchnerismo un límite tal de tolerancia, de intolerancia mejor dicho, que nos impulsó a muchos, por lo menos no a mí, pero sí a muchos, a votar por el actual Presidente, prefiriendo la incertidumbre de lo nuevo a la perpetuidad de la corrupción conocida.

¿Es Milei un nuevo paradigma en la política? ¿Puede ser duradero?

Bueno, en cuanto a nuevo, yo diría que hay matices. Hay aspectos en los cuales, sin duda alguna, es una figura inédita desde el punto de vista de su gestión. No quiero hablar de su carácter. Desde el punto de vista de su gestión, lo que él está llevando adelante en el plano económico, macroeconómico sobre todo, es inédito. Es de un coraje para ser consecuente con lo que dijo durante su campaña en ese orden. Indiscutible, indiscutible. Ese coraje para llevar adelante políticas macroeconómicas a las que no renuncia, van acompañadas lógicamente por los padecimientos que genera esa transformación estructural.

Dejamos de sufrir los padecimientos impuestos por una concepción populista de la economía y la macroeconomía, y estamos padeciendo ahora las consecuencias de la acumulación del anterior unido a lo generado por lo nuevo. En este sentido, el Presidente es un presidente consecuente y capaz de sostener la palabra que empeñó en su campaña. Ahora, estamos ante algo nuevo. Yo diría que las negociaciones que se están llevando adelante con la casta, en este momento, para garantizar la sustentabilidad de los proyectos fundamentales del partido gobernante o de la fuerza gobernante, evidenciaría que tan nuevo no es.

Dos aspectos en este sentido. El populismo sigue vigente. El Presidente es un presidente que recae en la descalificación en el orden discursivo de la política, pero no renuncia a vincularse con figuras altamente comprometidas con el pasado que dice repudiar, como Daniel Scioli, por ejemplo. Y lo que va a ocurrir con el juez Ariel Lijo, en tanto ya es una propuesta del Gobierno. Y también lo es el repudio brutal al periodismo, concebido como un cuarto poder integrado por poco menos que delincuentes.

Claro, tiene similitud al kirchnerismo en eso

Ahí está, lo decís muy bien. Estamos adelante de la perpetuidad de conductas y procedimientos que nada tienen de novedosa en ese sentido, y en contraste con lo anterior, estamos ante una prolongación de lo ya conocido.

Hay valores de la democracia que nosotros tenemos en estos 40 años, y sin embargo hay una observación muy atinada que se hace generalmente: ¿por qué la gente tendría que estar de acuerdo con vivir en democracia si la democracia no le ha dado nada? No ha mejorado su calidad de vida, al contrario, la ha empobrecido, le ha dado una inflación galopante, no le ha dado una mejor educación pública. ¿Hay que reivindicar la democracia, Santiago?

Ante todo creo que tenemos que cuidarnos de las generalizaciones. Las democracias, tal como se reiniciaron a partir de 1983 en la República Argentina, exclusivamente, no quiero generalizar, han implicado logros muy importantes, pero muy importantes. Por ejemplo, la desaparición de la concepción elitista de las Fuerzas Armadas como un recurso ético y político alternativo para gobernar los destinos del país. Entonces, en ese sentido, los golpes de Estado han dejado de ser una constante patológica y crónica de la política argentina, y eso se lo debemos a la democracia que nos devolvió el presidente Alfonsín.

El campo de los derechos humanos, si bien tergiversado también posteriormente por el uso ideológico que le dio el kirchnerismo, ganó una enorme proyección en el país gracias a la democracia. Las fallas que, en cambio, se produjeron en el orden económico parecieron perpetuar la ineptitud que la democracia venía demostrando para resolver, sobre todo, a partir de la caída, digamos así, del gobierno de Frondizi, las posibilidades de contar con ese camino que el presidente Alfonsín trazó, según el cual con la economía se educa, con la economía se come, con la economía se gana salud.

