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Mirada

Oda al desmantelamiento de lo inofensivo: ahora, el INPRES

Una imitación casi idéntica del decreto del menemismo de 1996, que fusionó al INPRES con otros dos institutos, fue el dado a conocer el pasado 18 de junio por la administración Milei. Incertidumbre en un organismo que es modelo en el país y el mundo.

Por Natalia Caballero

Gracias al INPRES, cada vez que tiembla vos te enterás de cuántos grados fue el sismo, cuál fue el epicentro, la intensidad y la magnitud del evento. Gracias al INPRES se elaboró el Código de Edificación de San Juan, cuya aplicación evita que las construcciones que habitamos colapsen ante los terremotos. Gracias al INPRES hay información científica sobre sismicidad en todo el país, que permite medir hasta los efectos del fracking en la Patagonia. Gracias al INPRES, los terremotos del ’77 y del ’21 fueron mucho menos destructivos de lo que podrían haber sido. Ese mismo personal del INPRES, al que recordamos cada vez que hay un temblor, se enteró por la prensa del decreto fechado el pasado 18 de junio por la administración de Javier Milei, que fusionaba al Instituto Nacional de Prevención Sísmica con el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR). Nadie se esperaba la noticia dentro del organismo, que no quedó fuera de la lógica fusionadora anunciada por el Presidente y que vienen ejecutando sus ministros estrellas.

No es la primera vez que el INPRES atraviesa una fusión. Es más, el decreto de Milei es casi la réplica de otro que data de 1996, cuando el menemismo dispuso la fusión del INPRES, el Instituto Nacional de Tecnología Minera y el Centro Regional de Agua Subterránea constituyendo el SEGEMAR, que dependía del Ministerio de Economía, Obras y Servicios Públicos. En aquel momento, los efectos inmediatos fueron principalmente financieros. El instituto dejó de manejar un presupuesto propio, disminuyó la inversión en estaciones sismológicas y los trabajadores no fueron jerarquizados. En el 2000, se aplicaron cambios y lentamente el INPRES fue recuperando la descentralización que requiere el manejo de una institución federal que se enfoca en investigaciones en el interior profundo de este país, interior que no forma parte ni discursivamente de la gestión de la Libertad Avanza y que cada vez viene siendo más marginado hasta en el reparto de poder y dinero público.

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En el INPRES trabajan 40 personas. Su director, Rodolfo García, no habló con Tiempo de San Juan, pero en declaraciones a Diario de Cuyo informó que no tenían ni idea de la disposición nacional y que van a gestionar que no les quiten funciones. Manejan un presupuesto de 250 millones de pesos anuales, que, si bien no es mucho dinero porque contempla el pago de sueldos, es dinero cuya distribución la hacía el INPRES. Los empleados son en su mayoría profesionales: ingenieros, geólogos, geofísicos y cobran en promedio $1.200.000. Como el sueldo es bastante magro, cuesta bastante encontrar expertos de estos rubros que trabajen por ese salario en el ámbito público cuando hay ofertas mucho más tentadoras en el sector privado como la minería y la industria.

Ya con las condiciones presupuestarias que viene arrastrando desde hace varias gestiones, al INPRES le estaba resultando difícil continuar generando conocimiento científico. Fuentes en off le dijeron a este medio que desde hace tiempo la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales –dependiente de la Universidad Nacional de San Juan- tiene mejor tecnología que el INPRES, por lo que el instituto recurre continuamente al uso de toda la aparatología de la unidad académica. Ahora, ante la posibilidad de no manejar más presupuesto propio ven cada vez más difícil el mejoramiento de la aparatología y más complejo aún el ingreso de personal joven que pueda hacer trabajo de campo. “Hay mucha gente en condiciones de jubilarse, pero si se van, van a quedar 20 personas en el INPRES investigando sobre sismos e informando sobre sismos y para todo el país”, apuntaron con preocupación extrema. Nadie quiere hablar en on sobre las consecuencias de esta decisión política tomada en Capital Federal.

Objetivos del INPRES -Desarrollar y actualizar los reglamentos argentinos para construcciones sismorresistentes. -Desarrollar estudios referidos al comportamiento sísmico de las construcciones y manuales de aplicación práctica referidos al diseño de estructuras sismorresistentes. -Operar, mantener y adecuar la Red Nacional de Estaciones Sismológicas y la Red Nacional de Acelerógrafos, y procesar los registros obtenidos. -Estudiar la sismicidad y actividad tectónica del territorio nacional. -Actualizar el catálogo sísmico nacional. -Evaluar los estudios de peligrosidad sísmica de grandes obras. -Realizar campañas de divulgación en todos los niveles destinadas a crear una conciencia del problema sísmico y sus soluciones. -Prestar asistencia técnica específica en el país y, a requerimiento, en el extranjero.

La reacción a la decisión presidencial fue repudiada por el peronismo y por la comunidad científica. Incluso, los legisladores nacionales de Unión por la Patria presentaron un proyecto para expresar el repudio a la fusión en la Cámara de Diputados de la Nación. En el gobierno provincial hay preocupación y han solicitado que se remita un informe sobre el alcance del decreto.

La administración de Milei prometió recorte y optimización del gasto. La ciudadanía avaló con su voto la motosierra y la tijera a la maquinaria estatal que había parido curros en ciertos circuitos públicos. Con ese cheque firmado por el 56% de los argentinos, La Libertad Avanza inició un camino político. En el medio de ese camino quedó el INPRES, un instituto modelo del interior del país que gasta mensualmente poco más de 20 millones de pesos entre personal y gastos de mantenimiento y logística en general. Un recorte a lo inofensivo.

“Estamos actualizando los contenidos del sitio en el marco de la implementación del decreto 396/2025”, dice la página web del INPRES, uno de los pocos institutos nacionales cuya sede central está en el interior del país. Hasta hoy, todo es incertidumbre dentro del organismo, que tiene su sede propia en avenida Libertador y Roger Balet. Quizás eso es lo peor, aseguraron. No saber qué va a pasar, con quién tienen que comunicarse, quién va a ser el jefe a cargo. Las únicas dos certezas son la fusión y que existen chances de que trasladen a su edificio otros institutos nacionales. Nada más. Que nadie levante el tubo al interior del país se ha transformado en otra política de Estado, que atraviesa gestiones presidenciales y desgarra hasta lo que alguna vez fue motivo de orgullo internacional.

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