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Hay algunas ideas que andan sueltas en el laboratorio macrista sanjuanino para potenciar al equipo. Que ya tiene pintados en las puertas los nombres de los pilotos, pero demandará seguro un retoque en el motor para potenciarlo.
Una de ellas es reeditar la fórmula 2013, exitosa en tanto que consiguió llamar la atención y hasta logró rebasar por separado en cantidad de votos a los conseguidos por la fórmula única del oficialismo de entonces mediante una fórmula de sumas aritméticas.
Hace falta para eso algún voluntario que garantice un debate atractivo puertas adentro de la agrupación, pero también asegure que no pondrá en riesgo el triunfo del tándem dominante en el oficialismo nacional con base en San Juan. Expresado en las personas de Roberto Basualdo y Eduardo Cáceres, quienes arribaron por distintas vías a las playas macristas, ya supieron confrontar por separado, tuvieron sus riñas por el predominio y hoy –que debutarán formando tándem oficial- atraviesan por un momento de absoluta armonía personal y política. Los dos van por su reelección, nueva coincidencia.
Nada mejor para esa función que el radicalismo orgánico, habituados ya a su rol de agitar banderas de un partido al que aún le queda ese resguardo, pero ya jugando un desempeño de reparto. En San Juan puede armarse con comodidad un eje radical para lidiarle espacio al tándem Basualdo-Cáceres, y conformarse con la prestación de lanzadora: empujar a la fórmula que triunfará seguro incluso antes de conformarse el "duelo”.
No puede ser convocado para eso Rodolfo Colombo, un dirigente con partido propio y funciones ejecutivas en el macrismo, incorporado al equipo oficial por la vía del Basualdismo y con acuerdo de Cáceres. El riesgo es que el hombre de la Anses local termine imponiéndose, como ya lo hizo cuando enfrentó a Cáceres hace un año y medio compitiendo por separado en la Capital.
Pero ojo que esa carta de Colombo como hipotético postulante no deberá ser del todo descartada en estos aprontes. Dependerá de las evoluciones del par de meses que quedan por delante antes de la conformación de las listas, de los mandatos de "arriba”, de factores externos e internos.
Todos los porotos los tiene Eduardo Cáceres para el casillero de diputados, hombre fuerte del macrismo en el plano local y de fuerte apoyatura en la Capital. Aunque su padrino, el jefe de Diputados Emilio Monzó, quedó atrapado bajo fuego cruzado de sus pares en el escándalo del Correo y está por verse si sigue al frente de los tejidos políticos en el interior del país como hasta ahora.
Hay amenazas también en el frente interno. Como el desprendimiento amarillo que recaló en Radio Colón, con Hugo Ramírez al frente. Ramírez es amigo personal de Macri y jefe de prestaciones en el Pami nacional, no se cansa de proclamar tempestades hacia territorio de Cáceres, y han hecho cabecera de playa en un medio de tradición y prestigio con la idea de hacer más visibles sus pedradas. Dicen contar con respaldo del gobierno nacional (en recursos, lógico) opuestos a Monzó con referencia en Marcos Peña. Si así fuera, abriría una sangría delicada con un drenaje difícil de frenar.
Del lado de Basualdo también hay una calma moderada. Tienen todo en caja para disparar el operativo de reelección como escuderos de Macri, territorio político al que el senador arribó por absoluta convicción y al que defiende aún en sus movidas más delicadas. Pero también tienen todo listo para desactivar el plan y replantear la operación si hay algo que no les gusta.
¿Qué pasaría si Roberto decide no presentarse, y en cambio darle un empujón a alguno de los suyos? Razonablemente, cambiaría por completo el escenario. ¿Es eso posible? Probable no, imposible is nothing como reza el comercial y se aplica más que nada en política.
Depende de los vientos internos, de la armonía de ese tránsito que hoy está bien lubricada, de lo que haya enfrente especialmente. ¿Y qué pasaría si, en lugar de Basualdo, el que salta a la cancha es Marcelo Orrego? Patearía literalmente el tablero con la irrupción de uno de los más miden en todo el territorio. Absolutamente improbable, nuevamente imposible is nothing.
Justamente en territorio de lo que hay enfrente aparece una incertidumbre que ya empieza a ser despejada. El eje macrista en San Juan no tendrá sólo un rival de fuste sino aparentemente dos. Ya no estará enfrente solamente del oficialismo local, terreno en el que se cuecen sus propios dilemas, sino también todo el espectro ibarrista que resisitió la mudanza del basualdismo a tierra de Macri.
No tiene postulante firme, hay pistas apenas. No se resuelve el propio Ibarra si saldrá a la cancha a disputarle energías en el mismo casillero de su último compañero de rutas con el que trabó una fuerte relación, Roberto basualdo. Pero hoy las cosas sin distintas.
Lo que habrá que ver es para qué lado se mueve esa hipotética aspiradora. Si se queda con los votos de una parte del oficialismo nacional desencantado con la gestión de Macri, o si merma el caudal peronista que hoy funciona como oposición nacional, como hoy postulan los tanques de ideas macristas respecto de la posición intermedia de Sergio Massa. A quien no dejan de señalarle pertenencia peronista para sacarlo de la cancha en su intento de polarización con el kircherismo.
En suma, si la elección se nacionalizará o si será presa de debates regionales o provinciales. Un apartado en el que aparecen vigentes dos bibliotecas con sus argumentos y sus intereses. Que tiene un análisis amplio y apetecible para una columna completa. Pero que muestra ya algunas pistas.
Sin rodeos, suena difícil que a los portadores de la camiseta amarilla les vaya bien en las urnas si no le va bien en general al jefe del equipo, el propio presidente Macri. Entendiéndose por irle bien a que el clima de negocios resurja, que el medioambiente de despidos se disipe, que el olor a calle empedrada para todo el que la camina pueda remontar. Aunque sea a nivel virtual: si no lo hace de manera efectiva, que resulte capaz de inocular optimismo por alguna vía.
Con lo cual resulta inevitable que los acontecimientos de nivel nacional terminen influyendo de manera notoria en el escrutinio del día del comicio, para el cual todavía hay tiempo para que la cosa se encamine definitivamente, o que desmejore sin remedio.
Esa suerte, la del gobierno nacional, será imposible que no aparezca en las mesas de discusión y por lo tanto tenga resolución en las urnas. En las de San Juan y en las de todo el país, luego influidas también –y lógicamente- por los dilemas de pago chico.
Esa moneda en el aire, habrá que entenderlo antes, también definirá éxitos repentinos o fracasos difíciles de amortiguar.
