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Análisis

Dia D para la minería sanjuanina: de la opacidad de aquel Veladero modelo 2010, a la ley del más fuerte

Vicios de hace más de 15 años, buscan resurgir. La historia secreta sobre cómo se generó riqueza sólo para un puñado. Eso sí, bien sanjuanino. Las redes que operaban. Buenos tiempos aquellos para el acomodo político, anécdotas varias. La nueva fórmula: Cuyo somos todos.

Por Sebastián Saharrea

Sin margen para dudas, la cúspide para la actividad empresarial minera en San Juan fue la que se desplegó en los meses iniciales de 2010, tal vez algunos antes: Veladero a tope y la luego frustrada construcción de Pascua-Lama en pleno despliegue de inversión con u$s 10 mil millones que quedaron enterrados.

Economía local al taco, al amparo de la curiosa aplicación de un compre local apenas poroso para los extraños a un circuito de la felicidad previamente configurado en rueda de amigos, allegados y favorecedores. Condimento político, excluyente. Eso sí: bien sanjuanino todo. Con algún toque canadiense también.

Un espejo aquel de 15 años atrás que lanza alertas al día de hoy, cuando regresa aquella fiebre del oro (o del cobre) reloaded y el mercado comienza a espantarse de ese triste recuerdo de festivales de contratos estimulados por la convivencia patológica entre gobierno y corporación. Y que, conviene recordar para no volver a tropezar porque es lo que efectivamente ocurrió, lo único que dejó a su paso fue un puñado de sanjuaninos tocando bocina en la Plaza 25 con sus importados. Público en general, se van para atrás: a asistir al show con la ñata contra el vidrio.

Acto reflejo, en estos días de infighting el sector corporativo activa los anticuerpos para no ver repetida la historia, si es que ésta se repite como farsa como recita cierta militancia. Se despliega en Toronto mostrando su alergia a todo lo que resulte parecido a esa digitación de proveedores. Por cupo, por color, por abecedario, por lo que sea. Lo hicieron los dos Ceos de las dos compañías con mayor proyección, Ron Hoschtein de Vicuña y Rob Mc Ewen de Azules. Tal vez de manera calculada o tal vez sincronizados sin querer, un planazo a cualquier intervención “artificial”. Se analizará luego el verdadero alcance del término.

Se plantaron en el polo opuesto a aquella historia de terror que sepultó el placer por el desarrollo saludable, frente a la mueca de desconfianza que generaba el despliegue visible de favoritismos inexplicables en idioma castellano. En el medio, un gobierno encajonado entre la certeza de la patología anterior que padeció el paciente y entre la necesidad de ponerle oído a la queja empresaria local ante el desembarco de proveedores chilenos o mendocinos que, con distintas artes, suelen atravesar el arco del sentido común. Hora 0.

Vale retratar aquel espejo de Veladero modelo 2010 para contener sus partículas residuales actuales. Que las hay. Hoy parece haberse disipado esa opacidad en los megacontratos de Veladero, como sí ocurría en aquellos meses del modelo Barrick Vintage 2010, algunos se mantienen hoy en áreas menores: hay quienes apuntan ahora a esos sectores intangibles como trabajos en comunidades o comunicación. Poco mensurable, apenas versiones sueltas.

Pero hace 15 años, eran pocos los grandes contratos que esquivaban al señalamiento de preferencias, si se le diera crédito a la catarata de reclamos que bajaba como agua desde los desengañados por aquel dedo índice. Es decir, casi todos los sanjuaninos que no tenían ticket válido para aquella casita de la felicidad.

Buenos años para la efectividad de la consejería política, que de un lado alcanzaba apenas con ser sugerida y del otro se aceptaba callado y sin patalear. La cosa funcionaba más o menos así: al compre local lo motorizaban desde la operación de una barrera que funcionaba como un eufemismo. Algo así como homologación, le habían puesto. Era la que se subía o se bajaba de acuerdo a la cara del cliente. Sanjuaninos, sí. Había que ver qué sanjuaninos.