Creo yo que las políticas económicas han sido nefastas realmente para garantizar la credibilidad del sistema democrático como alternativa cultural, cívica, general, que se ha ido desgastando sin que, sin que, esto hay que tenerlo en cuenta también, progresara la visión de la violencia practicada en los setentas como un modelo viable con posterioridad a la década del ochenta, el noventa. La violencia no prosperó como modelo de organización alternativa venido de una izquierda guerrillera.

Ahora, también convengamos que la reconstrucción de la credibilidad económica de la democracia argentina, tal como parece aspirar a llevar a cabo el presidente Milei, es un proceso largo y muy doloroso que acaso le devuelva credibilidad a la democracia, puesto que Milei cuenta con un apoyo popular en ese sentido muy considerable. Añadamos a esto, no obstante, que es muy peligroso que la reconstrucción económica de la democracia argentina sea compatible con la caída de los principios éticos que le devuelven a la impunidad de muchos la posibilidad de seguir perpetuando su salida y su subsistencia fuera del campo de la ley.

Hay una entrevista que te hicieron por el lanzamiento de tu último libro -Los temas de siempre- en el sitio Infobae y vos señalaste que el libro consistía en volver a preguntar aquello que parecía ya sabido. En este caso, y vos lo mencionaste bien, en el campo de los derechos humanos nosotros habíamos generado cierto consenso ¿y este gobierno viene a romper con ese consenso o viene a agregar una dimensión nueva?

Yo creo que hace ambas cosas. Me parece que es un gobierno bicéfalo, o si se quiere pendular, donde la ambigüedad y la contradicción no están ausentes. Al contrario, es todavía un gobierno que, como el Barco ebrio del que hablaba Rimbaud en el poema memorable, oscila, se tambalea, va de una punta a la otra, toma decisiones, las contradice pocas horas después, reimpone criterios que había abandonado, sostiene criterios negociando su alcance y su contenido. Entonces estamos delante de un gobierno que se va constituyendo como tal en el transcurso de los días y no que llega para desplegar un programa que nosotros podríamos considerar ya constituido.

Ahora sí hablemos de los valores y de la charla que vas a dar acá en San Juan. Noto, particularmente, no sé si vos también, que hay cierto como revival, que hay una puesta en valor nuevamente de ese concepto de Dios, Patria y Familia. Está muy presente en las redes, en los jóvenes. ¿Vos considerás que hay una reivindicación de lo tradicional?

No estoy seguro de que sea lo tradicional. A mí me parece que los aspectos conservadores que puedan poner de manifiesto las políticas del actual gobierno se ven al mismo tiempo parcialmente contenidos por la necesidad de una renovación profunda. Pero esa renovación no necesariamente pasa por el escepticismo en relación a lo que podríamos considerar los valores familiares, los valores de la educación tradicional.

¿Qué entendemos por valores tradicionales? Los valores tradicionales son aquellos, a mi juicio, que garantizan la vigencia de la Constitución Nacional en términos de preeminencia de la ley sobre el poder, concepción de la educación como recurso fundamental de la creación de civismo y la idea del prójimo como un interlocutor ineludible en la construcción de una convivencia que sea simultáneamente pacífica, crítica y autocrítica. Entonces, en este sentido, me parece que el gobierno todavía tiene mucho que aprender, mucho que aprender. Y a veces se produce un curioso desfasaje entre la soberbia con que dice venir a enseñar y la ineptitud parcial que demuestra para poder aprender.

Ante todo, aprender a considerar al próximo sin estigmatizarlo. El Presidente tiene una fuerte inclinación emocional y una fuerte convicción personal en relación al judaísmo. Él se siente muy cerca del judaísmo. Ahora, el judaísmo, tal como lo entiendo yo al menos y como creo que la mejor tradición lo evidencia, no estigmatiza al prójimo, no lo considera necesariamente como aquel que debe subordinarse a la palabra hegemónica que pueda pronunciar uno. No, busca el diálogo. El eje vertebrador, los dos ejes vertebradores de la tradición judía son la idea de la alianza que Dios lleva adelante con el hombre, por la cual Dios pide ser reconocido como interlocutor y le concede al hombre el papel de interlocutor también, y la concepción de que la interpretación es una instancia poco menos que sagrada de la construcción de la palabra humana.

