El 7,7% de inflación en marzo es un resultado, en términos futbolísticos, “echatécnicos”. En términos económicos, se necesita mucha espalda política y alianzas muy fuertes en distintos ámbitos de la vida económica y productiva del país para soportarlo a pie firme.
Sergio Massa llegó al superministerio de Economía, Producción y Agricultura tras el breve interregno de Silvina Batakis, que venía a reemplazar a Martín Guzmán, renunciante en twitter durante un mensaje de Cristina Kirchner en una semicadena nacional.
Batakis, en pocos días, sufrió la perdida de depósitos por 900 millones de dólares y una suba del dólar de 238 a 340 pesos. La inflación, por encima del 6%, no se le podría adjudicar, era enteramente de la gestión de su predecesor.
Massa, empoderado por el gobierno, la opinión pública y buena parte de los medios, asumió prometiendo una inflación que “tiene que comenzar con un tres” para abril. Esto fue oído como quien oye llover en medio del desierto por el gobierno nacional, que recuperaba, con esa promesa, las expectativas electorales para las elecciones de octubre.
Pero nada de eso sucedió, y junto a las expectativas del gobierno nacional se comienzan a esfumar los anhelos presidenciales de Sergio Massa, que se jugaba un pleno a la reactivación económica apara reverdecer su desgastada figura política.
Sobre esto, se conoció la furia en Casa Rosada porque se habría filtrado, desde las entrañas oficiales la versión sobre un pedido que el FMI le habría realizado al ministro en la visita número mil a Estados Unidos: una devaluación urgente, de entre el 25% y el 50%.
Y como colofón, la escapada del dólar que en versión extraoficial tocó este martes los 420 pesos.
Atentos a este resumen, no sonaba inverosímil entonces la versión que comenzó a correr sobre la renuncia de Massa al superministerio, decisión que lo depositaría en el llano, por su renuncia a la Cámara de diputados, lugar que ocupó el piquetero kirchnerista Juan Marino.
El rumor de la devaluación, o del pedido del FMI, para algunos oficialistas, también podría haber sido agitada por la oposición, para enturbiar el presente de Massa y empujarlo a la dimisión.
Hasta se llegó a tirar el nombre del que podría ser su reemplazante: Antonio Aracre, el ex CEO de Syngenta (el gigante chino de la agroindustria), entronizado hace pocos meses por Alberto Fernández como su asesor estrella, nombrándolo Jefe.
Si bien le adjudican a “la oposición” la autoría intelectual del rumor, desde Economía acusan de autor material de la conspiración el periodista de La Nación Carlos Pagni, quien habría asegurado que el FMI le pidió a Massa la devaluación contundente antes del próximo desembolso.
La versión fue lanzada justo cuando los exportadores debían comenzar a liquidar la cosecha a instancias del acuerdo “Dólar Agro 3”, que les otorga inmensos beneficios cambiarios respecto del resto de los argentinos, y tornan casi irrelevantes a las retenciones.
El último error lo cometió, otra vez, la portavoz presidencial Gabriela Cerruti, que salió a desmentir la renuncia de Massa y la asunción de Aracre, dándole entidad a una información que no había sido publicada aún por ningún medio.