O comerciantes bonaerenses que no localizaban San Juan en el mapa, y aterrizaban con sociedades extrañas y contratos encima. Dicen que hubo mucho de eso. También otros que se trasladaban en helicóptero, ya se cansaron de los éxitos locales y se fueron a España a vivir una vida mejor. Y a bajar desde allí el dedo desde publicaciones low cost.

Por lo general, el guardabarreras operaba en Buenos Aires, lo que motivó algunas migraciones asombrosas. Por ejemplo, un grupo de proveedores se partió, y quedó funcionando con dos subgrupos con la misma sigla (Casemi). Con el detalle que uno de ellos llevaba el agregado de Buenos Aires. Lo que denotaba mayor proximidad con el sereno que levantaba la barrera.

Se fue configurando así un manojo de favorecidos privados, muy posiblemente con raigambre política. Beneficiados vaya a saber por qué factor dedicado a la suerte, a la providencia o a los amigos (o a todo eso junto) pero que siempre los encontraba del lado de donde caía la moneda. Una nueva burguesía de aquellos años felices, con sólidos vasos comunicantes en la actualidad.

Del otro lado del mostrador, la de Veladero vintage modelo 2010, también habían hecho bien los deberes. Tanto que, como probablemente conocían que lo que haría falta serían muchas operaciones, se preocuparon por juntar un staff de…. médicos. Lógico, con escolta comunicacional, eran los que movían la rueda.

Pasaron años así, en ese acting en que las cúpulas políticas simulaban con controlar –derrames incluidos- se impostaban rigurosidades que luego en el mano a mano caían desvanecidas. Se escapaban las tortugas. Hasta que ya pareció demasiado: el peso del descrédito público, la desconfianza interna y los pésimos resultados motivaron un golpe de campana.

Puertas adentro de Barrick, la imperiosidad de cambiar o morir se hizo visible. Desacoplaron aquel equipo Vintage, tanto el de los médicos como el de los no facultativos. En muchos casos con salidas acordadas y millonarias en dólares, que los hicieron desaparecer de la corteza social. Hubo también recordadas causas penales en áreas de compras, que para muchos fueron meras pantallas para insinuar repentinos apetitos personales, vicios de uno sólo, antes siquiera de analizar si allí atrás había un sistema recaudatorio más amplio.

Hubo también algunos que saltaron –y aún permanecen- en funciones gubernamentales con gran éxito, propio de una cintura virtuosa capaz de esquivar lo que desde afuera parecen diferencias políticas sustantivas.

Se comenta incluso el caso de un ex ejecutivo que consiguió revertir un despido con causa casi seguro en un pago indemnizatorio millonario en dólares, sólo con la intermediación de un buen abogado y un psiquiatra de famosos. ¿Será verdad que la asesoría profesional incluyó hasta a un ministro de entonces, luego devenido en secanucas presidencial? ¿O que la acción llevaba tácitamente implícita el impulso de una eminencia jurídica en ese entonces con despacho de asesoría pública incluida y hasta muñeca de candidato (en éste último rol, no demasiado efectivo)? Virtuosismo de esos tiempos.

Con aquellas movidas, Veladero buscó sepultar su pasado lo más profundo posible, aquel modelo Vintage 2010. Pero algunos resabios quedan, parecería que no en el grueso de sus principales contrataciones pero sí en lo que se escucha por los bordes. Que no deja de ser significativo, aunque se apodere de algunas vísceras difíciles de presentar en estos tiempos.

Se comentó mucho en las últimas semanas un extraño caso de compliance, aplicado para sofocar un amor repentino interno como si no pudiera ocurrir, o si las personas fueran robots. Las estrictas normas impiden conocer si es verdad. ¿Será cierto que ante un florecimiento sentimental, fue ella y no él quien resultó conminada a cambiar de área?

