Por Daniel Tejada
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Canal 13 San Juan
Fue el miércoles 11 de julio pasado, en la sede partidaria de Producción y Trabajo en calle Laprida. Ante dirigentes de toda la provincia, el senador Roberto Basualdo encabezó la convocatoria para hablar específicamente del año electoral que parece cada vez más cerca, sobre todo por el posible adelantamiento del calendario en San Juan. Contra la expectativa de muchos, no hubo anuncio de candidatura a gobernador. Ni un guiño siquiera. Pero sí hubo una advertencia preparatoria de esa definición.
Basualdo pidió a los que desde ya aspiran a una candidatura a concejal o a intendente, que empiecen a trabajar en un plan de gobierno y que salgan a militar en el terreno para ganarse los votos por propio mérito. Y así puedan apoyar piramidalmente, desde abajo hacia arriba, a quien encabece la lista como aspirante a gobernador. En otras palabras, que no se sienten a esperar el arrastre.
El senador también dejó en claro otras dos consignas: que no habrá “dedo para nadie” y que, aunque la del miércoles fue una reunión estrictamente basualdista, se ha tomado la decisión de ir por “un gran frente”. Reeditar Cambiemos versión 2017, se podría interpretar. La relación con el PRO goza de buena salud, al igual que con el resto de los partidos que integran el espacio, como la Unión Cívica Radical, Dignidad Ciudadana e incluso Cruzada Renovadora, más allá del impasse que pusieron los hermanos Avelín una vez pasadas las legislativas.
Valga la obvia aclaración: aquello del “dedo” alude específicamente al señalamiento de candidaturas en cada municipio. Irán los que estén mejor posicionados, no los más antiguos o más cercanos. Con esta hoja de ruta definida, Basualdo les dio la bandera de largada tácita. Llegó el momento de salir a trabajar electoralmente, aunque no lo haya puesto en estos términos. No era necesario, ante un auditorio de buenos entendedores.
El senador les planteó que cambien el enfoque. Antes de decir “quiero ser concejal”, responder “para qué quiero ser concejal”. Habló nuevamente del último eslabón de la boleta, en el mismo sentido de construir de abajo hacia arriba. “Preparemos un plan de gobierno antes que los candidatos”, insistió Basualdo, e inmediatamente salir a buscar el contacto con la gente. En esta línea argumental, el armador tiró la sentencia más gravitante
de la noche: “Que los concejales e intendentes apoyen al candidato a gobernador, no que el candidato arrastre al resto”.
Fue una consigna consecuente con el trabajo que venían haciendo los diputados basualdistas, de recorrida por el interior de la provincia, como publicó Tiempo de San Juan el domingo 8 de julio pasado, bajo el título: “El basualdismo mide el agua antes del piletazo”. En esta tarea de operación política, los legisladores salieron a relevar quiénes son los dirigentes en cada municipio dispuestos a acompañar en esta oportunidad y cuánto representan en términos de estructura.
Al unir los capítulos de esta precampaña, es posible advertir cierto empeño en allanarle el camino a quien finalmente asome como candidato a gobernador. Que el elegido sea presentado cuando la maquinaria ya esté aceitada y funcionando. Y que los dirigentes departamentales no se sienten a esperar el nombre para recién salir a militar.
Como les pasa a los diputados que recorren la provincia, le pasó a Basualdo también: el pueblo quiere saber de qué se trata. No es solamente una intriga del círculo rojo o de la prensa. La pregunta sigue boyando sin respuesta: ¿será Marcelo Orrego el candidato a gobernador del Frente Cambiemos? ¿Querrá medirse con Sergio Uñac en su pico de popularidad o preferiría esperar otros cuatro años?
Una alta fuente del espacio que conoce mucho al intendente santaluceño contestó en estricto off the record: “Marcelo está mirando, está viendo. Hoy su mejor campaña es la gestión. No hace falta que él salga a caminar. Haciendo una buena gestión se potencia”. Las interpretaciones pueden ser varias. Sin forzar las palabras, queda claro que es una decisión todavía no tomada, pero tampoco descartada. Es algo que efectivamente puede ocurrir.
Entonces cobra mayor sentido la arenga a esperar al candidato a gobernador con la estructura en movimiento, con apoyo desde los departamentos. El otro respaldo, el nacional, quedó expuesto cuando los medios porteños ventilaron la bendición de la Casa Rosada a Orrego para ir por la gobernación de San Juan en 2019. Hubo foto y alboroto. Después aquí intentaron bajarle el tono. Dijeron que todo había sido un error de interpretación, que en realidad hablaron de cuestiones vinculadas a la gestión.
Maquillaje aparte, el respaldo del macrismo nacional para Orrego no tuvo disimulo. La relación política de la Casa Rosada con Basualdo es buena. El sanjuanino no se apartó en ningún momento de las votaciones que necesitaba el PRO, renovando sesión a sesión su calidad de aliado. En la intimidad, admite que tiene diálogo frecuente con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el hombre más influyente del entorno presidencial.
Esta identificación con el gobierno nacional presenta una doble lectura. Por un lado, la ventaja que siempre representó en San Juan ofrecer línea directa con la Casa Rosada, desde Don Leopoldo Bravo en adelante. Por el otro, la alicaída imagen de Mauricio Macri en todo el país y especialmente en San Juan, donde el voto nunca le resultó fácil. En 2015 quedó segundo detrás de Daniel Scioli. En 2017 sus candidatos también terminaron 30 puntos debajo de los de Uñac.
Salir a caminar los barrios puede ser una tarea ingrata para los militantes basualdistas, que de manera inocultable forman parte del proyecto de Cambiemos. El desafío es y será, convencer a la gente de que el mal trago pasará y que los resultados se empezarán a ver en algún momento. Que necesitan un renovado voto de confianza, si no fuera mucho pedir.
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