Interpretar es ley. Interpretar significa poder hacer de la palabra que nos brinda el otro objeto de consideración analítica, crítica y de aceptación de su derecho a manifestarse. Entonces, estos valores del judaísmo no parecieran demasiado vigentes cuando encontramos la marcada intolerancia que el Presidente de la Nación manifiesta hacia ciertos sectores sociales mediante generalizaciones que son peligrosas, como las que ocurren con el periodismo. Yo no puedo aceptar que él considere a Joaquín Morales Solá, a Jorge Fernández Díaz, a Jorge Lanata o a cualquiera de los periodistas que desempeñaron con un coraje excepcional la confrontación con el delito que tuvo lugar en la Argentina en los últimos 20 años, como expresión de un periodismo corrupto.

Santiago, ¿vos considerás que este avance del conservadurismo y también cierto liberalismo es quizá una respuesta a esa exageración de progresismo que hubo durante el periodo kirchnerista?

Bueno, depende de qué país hablemos. La Argentina es un país de convicciones siempre muy, te diría, efímeras. Los valores no parecen tener entre nosotros la consistencia de lo perdurable, sino más bien el protagonismo propio de lo circunstancialmente considerado como valioso o como verdadero. No hay duda alguna que la decadencia de la educación en la Argentina, la educación pública y aún la educación privada, en los tres niveles, ha contribuido enormemente a orientar la necesidad social hacia convicciones medianamente, te diría, inequívocas, inamovibles y que, así como las ideologías de izquierda sirvieron de madero para asirse a una certeza en el medio de la tormenta, así también puede ser que ahora ciertos ideales que son concebidos como antítesis de ese izquierdismo vuelvan a tener algún grado de vigencia.

Pero lo que creo yo es que tiene que ser el termómetro para medir la consistencia de los valores en juego en la doble característica de ser valores proveedores de alternativas sociales y capaces de tener hacia sí mismo espíritu autocrítico, porque de lo contrario la democracia no prospera.

Para graficarlo sobre todo en términos de redacción de diario, ¿cuáles serían para vos los valores fundamentales que hay que reivindicar o que hay que poner en práctica o que hay que incorporar en el día a día, en lo cotidiano, tanto en la política como en el resto de las actividades?

Los valores de la Constitución Nacional son los fundamentales. El reconocimiento de los tres poderes, tanto en su autonomía como en su interdependencia, es el punto primario de la reorganización del país en términos republicanos. Esto es indispensable que ocurra porque esas tres instancias fundamentales de la organización republicana han sido brutalmente vulneradas por los años kirchneristas. En consecuencia, reconstruir esa autonomía y al mismo tiempo convalidar esa interdependencia me parece que es un primer paso fundamental.

En segundo lugar, y siempre dentro de lo que sería la cosmovisión constitucional, creo que es muy importante entender que la educación de hoy no puede estar orientada por un espíritu tecnocrático. Una cosa es valorar enormemente lo que la tecnología de punta nos aporta y otra cosa es comprender que sin una subjetividad suficientemente orientada por un espíritu humanista, la tecnología termina siendo el sujeto y el hombre el objeto.

Venís a la tierra de Sarmiento, vos sos un lector de Domingo Faustino, y tengo que preguntarte si este es un liberalismo similar al que pensaba Sarmiento

Yo creo que no, yo creo que no lo es, pero no olvidemos que el presidente reivindica la figura de Alberdi, que es una figura bastante enfrentada con Sarmiento. Pero, si queremos ser sarmientinos en serio, démosle a la libertad educativa y al rigor de la enseñanza el papel protagónico sin el cual la república no puede tener consistencia.

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