Si así fuera, no sería apropiado que se conozca. Menos hoy, que crece una tendencia social en el mundo: la de no castigar a nadie sólo por ser mujer. Más aún, con la irrupción de un grupo de reunión de mujeres mineras sanjuaninas, que ya tiene sello y foto con la finalidad de posicionarse. Y que seguramente diría algo si algo así ocurriera en estos tiempos.

Bueno para reflexionar sobre los motores de la corrupción y el grosero error de focalizarlo sólo en el ámbito público. Las corporaciones también suelen serlo, a su manera. Este ejemplo funciona para explicarlo: dos empresas privadas contratando, podría decirse absoluta libertad. En el medio, la cartas entregadas por el regulador, el Estado. Los burócratas de turno que levantan la barrera y facturan en especies, visto bueno corporativo mediante.

Años turbios aquellos, años tensos éstos, en los que se vuelven a barajar y dar las cartas con el fantasma del pasado reciente detrás. Tal vez por eso parecieron mimetizarse los ceos de las grandes compañías mundiales en un mensaje bien definido: a “eso” no queremos volver. Y “eso” no es una ilusión óptica. Es lo que efectivamente sucedió con el modelo Veladero Vintage 2010. Con esquirlas sueltas que todavía dan señales de vida.

Pero claro, ocurre que la libre interpretación del credo de la libertad puede implicar la pérdida de contratos generalizados en el ámbito local, en beneficio externo. Ya hubo una insinuación sobre eso hace semanas con una irrupción chilena favorecida por un tratado que los favorece (de arranque, no pagan IVA en Argentina). U otro en ciernes, proveniente de Mendoza, al grito de “Cuyo somos todos”.

De aplicarse a rajatabla el mandamiento del presidente Milei de poner a competir a la economía con bienes de mejor calidad a menor precio, podría quedar poco en pie de este lado. Hay escalas, expertise, regionalismos, que juegan. Un ecosistema de proveedores desarrollado como el chileno, frente en pañales como el sanjuanino. Aún Milei –que tiene la sartén por el mango- no parece demasiado lejano en comprenderlo. Se verá.

En el otro rincón, la provincia. Dueña teórica de los recursos, atrapada en las secuelas de las señales económicas nacionales. Acá en San Juan también cualquier regulación “artificial” –para usar el término empleado por Rob Mc Ewen- puede sacar urticarias. Pero a pesar de eso, necesita mostrarse activo en la defensa de la economía local. Son los oídos más cercanos a la sensible glándula empresaria sanjuanina, que a veces salta con razón cuando advierte el empome, a veces sólo porque a alguno de los peces gordos del grupo se le trabó la tickeadora. Eternas delicias locales.

Se busca fórmula intermedia que contente a todos, especie compleja para atrapar. Que regule (perdón por el término), pero no ponga cupos. Que ordene, pero no condicione ni imponga salvavidas de plomo. Que escriba el nuevo diccionario: ¿Qué deberá entenderse por mano de obra local?, ¿la mendocina también será local, ahora que Cuyo somos todos?

También, que le ponga un coto razonable a aquellas esquirlas vivas del modelo Veladero Vintage 2010. Si es que resulta imposible anularla del todo. Al menos, para que el kilo de lechuga presupuestada por proveedores sanjuaninísimos no termine superando en valor a una hidropónica cultivada en Houston. Eso ya pasó, y aún se recuerda.

Bajo ese pasado pecaminoso y un futuro promisorio es que crecerá una pulseada previsible. La de los grandes capitales esquivando condicionamientos legales que los devuelvan a aquellos sótanos –que en aquellos años Veladero aceptó gustoso-, y el empresariado local haciéndose los rulos sobre un escenario que ya no es sólo una expresión de deseos sino que empezó a moverse. En el medio, el gobierno provincial tampoco cree en regulaciones, pero sabe bien que algo deberá hacer. El secreto será encontrar el punto.

Del otro lado del barranco asoma una postal que goza de buena salud. La del amigo y colega que montó un tanque de agua en su camioneta y se pasea con sus letras amarillas en ineludible advertencia: el agua vale más que el oro.

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