Fue una secuencia de ocho días. El jueves 4 de junio el obispo Jorge Lozano escuchó en privado a la cúpula del Sindicato Médico. Los gremialistas fueron recibidos por el gobernador Sergio Uñac el jueves 11. En la jornada siguiente la ministra de Hacienda, Marisa López, anunció el pago de un bono a todos los agentes de Salud y de Seguridad que quedaron afuera del plus nacional.
Luego del pico de tensión que detonó la aparición del cuarto caso positivo de Covid-19, las circunstancias en que se produjo ese contagio, el vuelo sanitario del tercer caso, la denuncia penal y las sanciones precipitadas sobre los jefes de servicios del Hospital Rawson, más los bocinazos de los médicos, hubo un notorio esmero de parte del gobierno por bajar los decibeles de la confrontación.
Pudo percibirse en las declaraciones del secretario administrativo del Ministerio de Salud, Guillermo Benelbaz, en Paren las Rotativas el martes 2 de junio, cuando reconoció que hubo y hay muchas cuestiones por mejorar en la gestión sanitaria. Asumió públicamente errores, como ofrenda de paz con el amplio espectro que abarca desde los médicos hasta el resto de los profesionales y auxiliares hoy esenciales en tiempos de pandemia.
Sin embargo, una mediación de la que poco se dijo en estos días pudo haber ayudado al mayor acercamiento de las partes. Ocurrió en el Arzobispado de San Juan, por expresa invitación del obispo Lozano al Sindicato Médico. Acudió el secretario general, Daniel Sanna, acompañado por un especialista del Hospital Marcial Quiroga. El encuentro, el jueves 4 de junio, fue revelado por la propia institución gremial el mismo día a las 19.24 en su cuenta oficial de Facebook, con un texto escueto y formal:
“Se informa que recién termina la entrevista con el arzobispo de la provincia. Durante una hora se nos escuchó. El relato giró alrededor de todos los temas de agenda (realidad sanitaria actual). Lo importante es que fuimos escuchados. Desde ya muy agradecidos por habernos recibido”.
En realidad, esa tarde fue muy intensa en la residencia eclesiástica. Antes de los médicos, estuvieron los inquilinos, movilizados por el impacto de la crisis en sus contratos. Una fuente vinculada al obispado reveló que había mucha expectativa acerca del temperamento que tendría el encuentro con los profesionales de la salud. Se llevaron una agradable sorpresa. Tanto Sanna como su colega fueron muy cautos y respetuosos.
La charla se tornó “muy amena”, de acuerdo a la descripción posterior. Como declaró el propio sindicato, la fuente católica coincidió en que no hubo ningún pedido extraño fuera de la agenda. En realidad se trataron dos grandes ejes. El primero fue la situación sanitaria general de la provincia y sus dificultades acumuladas a lo largo del tiempo. De acuerdo a lo informado, los médicos fueron “bastante contemplativos” con el gobernador.
Es decir, reconocieron que hay una situación estructural que precede a su gestión y por lo tanto, no lo culparon. Por el contrario, reconocieron su vocación de diálogo “a pesar de la nula disposición de funcionarios de Salud”. La queja por las segundas y terceras líneas fue la constante en la tertulia.
El segundo eje abordado fue específicamente el Covid-19. Manifestaron su molestia por cómo había sido tratado el personal aquella semana en que estalló el escandaloso cuarto caso, por contacto estrecho entre hermanos. Según trascendió, le hicieron algunas confidencias al obispo respecto de la doctora que aún se encuentra internada, aunque el secreto se mantuvo a resguardo. Lozano tomó nota de todo.
Por otro lado, hubo un momento con tono de autocrítica. Por ejemplo, se habló de la dedicación insuficiente de algunos profesionales en centros de salud periféricos y cómo la defensa corporativa muchas veces contribuye a disimular esas conductas. Esta confusión termina siendo injusta con quienes cumplen a rajatabla con su deber.
Hubo preguntas y también respuestas de uno y de otro lado, en ese encuentro reservado. Pese al temor inicial por una esperable tirantez, el diálogo fluyó en un clima muy amigable. Sanna y su colega dejaron una sensación de “sensatez” en la Iglesia.
Se supo entonces que, antes del encuentro con Lozano, habían sido recibidos por el gobernador. Esa reunión, cuya fecha no fue revelada, se mantuvo en secreto. Pero ayudó claramente a mantener el canal de diálogo abierto con Uñac, más allá de las diferencias con la conducción ministerial de Alejandra Venerando.
El Arzobispado está involucrándose con diferentes frentes de conflicto social. Además de los médicos e inquilinos, también el Polo Obrero pasó por la residencia de calle Mitre. El planteo es sencillo: si aparecen incendiarios, pierde el conjunto de la sociedad. Con este ánimo se abrió la convocatoria. Sin embargo, hay una regla prioritaria para habilitar el intercambio y es no admitir jugadas oportunistas.
“No es un diálogo ingenuo. No es el diálogo por el diálogo. Es el diálogo con resultados, con transparencia, con cambio de actitudes”, graficó la fuente. Esto implica darle un marco institucional a los reclamos para encontrar soluciones.
Pasó el fin de semana y el lunes 8 de junio, con membrete del Gobierno de San Juan y firma de la ministra Venerando, el Sindicato Médico recibió la convocatoria al encuentro con Uñac, para el jueves a las 18.30. En rigor de verdad, la nota estuvo dirigida a la presidenta de la Asociación Sanjuanina de Infectología, Beatriz Salanitro, para incluir a la institución en el Comité de Expertos del Centro de Operaciones de Emergencia.
Pero en la misiva también se propuso la incorporación del Sindicato Médico y de la Asociación de Profesionales de la Salud (Asprosa) al mismo cuerpo de asesoramiento en la pandemia. Ese había sido uno de los pedidos que Sanna le dio a conocer a monseñor Lozano apenas una semana antes. Así el jueves se conformó una mesa grande, con Uñac sentado en la cabecera, flanqueado por Venerando y el vicegobernador Roberto Gattoni. La cumbre se difundió por los medios oficiales con foto de cada uno de los protagonistas gremiales.
De todas maneras, el convite no fue aceptado de inmediato. La conducción de Sanna reclamó la conformación de un ámbito a nivel ministerial para tratar las cuestiones laborales, más allá de su incorporación al Comité de Expertos. Entre los cabos sueltos figuraba el tema salarial, tanto la suspensión de los aumentos acordados en paritarias como el plus nacional para el personal afectado a la pandemia, que excluyó a la mayoría de los trabajadores sanitaristas.
Al día siguiente, la ministra de Hacienda cerró la semana con el anuncio de un bono extraordinario para todos los agentes de la Salud y de la Seguridad que quedaron excluidos del plus que giró Nación, equivalente a 10.000 pesos en dos cuotas iguales, a pagar en julio y agosto, enteramente con recursos provinciales. La noticia se ajustó con exactitud al pedido gremial.
Según el Sindicato Médico, el bono nacional se comenzó a depositar el jueves y solo incluía al 20 por ciento de los trabajadores del sector. Con la confirmación de un monto equivalente para los que quedaban pendientes, al menos ese flanco debió cerrarse. Incluso el criterio en San Juan fue más abarcativo porque incluyó a policías, penitenciarios, personal de la Dirección de Protección Civil y de CISEM.