Por Joaquín Fernández
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEEl precio de la nafta volvió al centro del debate económico. Aunque Argentina ya no muestra grandes diferencias con la región cuando se mide en dólares, la carga impositiva, el deterioro del poder adquisitivo y el impacto del petróleo internacional mantienen abierta la discusión sobre cuál debe ser la política energética del país.
Por Joaquín Fernández
Los recientes aumentos del precio internacional del petróleo, impulsados por la escalada del conflicto en Medio Oriente que involucra a Irán, volvieron a poner en primer plano el debate sobre el precio del combustible. Cada vez que el barril sube en el mercado global, surge la misma pregunta: cuánto puede impactar en el surtidor argentino.
Sin embargo, cabe preguntarse si las tensiones geopolíticas o las fluctuaciones del precio internacional del crudo explican realmente los grandes movimientos que viene registrando el mercado de combustibles en Argentina desde hace años. La respuesta, en gran medida, es que no.
El precio del combustible ocupa un lugar central en la economía argentina. En un país donde la logística depende casi por completo del transporte por camión, el valor del litro de nafta o gasoil impacta directamente en el costo de los alimentos, la industria y el comercio. Cada variación en el precio se traslada rápidamente al costo de vida y a la competitividad de la producción nacional.
Durante décadas, el precio de la nafta en Argentina estuvo atravesado por decisiones políticas. Subsidios, controles de precios, atrasos tarifarios e impuestos que fueron configurando un sistema complejo en el que el valor del combustible no siempre reflejó los costos reales de producción ni el precio internacional del petróleo.
Desde hace varios años el precio de la nafta viene registrando un ritmo de aumentorápido y constante. En enero de 2018, el litro de nafta súper costaba $23,57; para el cierre de 2025, esa cifra alcanzó los $1.564, lo que representa un incremento del 6.535%. Este fenómeno afectó con mayor fuerza al gasoil, que registró un alza del 7.452% en el mismo período, superando incluso el ritmo de devaluación del dólar oficial, que subió un 7.525% en ese lapso.
Esto nos lleva a preguntarnos:
¿Qué pasó con la nafta en el gobierno de Javier Milei?
Cuando asumió la presidencia, Javier Milei heredó un sistema de precios energéticos fuertemente intervenido. Durante años, el Estado había sostenido un modelo de combustibles con precios relativamente atrasados en términos internacionales, utilizando subsidios y regulaciones para contener el impacto en la inflación. Este esquema buscaba proteger el poder adquisitivo en el corto plazo, pero generaba efectos acumulativos: desincentivos a la inversión, distorsiones en el mercado energético y un creciente costo fiscal. El resultado fue lo que muchos economistas denominan “inflación reprimida”: precios que no suben en el momento, pero que acumulan presión para hacerlo más adelante.
Esa presión terminó manifestándose también en problemas de abastecimiento, como ocurrió entre fines de octubre y los primeros días de noviembre de 2023, durante los últimos meses del gobierno de Alberto Fernández y con Sergio Massa como ministro de Economía.
En ese contexto, una de las primeras decisiones del nuevo gobierno fue avanzar en u proceso de “sinceramiento” de precios. Esto implicó permitir que el valor del combustible se acerque más al costo real de producción y a las referencias internacionales del petróleo.
Este fenómeno no fue exclusivo del combustible. La corrección de precios relativos también se observó en tarifas de energía, transporte y otros servicios que habían permanecido artificialmente bajos durante años.
Sin embargo, el debate sobre el precio de la nafta en Argentina no puede analizarse únicamente en términos nominales. Un factor central es el poder adquisitivo. En muchos países de la región el combustible puede ser igual o incluso más caro en dólares. La diferencia radica en los ingresos de la población. Cuando los salarios son más altos, el impacto del precio del combustible sobre el presupuesto familiar es menor.
En Argentina, en cambio, el problema es que el poder adquisitivo se ha deteriorado durante años de alta inflación y estancamiento económico. Por eso, incluso cuando el precio del combustible no es extraordinariamente alto en términos internacionales, puede percibirse como caro para el consumidor local.
Si se analiza el precio del litro de combustible en dólares, Argentina se ubica en una posición intermedia dentro de América Latina. Países como Uruguay o Chile suelen tener precios más altos, mientras que otros, como Paraguay o Ecuador, presentan valores más bajos. En términos generales, Argentina no se encuentra entre los combustibles más caros del continente, pero tampoco entre los más baratos.
Este dato permite matizar parte del debate público. El precio del combustible en el país puede ser ligeramente superior al de algunos vecinos, pero no constituye una anomalía} extrema dentro del contexto regional.
El precio que se paga en el surtidor se forma a partir de varios componentes. Uno de los principales es el costo de la materia prima: el petróleo crudo. Durante muchos años Argentina enfrentó un problema estructural en este punto, ya que la producción local no alcanzaba para cubrir la demanda interna y el país debía importar energía.
Esta situación comenzó a revertirse recientemente con el desarrollo de Vaca Muerta, uno de los yacimientos de hidrocarburos no convencionales más importantes del mundo. Gracias al crecimiento de su producción, Argentina pasó de ser importador neto de energía a registrar nuevamente superávit en su balanza energética.
Este cambio representa uno de los desarrollos más significativos del sector en los últimos años y ha permitido aumentar las exportaciones de petróleo y gas. Para el gobierno actual, la expansión de Vaca Muerta constituye uno de los pilares estratégicos para mejorar las cuentas externas del país.
Sin embargo, el precio del combustible también está influido por factores globales. El valor internacional del barril de petróleo, por ejemplo, puede variar por tensiones
geopolíticas o conflictos en regiones clave de producción. Eventos como conflictos en Medio Oriente o los riesgos en el estrecho de Ormuz —por donde se calcula que puede pasar hasta el 40% del petróleo transportado por vía marítima en el mundo— suelen impactar en el precio internacional del crudo. Cuando el barril sube en el mercado global, ese aumento tiende a trasladarse gradualmente a los precios locales.
Además del costo del petróleo y la refinación, un componente importante del precio del combustible en Argentina son los impuestos. Entre los principales se encuentran el IVA, el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el impuesto al dióxido de carbono, además de cargas provinciales como Ingresos Brutos y algunas tasas municipales.
En conjunto, estos tributos pueden representar alrededor de un tercio del precio final del litro de combustible. Esto significa que una parte significativa de lo que paga el consumidor en el surtidor corresponde a carga fiscal.Que existe un problema es difícil de negar. Aun cuando el precio del combustible en dólares no se encuentra demasiado alejado del promedio regional, el deterioro del poder adquisitivo hace que llenar el tanque sea una carga considerable para muchos argentinos. La cuestión entonces ya no es sólo cuánto cuesta la nafta, sino qué política económica se adopta para abordar el problema.
La alternativa que propone el oficialismo es avanzar hacia una reducción de impuestos sobre los combustibles, acompañada por un recorte equivalente del gasto público. La lógica detrás de este enfoque es que una menor carga fiscal permitiría bajar el precio final al consumidor y, al mismo tiempo, generar condiciones más atractivas para la inversión privada en el sector hidrocarburífero. En esta visión, el aumento de la producción y la competencia terminarían ampliando la oferta y moderando los precios en el largo plazo. Solo el tiempo dirá si las políticas del presidente darán el resultado esperado.
video